La guerra a los turistas y su sistema español de defensa. Por Francisco Gómez

 

 

La formación en tortuga es un agradable vestigio de la cultura romana

 

“La guerra a los turistas y su sistema español de defensa es una versión editada por Francisco Gómez Valencia sobre un pasaje de “La guerra de los judíos” de Flavio Josefo”

 

Aparecen por todo el litoral la representación de lo que era la auténtica formación en “testudo” o tortuga. Era un orden de batalla utilizado comúnmente por las legiones romanas en combate y muy particularmente en los asedios. Nuestra genuina adaptación actual, es un ejemplo de la herencia y legado recibido de Roma. La primera mención que se conoce de esta táctica es de Polibio en el siglo II a. C.

En la “testudo”, los veraneantes se cubren con sus sombrillas –“scutum romanos”- solapándolos a modo de caparazón, mientras que la primera fila protegen el frente de la formación con las suyas levantándolas hasta el centro de su cara una vez bien clavadas, -generalmente los ancianos y madres resultan los primeros en posicionarse-. Son muy expertos en la batalla y mirando al mar ocupan el espacio hasta la misma orilla. Con gesto desafiante disuaden a los paseantes, protegiendo así la formación por delante. Habitualmente, los miembros de los flancos y los de la última fila -generalmente los más débiles es decir, los hombres o zánganos-, a menudo huyen de la formación sin permiso para ir al chiringuito a reponer fuerzas-, mermando la protección de la capa de sombrillas que cubría el cuadro y puede resultar inconclusa al reducirse su número.

La realidad es nefasta y para eso se suple dicha debilidad estructural con una cobertura de mobiliario móvil playero, es decir, carros, neveras, sillas de playa y tumbonas sin utilizar por los zánganos. Las mesas plegables también aparecen en algunas ocasiones -muy propio en las batallas más cruentas tipo asedios de larga duración, es decir de 07:00am. a largas horas de la tarde- En algún caso se presentan versiones más novedosas importadas de otras tierras lejanas del norte llegándose a utilizar para proteger los flancos, tiendas de campaña, protectores contra el viento o alguna tabla de surf “de las de coña”. En las situaciones más críticas de la batalla y cuando la situación parece irreversible son utilizados como argamasa los cuerpos de aquellos más prescindibles -cuñados en general- ofreciendo en sacrificio sus espaldas sin protección solar.

Si esta táctica es utilizada correctamente, teniendo en cuenta que requiere de un gran entrenamiento y disciplina estando prestos desde el amanecer, es infalible. La prestación en este servicio en primera línea de playa es voluntaria y requiere de los mejores y más veteranos para que sea efectiva. La “testudo” protege de forma excelente frente a proyectiles de cualquier tipo y enemigo ya sea humano, animal o la propia y cruel naturaleza en defensa propia. Los rayos de sol ahora con lo del cambio climático según los medios de comunicación tienen históricamente más mala leche que nunca, Sobrevivir pues a cada día de playa es una odisea para la que han sido bien entrenados, aunque la verdad es que lo peor de formar parte de la élite es enfrentarse a sus miradas odiosas. Las mayorías inventadas formadas por los barbaros vegetarianos y veganos siempre están al acecho así como los periodistas que los azuzan. Reporteros mal equipados y sin vacaciones que llegado el momento del avituallamiento o abastecimiento, utilizan despiadadamente el tema de la distancia de seguridad y el de los residuos para lanzar su ataque a la hora del telediario. Sacar la tortilla de patatas con pimientos fritos, los filetes empanados de pechuga de pollo y en los casos más insolidarios, hasta de ternera, será un logro sino se sufren percances mientras se mantiene la formación sin mascarilla. En el caso español, el momento del reparto de los contaminantes y prohibidos platos de plástico para depositar la ensalada completa y los vasos desechables para la sangría, se convierte en un ejemplo a estudiar en el arte de la guerra. Por todo esto aseguramos que la formación en tortuga permite desplazarse sin miedo a ser alcanzados por arena, latas, balones, pelotas de playa, discos voladores y demás armas arrojadizas en esos momentos tan delicados, por orden del progresismo sectario y del periodismo terrorista.

Destaca también la utilidad de la formación para defenderse del acoso de inmigrantes ilegales que llegan en patera, los traficantes que arriban en lanchas o motoras huyendo de la Guardia Civil y por supuesto de los financiados por el Estado y las Autonomías. Los recurrentes son los más agresivos. Los vendedores ambulantes de copias falsas o robadas la noche anterior en caso de no realizar la venta con éxito, pueden derivar en un conato o intento de robo a modo de tirón de bolsa o robo de cartera, por lo que la formación resulta muy efectiva. Los moros instigan nuestra posición con la excusa de vendar grifa, latas frías, mojitos preparados en sucios portales y esquinas del paseo –donde defecan sin pudor- o baratijas en general importadas de China. La mayoría con la excusa de aspirar a un futuro mejor cobardemente han abandonado en destino a sus familias. A veces hasta los han expulsado como vimos en Ceuta. La “testudo” lo sabe, conoce su cobardía y por eso pueden resultar muy peligrosos para la formación.

Espían de primera mano, se quedan con tu cara, un detalle o simplemente la posición táctica de la formación para después por la tarde al volver a los vehículos aparcados por separado -provocando la dispersión y merma de seguridad- si la mala fortuna le acompaña, podrán aprovechar ese crucial instante en el que por el rencor por la venta fallida y su racismo innato, derive en algún nuevo ataque aislado pero en otro escenario diferente -el duro asfalto-, en forma de somanta de palos, puñaladas traperas o daños en algún vehículo. En este último caso la protección con los palos de las sombrillas a modo de lanzas pueden resultar útil como arma para la defensa personal y del grupo provocando quizás con suerte, la estampida de las bestias.

Así lo atestigua Flavio Josefo al señalar la eficacia de la formación en tortuga allá por el año 66 al sitiar las legiones romanas Jerusalén: 

Se deslizaban las flechas -hoy rayos mortales de sol y miradas de odio sectario al turista multiplicado por cien si es madrileño– sin dañar, y los soldados –veraneantes o simples domingueros- pudieron, sin riesgo, minar la murallase refiere al parking cuidado por el “Sr. gorrilla”, que con el permiso de la autoridad local, extorsiona a la formación obligando a pagar ciertos tributos– y prepararse para pegar fuego a la puerta del Templo –metafóricamente hablamos del chiringuito, con la excusa de pedir mesa para comer a las 16:00h en el caso de los más pudientes, o proceder a combates cuerpo a cuerpo -como auténticos gladiadores- en la barra para lograr echar la primera cerveza de rigor-. Esta última opción desagrada a los altos mandos del grupo –más conocidos como “las contrarias” de los soldados rasos o zánganos prescindibles. -Aun así son conscientes de que antes de preparar la formación, durante el camino, se puede sufrir alguna baja por las emboscadas a las que el grupo es sometido durante el trayecto hasta llegar al posicionamiento final, bien por el acoso de los barbaros o por las deserciones de los zánganos al pasar delante de los diferentes tipos de garitos o trampas. Estas provocan en algunos casos hendiduras de diferente calibre aunque el riesgo de sufrir heridas de extrema gravedad por las clavadas, es una posibilidad asumida y poco entrenada“.

“La guerra a los turistas y su sistema español de defensa” es una versión editada por Francisco Gómez Valencia sobre un pasaje de “La guerra de los judíos” de Fravio Josefo.

“Perdón Flavio, allá donde estés…”

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

Artículos recomendados

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: