
«Nos echan del centro y las ciudades dormitorio serán el paraíso de las personas viejas, que no hay porque usar eufemismos para la edad»
Seguir las modas de los tozudos se ha puesto de moda entre los dirigentes de la cosa pública, como por ejemplo alcaldes, concejales y asesores de Ayuntamientos. Desde que se descubrió que el uso de las zonas verdes y azules de aparcamientos eran una especie de maná para las arcas municipales, se pusieron de moda, al principio en el centro de las ciudades y en la actualidad extendidas a otras amplias áreas metropolitanas.
Está claro que el uso del vehículo privado es una especie de cornucopia para políticos que al parecer no saben gestionar las ciudades de otra manera, que no sea perjudicando por turnos a unos y a otros. Ahora las áreas peatonales se van a agrandar, eso sí sin tener en cuenta que las ciudades son de todos, y usando como base precisamente esto, que las ciudades son de todos. Bueno es un suponer que sean de todos, los alcaldes, incluso buenos como Almeida en Madrid, piensan un poco con otra parte de su anatomía que no es precisamente la que portan sobre los hombros y todo por hacer ejercicios de buenos seguidores del pensamiento ralo, bobo y plano de las mayorías… que eso va en votos.
Hay uno que es el señor Almeida al que he votado siempre, a él o en su defecto a otros de su partido que acaba de caerme en desgracia, ¡Qué pena! Pero la política tiene esas cosas. Lo que es bueno para la gran mayoría de la población, que me parece muy bien, puede no serlo para colectivos, afectados por artrosis, artritis, reuma, edad avanzada y otras circunstancias que seguro de alguna me olvido.
Yo voy ya poco por Madrid y mi tendencia futura será la de ir cada vez menos, ¡Madrid para los madrileños válidos! Parece ser la última cantinela. Lo mismo que cuando se dice el muerto al hoyo y el vivo al bollo, parece que quiere decirse de cualquier otra cosa en este caso de los impedidos y los que pueden. La mayor parte de la juventud no tiene problemas y me alegro, por eso las ciudades actuales son suyas, bien.
A partir de una cierta edad digamos los cincuenta y tanto, las ciudades dejan de ser para algunos su medio natural, porque ya no pueden desenvolverse en ellas con agilidad y eso es lo que parece que gentes como los alcaldes ¿modernos?, de la actualidad tan considerados ellos con el medio ambiente, los ruidos y los atascos, no parecen tener esas consideraciones con las personas que habitan las ciudades. Hay gente a la que estar de pie, por la razón que sea les cuesta lo indecible, gente a las que andar les resulta un tormento chino y gente que harta de tanta idiotez ha dejado ya de circular por el ágora, dejando de integrarse y de aportar dinero a los negocios que han quedado en islas peatonales.
Imaginen quién será el bobo que vaya a hacer compras de Navidad para toda la familia al centro peatonal de las ciudades si tiene que cargar con una pila de paquetes y salir de allí en metro o en autobús. Que sí, que poner un poco de orden en el caos circulatorio, esta bien, pero no matando moscas a cañonazos y que no se ponga como pretexto la contaminación porque a los vehículos eléctricos les pasará tres cuartos de lo mismo, ahora o en unos años.
Hacer aparcamientos grandes subterráneos o en muy altas torres, distribuidas estratégicamente por muchas calles de la ciudad es una solución pero que al parecer no se a ocurrido a ninguna menta iluminada y electa por el pueblo… así no va. De seguir así la situación la ciudad se convertirá en un gueto de gente joven sin hijos y las ciudades dormitorio serán el paraíso de las personas viejas, que no hay porque usar eufemismos para la edad, y el resto de perjudicados por enfermedades invalidantes.
Pues eso, quiero dejar claro aquí para el que quiera oírlo, la desafección que están consiguiendo, la mayor parte de los políticos actuales, que consideran que la mayor parte de votantes son jóvenes o gentes sanas sin ningún tipo de trabas de movilidad, y no, no es así, somos muchos, los mayores de sesenta años que porque estamos perfectamente lúcidos y ágiles sin contar con que tengamos alguna enfermedad, necesitamos ir a exposiciones dentro de la almendra central, al Ateneo, al cine, al teatro a restaurantes e incluso a citas de negocio o de cualquier otro tipo.
Yo sin ir más lejos me paso la vida en el registro de la propiedad intelectual, cerca del Congreso de Diputados. Está claro que con sesenta y seis años no se me va a ocurrir coger un patinete, primero porque no sé si sabría estar sobre él y segundo porque no quiero acortar mi vida de los pocos o muchos años que me queden pegándome con los morros en el suelo. No sé si ha quedado claro, espero que sí, porque si no muchos políticos se van a ir quedando sin una pila de votos en las siguientes elecciones.
Y por favor que nadie saque a colación el transporte público, el metro por la cantidad de escaleras a bajar y subir y el autobús porque la mayor parte de las veces va de bote en bote y no te puedes sentar, es por eso por lo que seguir las modas de los tozudos se ha puesto de moda entre los dirigentes de la cosa pública, como por ejemplo alcaldes concejales y asesores de Ayuntamientos. Desde que se descubrió que el uso de las zonas verdes y azules de aparcamientos eran una especie de maná para las arcas municipales, se pusieron de moda, al principio en el centro de las ciudades y en la actualidad extendidas a otras amplias áreas metropolitanas. Está claro que el uso del vehículo privado es una especie de cornucopia para políticos que al parecer no saben gestionar las ciudades de otra manera, que no sea perjudicando por turnos a unos y a otros. ¿Queda claro?
