Mirar hacia adelante y hacia atrás. Por Rodolfo Arévalo

Mirar hacia delante y hacia atrás. El camino protegido, 1873, Jean Claude Monet

“Por todo esto es por lo que hay un momento en la vida en el que al mirar hacia delante se ve menos camino que al mirar hacia atrás”

Hay un momento en la vida en el que al mirar hacia delante se ve menos camino que al mirar hacia atrás. Es entonces cuando se empieza a valorar como estupidez casi todo lo que no tiene relación con la amistad, el cariño y el amor hacía las personas que forman parte de la cercanía. Me refiero a la familia, los amigos, los ausentes que nos dejaron, por las tazones que fueran o porque la muerte los separó de nosotros. Se anhela, casi con vehemencia, a los deseados sucesores que, con su inocencia, puedan aportarnos nuevas alegrías al percatarnos de sus asombros ante las cosas que, para nosotros, ya no tienen nada de nuevo, tanto si llegaron, como si no, o si se esperaran para un futuro cercano o de medio plazo, el largo plazo no está previsto, salvo que uno tenga la suerte de ser longevo con todas las facultades en buen estado.

No me es posible entender que haya seres humanos a los cuales sentir, tener empatía con otros, se les haga cuesta arriba, máxime si esa empatía ha de tenerse con uno mismo. Está claro que, no todos hemos llevado una vida como un camino de rosas pero, si de verdad observamos nuestro pasado desde la distancia, podemos encontrar muchos aciertos y también fallos, incluso hasta mala suerte, pero nada de lo que podamos quejarnos, porque hay otros puntos en los que hemos estado por encima del resto en cuanto a fortuna.

Unos tuvieron muchas oportunidades amorosas o reproductivas, o por una simpatía inmensa o por una atracción genética por parte del otro sexo, otros tuvieron facilidad para hacer dinero, otros tuvieron suerte en sus labores y otros tuvimos la suerte de trabajar en nuestra propia afición. Todo ello con independencia de la fortuna económica que todo ello nos reportara.

Algunos tuvieron la suerte de cara y ahora nadan en la abundancia, otros no. Esto es así y aunque lo lógico debiera ser al revés, o sea poder disfrutar de las ventajas de los bienes materiales en la juventud, para usarlos como refuerzo vital, no suele ocurrir de esta manera. Hay personas que son más arriesgadas que otras, aquellos que son capaces de dar la vuelta al mundo con lo puesto y malvivir, si hace falta durante su juventud, para conocer el mundo, tener muchas experiencias vitales y conocimientos vividos. Otros en cambio, entre los cuales me encuentro, tenemos una vida más volcada hacia el interior, la mayoría de las aventuras que poseemos son virtuales, a veces incluso irreales, solo imaginadas, pero tan vívidas como otras.

Esto me ha hecho dividir a las personas en dos grupos, los activos físicamente y los activos psíquicamente, aunque también existan personas mezcla de los dos tipos. El mundo, que puede parecer seguro cuando lo llevamos incorporado en las neuronas, no lo es tanto, pero tampoco lo es cuando nos sumergimos en la experiencia real e incorporamos el mundo desde fuera.

El pensamiento es muchas veces más peligroso que la propia realidad, porque además nos sumerge en lo más desconocido, nuestros sentimientos y pensamientos, entre los que se encuentran los mejores y los peores, que a veces controlamos y a veces no. No hay nada, mas bello o deseado, más peligroso o temido, que lo que podamos crear partiendo de las neuronas, cualquier realidad será más leve o más llevadera. La realidad casi nunca es peor de lo que uno mismo pueda imaginar como malo, o como negativo, solo en casos muy contados en los que esto ya no dependa de nosotros mismos, sino de otros seres humanos.

El peor enemigo de la humanidad es la propia humanidad y el sumun de lo peligroso se esconde en nuestro propio pensamiento. Lo malo es que en la realidad de la vida lo peligroso se va incrementando en cuestiones de salud, mientras que lo llevadero cada día va siendo menos corriente. No tiene porqué ser así, pero suele ser lo habitual.

Vivimos y no siempre los caminos son parecidos, buenos o malos, pero lo que sí permanece es la sensación interna de cómo vivimos esos momentos, algunos ponen en valor los buenos instantes, pero otros ponen en primer plano los malos. Siempre he deseado tener la capacidad de darle la vuelta a los problemas, tal como decía una persona que conocí; su regla era la siguiente: “Si tienes un problema buscas la solución, si no la tiene, dejas de tener el problema y si la tiene también, así que en cualquiera de los casos no tienes un problema, tan solo se trata de cómo te enfrentes a él”.

Solo hay un pero a esto y es la edad, cada año que pasa vas encontrando más dificultades para resolver esos problemas o por falta de capacidades físicas o de capacidades mentales, así que llega un momento en que por mucho o poco que nos guste debemos buscar la ayuda de los demás. Eso es lo que más temo de envejecer, que poco a poco pierdes la autonomía y la libertad. Por todo esto es por lo que hay un momento en la vida en el que al mirar hacia delante se ve menos camino que al mirar hacia atrás. Es entonces cuando se empieza a valorar como estupidez casi todo lo que no tiene relación con la amistad, el cariño y el amor hacía las personas que forman parte de la cercanía. El ser humano desprovisto de empatía deja de ser humano, así lo creo y así lo digo.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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