Una minoría difunde informaciones poco veraces que son aceptadas por la sociedad. Por Gusarapo

Una minoría difunde informaciones poco veraces que son aceptadas por la sociedad

 

“La realidad no tiene nada que ver con la propaganda que se divulga en contra de este tipo de explotaciones. Una minoría difunde informaciones poco veraces”

Acabo de terminar de leer uno de los muchos artículos sobre cuestiones agrarias y medioambientales que llegan a mis manos a lo largo de la semana. Este artículo en concreto informaba de un proyecto de macrogranja porcina que se pretende construir en un pueblo de Soria. Cuatro mil cerdos de cebo en régimen intensivo. ¡Cuatro mil! ¡Una macrogranja! ¡Qué horror!

En Castilla y León, donde un servidor pasa sus días, el número máximo de plazas permitidas en una explotación porcina de cebo en intensivo es de 8.500.

La normativa es precisa y muy exigente en cuanto a las características y dimensiones de las instalaciones, y principalmente en todo lo relativo al manejo de los animales, su sanidad, y a las dimensiones y características de los terrenos que serán abonados con el estiércol y/o purin obtenidos en la explotación.

De entrada, de macrogranja, nada. Pero nada de nada. La mitad del máximo posible.

Las naves se proyectan de acuerdo a las exigencias normativas y a la facilidad de manejo. Lo normal es construir una nave de mil metros cuadrados, 67×15 m, para mil animales.

Cuatro mil doscientos animales precisan de cuatro naves de mil metros cuadrados. Naves que deben construirse a una distancia mínima de otras explotaciones y de los núcleos de población, como poco, dos mil metros.

En cualquier polígono industrial hay naves de las mismas dimensiones y mayores, no es nada extraordinario. Otro aspecto fundamental y limitante de la viabilidad de la explotación es el agua, para el consumo de los animales y para limpieza de las instalaciones. Al inicio del periodo de engorde, el consumo medio diario es de unos dos litros, y en la fase de cebo es de unos siete litros. Además se tienen en cuenta las pérdidas por desaprovechamiento. Si no hay agua, no hay cerdos.

En cuanto a la superficie de terreno requerida o exigida para el aprovechamiento del purin, deyecciones sólidas y líquidas recogidas en una balsa de almacenamiento de alta estanqueidad y ausencia de filtraciones, ésta viene marcada por las exigencias agroambientales que marcan las autoridades sobre aplicaciones de Nitrógeno, 170 kg por hectárea y año en regadío, y 80 kg por hectárea y año en secano.

En el caso de no disponer de la superficie requerida, hay que contratar a una empresa que gestione los residuos y purines. En Castilla y León se considera que los purines obtenidos en el conjunto de las explotaciones, servirían para abonar únicamente el veinte por ciento de la superficie total cultivada.

Una buena opción para rentabilizar el purin y además minimizar los posibles problemas derivados de su uso, sería instalar en las propias explotaciones, microplantas de biogás, lo que permitiría generar energía eléctrica y producir compost de gran calidad.

Aproximadamente el sesenta por ciento de las explotaciones porcinas de cebo se engloban en el sistema denominado de Integración Vertical. Este sistema establece una relación contractual entre dos personas, integrado e integrador. El integrado aporta las instalaciones, el agua y el personal. El integrador, generalmente una fábrica de piensos, aporta los animales, suministra alimento, medicamentos, servicios veterinarios y asesoramiento.

El integrador marca un precio por kilogramo de carne producido y una penalización en caso de no alcanzar los objetivos.

El integrador recibe una cantidad fija más incentivos o menos penalizaciones, sin tener en cuenta las variaciones del precio del producto ni de los piensos. Evita el riesgo de las fluctuaciones del mercado porcino, caracterizado por ciclos con oscilaciones muy acusadas y alto riesgo.

Se considera explotación mínima para obtener rentabilidad, la de dos mil plazas de cebo.

El ciclo de cebo por lote es de unos cinco meses en porcino de capa blanca y de siete en porcino ibérico cruzado con Duroc.

La realidad no tiene nada que ver con la propaganda que se divulga en contra de este tipo de explotaciones. Una minoría difunde informaciones poco veraces que son aceptadas por una amplia mayoría de la sociedad.

Quienes nos gobiernan lo hacen desde el desconocimiento y desde posiciones interesadas. Hace unos meses, una persona cercana a mí, asistió a una reunión de trabajo en la que entre otros asuntos se debatió sobre la capacidad de las instalaciones ganaderas. Esta persona se sorprendió bastante más de lo normal al escuchar a uno de los intervinientes, alguien que se supone formado y preparado, decir que era una bestialidad criar a más de doscientos animales en cada explotación. ¿Cuánta gente se podría permitir adquirir carne de cerdo si el precio fuera más de diez veces mayor? ¿Y pollo? Porque en una instalación de engorde de pollos es normal superar las diez, veinte, ochenta mil plazas. El beneficio por pollo suele ser insignificante, al igual que el obtenido por cada huevo en una explotación de gallinas de puesta.

Un pollo tipo Broiler, la raza por excelencia en el engorde de pollos, se sacrifica con cuarenta días de vida. Un pollo de raza autóctona criado en semilibertad, necesita cuatro meses y mucho más alimento.

La desconexión rural, protagonizada por los descendientes de quienes emigraron del campo a la ciudad, ha ocasionado un manifiesto desconocimiento de los procesos agrícolas y ganaderos, sus causas y consecuencias. Mucha gente desconoce cual es el origen real de los alimentos y cómo se elaboran y producen.

Una tía abuela mía, que cocinaba extraordinariamente bien, sufría a diario una terrible angustia en el momento en que tenía que decidir qué iba a cocinar. Siempre decía que lo ideal sería que pudiéramos tomar una pastilla, un comprimido, que nos aportase los nutrientes necesarios. Y lo decía teniendo una gran huerta en la que se cultivaba casi todo tipo de verduras, hortalizas y frutas. Hoy está bastante cerca esa posibilidad de alimentación sintética, pero todavía es una quimera.

Trescientas mil personas, aproximadamente, en España, votan a partidos políticos de línea ambientalista y/o animalista. Trescientas mil personas frente al resto. Y han sido capaces de crear una opinión contraria y opuesta a la mayoría de las personas que viven y trabajan en y del medio rural.

El precio, la calidad y la disponibilidad de los alimentos depende de los sistemas de producción intensivos. Es imposible producir suficientes alimentos a un precio asequible únicamente con producciones extensivas y además ecológicas. Algo similar a lo que está sucediendo con la producción de energía eléctrica, con una diferencia, podemos elegir entre encender el interruptor de la luz o no hacerlo, o incluso optar por encender una vela, pero no podemos elegir entre comer alimentos o una pastilla, al menos de momento.

La agricultura y la ganadería son seguras e imprescindibles para nuestra existencia y la conservación del medio ambiente.

Gusarapo

Soy más de campo que las amapolas, y como pueden ver por mi fotografía, también soy rojo como ellas. Vivo en, por, para, dentro y del campo. Ayudo a satisfacer las necesidades alimenticias de la gente. Soy lo que ahora llaman un enemigo del planeta Tierra. Soy un loco de la naturaleza y de la vida.

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