¿Pero qué panda de sociedad de gilipollas hemos creado? Por Rodolfo Arévalo

Pero qué panda de sociedad de gilipollas hemos creado. Ilustración de Tano
Pero qué panda de sociedad de gilipollas hemos creado. Ilustración de Tano

«Me cabrea el hecho de que alguien piense que si te quieres suicidar tengas que hacerlo con medicación y no saltando desde el quinto. ¿Pero que panda de sociedad de gilipollas hemos creado?»

Los políticos Españoles, a fuerza de ser unos irresponsables, han querido igualar en este tema al borreguil pueblo de la piel de toro. Hace unos años cualquiera iba a una farmacia, pedía sus medicinas, las pagaba y punto pelota. Lo que hiciera después con ellas era de su exclusiva responsabilidad. Se consideraba que el personal era lo suficientemente adulto, serio y preparado como para tomar lo que el médico le había recetado y no se le ocurría pedir medicamentos para experimentar o para suicidarse.

Es verdad que el aumento de los toxicómanos tenía que venir a fastidiar la paz de todos, al igual que los terroristas han conseguido que tomar un avión sea para individuos templados a los que no les importe que les revisen hasta el fondo del refajo, si hiciera falta, para evitar que algún fanático musulmán, mande al paraíso a todos los pasajeros, por la gracia de Allah, que menuda gracia tiene. Me cago en los muertos del sicario religioso. Si eres una persona normal, educada y paciente, puede que te de igual tener que llegar dos horas antes al aeropuerto a morirte de asco, y gastarte una pasta en el bar, porque en algún lugar hay que morirse de asco en esta sociedad tan asquerosamente correcta que vivimos.

Perdón que se me olvida la política corrección de lelos, lelas y leles. Este asunto es grave, porque pone en peligro muchas vidas, incluso a las propias compañías aéreas y a los estados. Pero es otro tema. Sin embargo en el tema farmacéutico no es de recibo que este tipo de neurastenias sean llevadas al extremo por lo que yo denomino “bellotaris” porque deben comer bellotas y no quieran aceptar su responsabilidad.

Al parecer todo profesional ha hecho renuncia de su responsabilidad y criterio propio de evaluación del sujeto que tiene delante, ante el orden social establecido… Algunos profesionales de farmacia han perdido toda su autonomía en pro de no perjudicar su juicio propio y responsabilidad. Hoy en día a la farmacia hay que llegar con las recetas o la tarjeta de la seguridad social, rubricada, legalizada y al parecer pasada por notario y con tres firmas. Y si eso pudiera ser poco, tu declaración jurada de que padeces la enfermedad que te han diagnosticado.

Esto viene a cuento porque, hace años, un psiquiatra me recetó el medicamento llamado Sertralina, ad infinitum, porque padezco de TOC o sea síndrome obsesivo compulsivo, que aparte asuntos menores como poner en orden las cosas una y otra vez cuando están en un orden que no me parece el adecuado, previene que por las noches tenga de vez en cuando ataques de angustia que por la obsesión no puedo quitarme de la cabeza, como por ejemplo el hecho de querer huir, salir de mi mismo incluso, para poder recuperar la calma.

Con el tiempo he aprendido a controlarlo, volver a un estado no alterado y volver a conciliar el sueño. Pero hay ocasiones en que el desasosiego es tal que necesito ayuda de medicamento, que desde luego solo tomo si esto me pasa. La pauta es tomar cien miligramos al día, pero incluso así procuro no abusar y tomo la mitad de lo recetado, para poder tomar el resto si se produce uno de esos famosos ataques. Esto no ocurre a menudo, pero se puede dar. Hay temporadas en las que me encuentro tan bien que hasta olvido tomar la medicación y hay temporadas en las que sé que indefectiblemente caeré en algún episodio de angustia nocturna. Aunque esto no sea una obligación que me obligue a tomar la Sertralina a priori.

A veces duermo toda la noche como un lirón. Y solo de vez en cuando he de recurrir a tomar una pastilla para calmarme, de mi angustia, ya sea frente a la televisión o escuchando la radio. Leer en esta situación es absolutamente imposible, no tienes la concentración suficiente. Pero en definitiva, lo que ocurre, es que como los Españolitos somos unos irresponsables, y a fe mía que la mitad de los votantes lo son, debemos hacernos con la receta del medicamento mes tras mes, como si fuéramos robots y nuestra misión fuera perder el tiempo todos los meses acudiendo al médico para que nos pase la recetas o las renueve, bajo pena de no tener tu medicamento. Pero a la pregunta de ¿y si esta noche en un ataque de angustia que no puedo controlar me tiro por la ventana, porque todavía el médico no me ha renovado la medicación por la causa que sea, quién será el responsable? ¿El farmacéutico?

Lo dudo, tras ese suicidio, tus familiares podrán reclamar al maestro armero, pero desde luego no a los irresponsables que gestionan las normas sobre las que debe funcionar una farmacia que va en tacataca y con pañales. Es una pena pero es la triste realidad, y luego nos quejamos de que nos dirija una panda de indocumentados, analfabetos y creídos legisladores de pacotilla. Responsabilidad señores, y aceptación de lo que diga usted a los demás, acerca de sus realidades, la gente que sabe argumentar por qué toma un medicamento determinado, aunque no porte la receta del médico, debe ser creída porque no todos somos delincuentes o irresponsables.

Y todo esto ocurre por la infantilización global de la sociedad que nos rodea. Los políticos Españoles, a fuerza de ser unos irresponsables, han querido igualar en ese tema al borreguil pueblo de la piel de toro. Hace unos años cualquiera iba a una farmacia, pedía sus medicinas, las pagaba y punto pelota. Puedo entenderlo cuando el que pide la medicina solo sabe que es una caja azul, con lunares verdes y esa es toda su referencia y capacidad intelectual, pero no cuando el que pide la medicina, sabe como se llama, para que sirve y es lo suficientemente adulto como para saber como tomarla. Porque por esa regla de tres la responsabilidad del farmacéutico, cualquiera de ellos, sería responsable de que un cliente se suicide con cualquier medicación. Porque atiborrarte con cualquier medicación aún recetada puede mandarte al otro barrio. Me cabrea que nos tengan por imbéciles. Pero me cabrea más el hecho de que alguien piense que si te quieres quitar de en medio tengas que hacerlo con medicación y no saltando desde el quinto piso. ¿Pero qué panda de sociedad de gilipollas hemos creado?

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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