La audacia de la esperanza para nuestros tiempos de plena incertidumbre. Por Antonio Ramírez

La audacia de la esperanza para nuestros tiempos de plena incertidumbre.

«En La audacia de la esperanza, Barack Obama, explora y explica las fuerzas capaces de corromper a la persona mejor intencionada»

En tiempos, como los que vivimos. de plena incertidumbre, viene bien recordar una obra como esta, que proclama la esperanza desde la diferencia en hacer las cosas. Antes de ser presidente, en ese periodo previo en el que alguien destinado a ser el más alto mandatario del planeta se va formando, Barack Obama hizo un canto a la nueva política, aquella basada en su lugar en la fe, la inclusión y la nobleza de espíritu. a lo largo de su amplia carrera política intentó mantener estos principios y algunas cosas importantes consiguió. Simbólicamente, ser el primer presidente estadounidense afroamericano, marcó un antes y un después en esa gran nación, cuna de la democracia occidental.

En «La audacia de la esperanza«, Barack Obama, explora y explica las fuerzas -desde el miedo a la derrota a la perpetua necesidad de ganar dinero– capaces de corromper a la persona mejor intencionada. Así mismo se adentra en los secretos de un equilibrio entre la vida pública y la personal. No desvela aspectos de su intimidad que, teniendo en cuenta la enorme responsabilidad que le tocó vivir, alcanza mucho interés.

Un libro siempre vigente, pese a este mundo tan rápidamente cambiante basado en el relato de quien es, sin duda, unos de los grandes personajes ya de este siglo XXl. Muy recomendable.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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