Casi acabando el año. Por Fernando M. Gracia

Casi acabando el año.

“Casi acabando el año lo que sí es evidente es que la riqueza del país se esfuma día a día, así como su capacidad de
generarla”

Se acerca la Navidad y seguimos encogidos, no de hombros, pero sí en el alma,
esperando que estas próximas fiestas no se parezcan a las del año pasado y sean un
momento de renovación y esperanza, pero las televisiones ya nos dan noticias del
aumento de casos del coronavirus, de la ley de memoria,… como si nos quisieran
aguar el mes de diciembre y sucesivos. En Europa se ven manifestaciones en
contra de las restricciones que se empiezan a imponer de nuevo y… ¿no nos
estaremos dejando temas vitales sin atención aunque se escuchen algunas voces
avisando?

Los precios de la luz daban la impresión de volver a cauces más asumibles, pero
siguen en cotas máximas si nos atenemos a lo sucedido este último domingo de
récord y si tomamos como referencia los precios del año pasado. Esta carga para
las familias españolas también lo es para las empresas y en particular para la
industria.

El presidente del Gobierno se comprometió en septiembre a que el precio de la
electricidad sería similar al que hubo en 2018, pero ese precio debería bajar cerca
de un 39% en lo que queda de año para hacerse efectiva tal promesa. Podríamos
centrarnos en criticar una promesa más incumplida, aunque dada la frecuencia en
que estos incumplimientos se producen, no sería productivo, pero tampoco
novedad.

El actual ha sido un año de récords en cuanto al precio de la electricidad. Una
plaga” más para los últimos años, en los que la economía va a tener que superar
los efectos de la pandemia del coronavirus. Las empresas que forman parte de la
Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (AEGE), entre las que se
encuentran, entre otros, el sector metalúrgico, químico, siderúrgico y gases industriales,
desarrollan una facturación anual de unos 20.000 millones de euros,
generando 186.000 empleos, de los que 66.000 corresponden a empleo directo”, según
la web de la propia asociación, ha advertido que el coste de la electricidad puede
llegar a suponer hasta el 60% de sus costes totales. 74 plantas productivas en las
que se consume casi el 10% de la potencia eléctrica demandada peninsular con un
sobrecoste estimado de 1.500 millones de euros para el presente año. Algo
inasumible si se quiere mantener la más mínima viabilidad y que podría conllevar
el cierre de muchas fábricas, con el consiguiente efecto en el empleo de España y
la caída en cascada de otros sectores como el comercio y el transporte, que en
breve sufrirá una huelga también, entre otras cuestiones, por el alto coste que están
alcanzando los combustibles.

La situación está obligando a retrasar las inversiones en actualización a tecnologías
limpias de las plantas. Muy paradójico por cierto ahora que tan en boga está el
evitar el calentamiento global y lo apremiante de ello. Tal como se nos está
haciendo ver a través de lo tratado en la cumbre de Glasgow y que nos llegó a
través de los medios de comunicación.

Fue en septiembre de este año, cuando el Ejecutivo dejó fuera a los sectores
industriales del paquete de medidas aprobado para contrarrestar el alza del precio
de la electricidad, del que finalmente solo se vieron afectadas las familias y no de
manera consistente ni determinante. De hecho, a final de año caducarán algunas o
todas las medidas tomadas de tipo fiscal, a menos que se decida, por parte del
gobierno, otra cosa.

La escalada del precio de la luz y la de los combustibles dispararon el Índice de
Precios de Consumo (IPC) el pasado octubre hasta su nivel más alto en los últimos
30 años y, además, la pérdida de competitividad dado que las industrias españolas
pagan, por ejemplo, un 135% más en costes de luz que las empresas de Francia,
nuestro vecino del norte, no conducen inexorablemente a un desastre anunciado y
casi ya imparable.

¿Apagón? No sé si se apagarán las bombillas y braseros este invierno. Lo que sí es
evidente es que la riqueza del país se esfuma día a día, así como su capacidad de
generarla y con ello las posibilidades reales de salir de una crisis laboral,
económica y que si no se remedia acabará en social. Cuando nada queda que
perder, solo queda que ganar. España y los españoles hemos dado ejemplos de ello
a lo largo de la historia y estas ocasiones siempre han sido dolorosas.

Por otro lado, no solo la Unión Europea también occidente parece haber entrado en
una vorágine de despropósitos a todos los niveles en lo económico y lo social. Una
crisis que nos lleva a través, de entre otras cosas, nuestra absoluta dependencia de
países como China y la actual “crisis de suministros” que tanto se comenta en
muchos medios. Y lo comento por aquello de que nuestras esperanzas, o más bien
las del Gobierno de España, se centran en unas ayudas externas que… ¿llegarán al
fin o por las circunstancias que se pueden cernir sobre la UE en pleno igual no, o
no como son esperadas?

Lo que tengo claro es que uno de los efectos perniciosos de esta tormenta perfecta
que nos amenaza podría ser una aceleración de una deslocalización industrial en
nuestro país. En fin…

La CEOE por otro lado avisó hace poco de que: “Las empresas están asumiendo
importantes costes de producción que apenas se están trasladando a los precios
finales, como muestra una inflación subyacente muy moderada”. ¿Eso puede ser un
aviso de desbordamiento de la inflación? Yo diría que lo es y de manera más que
evidente.

La cesta de la compra de productos de primera necesidad se está transformando día
a día de manera lenta pero inexorable en un lujo también para las familias. El
encarecimiento de la electricidad y de los combustibles ya se ha trasladado a los
precios de la cadena de producción, distribución y venta directa. Estos precios
impactan a su vez en el encarecimiento del transporte, y este en un efecto bucle a
la producción, distribución y venta de nuevo.

La crisis del transporte por mar, la falta de determinados componentes electrónicos
y otras materias primas y el frenazo y encarecimiento en la cadena de
suministros se notan ya en el encarecimiento de determinados productos y
materiales, en lo que se ha conformado ya de manera más que perceptible como un
efecto cascada donde una inflación superior ya al 5% no es tolerable ni admisible
en una economía estable y sana.

¿Dónde estaremos en los próximos uno o dos años?…

Fernando M. Gracia Climent

Porque pienso que la humanidad no se divide en gente de derechas y gente de izquierdas, hombres y mujeres,... se divide en buenas y malas personas, escribo desde el corazón pero siempre usando la cabeza. Músico, lector compulsivo, historiófilo, proyecto de escritor, cinéfilo impenitente y Alférez de España.

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