«Reflexiones sobre el trabajo, la memoria, y el olvido social de quienes más han vivido en una civilización que olvida a sus mayores mientras idolatra la riqueza».
De la pasión por trabajar al desprecio por envejecer. Por Rodolfo Arévalo

www.lapaseata.net

«Reflexiones sobre el trabajo, la memoria, y el olvido social de quienes más han vivido en una civilización que olvida a sus mayores mientras idolatra la riqueza».

«Una reflexión sobre la vejez que llega sin pedir permiso, la muerte que asoma como parte inevitable del camino y el eterno misterio de existir».

Los pequeños ahorradores de finales del siglo XX nos las prometíamos muy felices con nuestras pequeñas inversiones en bolsa

Por mucho esfuerzo que uno haga, cuando el lavado de cerebro de la población ha sido exhaustivo, parece imposible volver al sentido común.

Mi vida es esa canción, amiga de la luna, escrita en el corazón, para ahuyentar la noche oscura”. (“A medio camino”. Antonio Vega).

Los mayores descubrimos con sentimiento que nuestra capacidad de influir en los demás pasa, como por ensalmo, del todo a la nada.

Al llegar a la vejez el peor enemigo es tu propia mente, ejercitarla día a día con actividades que te hagan mover los recuerdos es fundamental.

La voz “viejo” deriva del latín vétulus, un diminutivo cariñoso para las personas que habían cumplido el medio siglo.

Si no estuviese tan oscuro a la vuelta de la esquina; o simplemente si todos entendiésemos que todos llevamos… un viejo encima.

Por todo esto es por lo que hay un momento en la vida en el que al mirar hacia delante se ve menos camino que al mirar hacia atrás.

Las calles están encharcadas de sangre ficción de los desheredados españoles, los actuales Santos Inocentes, desheredados de la esperanza.

Sentimientos de otoño por los caminos añados. Es el otoño que no acaba de llegar. Es el futuro que se vislumbra cercano. Un tiempo que empieza a ser molesto

El artista sueco Andreas Englund visualiza para nosotros, al óleo, la vida de un superhéroe al que hace ya bastante que se le pasó el arroz.

El tiempo no envejece tanto como las malas experiencias