Intuimos quien prendió la mecha, pero muy pocos saben cómo apagarla del todo. Por Rodolfo Arévalo

Intuimos quien prendió la mecha, pero muy pocos saben cómo apagarla del todo.
Intuimos quien prendió la mecha, pero muy pocos saben cómo apagarla del todo.

“Siempre se puede saber quién prendió la mecha, pero muy pocos saben cómo apagarla del todo una vez encendida como una reguero de pólvora”

Lo de Afganistán, suena a cosa conocida. Ya pasó en Irán hace muchos años, cuando los occidentales tuvieron que salir con el rabo entre las piernas. Al Cid Campeador debieran habérselas puesto así de ñoñas. Todos sabemos que los cerriles mentales, todavía muy apegados al sudor de la tierra, y al trabajo duro hecho por sus mujeres, mientras ellos pasean en burro o sestean en animada charla, de no sabemos qué, alrededor de sus tazas de té hirviendo, pastelitos de miel y otras delicias sin dar palo al agua, solo están al parecer para disfrutar de la vida por la gracia de Allah.

Muchos de ellos esperan contentos poder desvirgar esa noche a un niña pequeña de las capturadas al enemigo, apalear a sus otras mujeres cuando estas ¡oh pecadoras! ponen en evidencia su determinación sexual, y osan hablar, puesto que son seres inferiores a ellos.

Estos desvergonzados tipos son, por supuesto, mentes fosilizadas psíquica y culturalmente, desde el siglo VI en el que un visionario llamado Mahoma hizo una revelación “divina”. Desde luego divina para los hombres. Desde entonces siguen tratando de imponer, siempre por la fuerza, y con castigos más propios de mazmorras medievales, que de tribunales de justicia modernos, las infames reglas morales y civiles del Corán, libro que como el antiguo testamento Cristiano está basado en el terror, la guerra y en la conquista y eliminación total del enemigo.

El Cristianismo evolucionó con los tiempos y la primera medida que lo hizo posible, es que siendo la religión un tema íntimo y personal, que no afecta a la forma de gobierno, a nadie se le obliga a creer en él. El Islam no convence a nadie, salvo a los que han de acatarlo por miedo y por lavado de cerebro al que son sometidos desde la más tierna infancia, con un aprendizaje, de memoria, por repetición con movimiento casi espasmódico de vaivén, mientras se repiten, sentados en el suelo de las Madrasas, las Suras del Corán una tras otra. El que no acabe grillado es que es un ser de otro mundo. Este es básicamente el único estudio en los grupos menos evolucionados intelectualmente, como parecen serlo estos “Estudiantes del Corán” o Talibanes.

Esta religión que como todas, debiera haber evolucionado, haber sido reformada con el signo de los tiempos y adecuada a una época en la que realmente es el hombre, y no un ser superior, quien debe ocupar el centro del universo, por lo menos por lo que ahora se puede demostrar con la única herramienta válida que es la ciencia y aún así con reparos, no evolucionó y se ha mantenido petrificada en el pensamiento de estos señores que no están por la labor de abandonar las largas barbas, las cabras, la posibilidad de casarse con niñas de diez años, cometiendo un delito de estupro y perversión de menores.

Y a propósito de este último tema no sé bien si en España se tiene consciencia de que pase o haya pasado y no se haya intervenido por parte de la justicia, sería un asunto de “juzgado de guardia”. Siempre he creído, y lo he mantenido, que el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son, como de las que no son en tanto que no son. Querer, por mucho que se desee, hoy en día que la religión sea una ciencia, una filosofía, una verdad absoluta una forma de gobierno o un dogma de fe, por imposición humana es una absurda idiotez, cuando no una violencia fascista de tomo y lomo.

Por eso yo no puedo evitar hablar de fascismo religioso y político cuando me refiero a la religión musulmana, máxime en un mundo en el que todo, absolutamente todo se puede, contar, pesar y medir y en el que nadie, por el momento, haya podido demostrar científicamente que un ser superior exista, salvo en la mente de algunas personas. No debe la comunidad internacional permitir este genocidio al que se está sometiendo a la población civil, y menos aún en un lugar tan cercano a Europa, porque siempre se puede saber quién prendió la mecha, pero muy pocos saben cómo apagarla del todo y ya se sabe que puede surgir un reguero de pólvora que una vez encendida es imposible apagar.

No sé, desde luego, a qué está jugando el melifluo Biden pero desde luego a nada bueno y el gobierno chino le lleva la delantera. Y los europeos, tan buenos, aquí con el bolo colgando. La electricidad está cara sí, pero no estaría de más usarla para electrocutar a unos cuantos individuos cerriles a ver si así despabilan y se trasladan del siglo VI al Siglo XXI que falta hace ya. Lo de Afganistán, suena a cosa conocida. Todos sabemos que los torpes mentales, todavía muy apegados al sudor de la tierra, y al trabajo duro hecho por sus mujeres, mientras ellos pasean en burro o sestean en animada charla, de no sabemos qué, alrededor de sus tazas de té hirviendo, sin dar palo al agua y apaleándolas cuando estas ¡oh pecadoras! ponen en evidencia su determinación sexual, debería ser además contestado con fuerza desde occidente por las feministas; en este caso disculparíamos la agresividad dado que el enemigo lo es.

También, y es una sugerencia, se podría enviar a luchar por aquellos lares a la cantidad ingente de jovenzuelos que parecen tener en el combate a muerte con otros jóvenes su estima, por lo menos harían algo de provecho, defender occidente.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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