
«La propaganda oculta la dureza con que la UE, como potencia mundial amenazada por la proximidad del conflicto, debiera comportarse ante el gigante ruso»
De todos es conocido el cambio cultural que en los últimos diez años se está produciendo en las sociedades más avanzadas. El acomodamiento observado gracias a los avances tecnológicos, afirmamos que está degenerando en un amansamiento social jamás conocido y por todo ello, defendemos la tesis de que las injusticias más flagrantes solo provocan revueltas virtuales experimentadas casi siempre si así interesa a los poderes facticos, en la realidad paralela.
Da la impresión de como si el enfado o la necesidad de recriminar a los demás lo que sea denunciando la injusticia, si afecta a la gente que no es de izquierdas, solo se pudiera encauzar mediante los canales extraoficiales, es decir, internet (que además está controlado por los otros); por culpa del silencio mediático de los “mass media” que gestionan convenientemente la desidia, provocando que la toma de las calles por parte de esa parte de la sociedad tranquilamente domesticada, no sea aceptado como procedente. Esto es así de tal manera, que las revoluciones de los considerados tradicionalistas bajo el amparo del cristianismo, aunque sea solo de modo cultural, en el siglo XXI se quedan prácticamente en una anécdota, un enfado pasajero que siempre es sofocado gracias a la nueva manera o método de confesión al que accedemos voluntariamente cada vez que necesitamos reafirmarnos, pero que sin embargo, nos aleja más y más de la realidad.
Desgraciadamente para la independencia del individuo, estas han ido moldeando a la sociedad a medida que de forma virtual se presenta la supuesta realidad al que cualquiera desde su terminal puede acceder para lo que sea de su interés o necesite adquirir.
Ríos y ríos de tinta virtual son dedicados al fomento y desarrollo de nuevas costumbres hasta hace poco consideradas esporádicas, como era el consumo a través de internet. Decidirse por marcas denominadas sostenibles con el medio ambiente, parece hoy en día casi una obligación, más aun cuando desde los poderes públicos se incide continuamente en esa dirección, aunque la realidad sea muy distinta puesto que aun hoy en día, el volumen de las transacciones por internet para adquirir productos y servicios están a años luz, de lo que representa hacer lo propio físicamente.
Con esta afirmación categórica no se pretende decir que sea algo negativo, que va, más bien todo lo contrario pues la diversificación de los medios y canales que desarrollen y fomenten el consumo, es lógico que vayan evolucionando más deprisa que lo que la mayoría está dispuesta a aceptar. La rapidez del cambio y más aún cuando desde la pandemia parece una necesidad imperante, la denominada “cultura woke” también conocida por representar “comportamientos buenistas o infantiloides”, ha calado tanto en la sociedad que hasta la izquierda más rancia y sectaria, ha conseguido apoderarse de los supuestos valores por los que se fundamenta, y los presuntos principios por los que se rige.
Y no es mi intención desarrollar esta tara mental colectiva desgraciadamente bien arraigada en occidente, –como he comentado antes desde hace más o menos los últimos diez años–, pues eso implicaría entrar en materia de la sociología, la psicología y si me apuran hasta de la antropología (aunque me comprometo a desarrollar el asunto en este sentido en alguna próxima ocasión).
Aquí y ahora: fruto de lo que estamos presenciando con el ataque indiscriminado ruso a la soberanía de un país libre como era Ucrania, se nos está presentando una ocasión muy apropiada para ver y palpar en que consiste esta nueva cultura estúpida, falsa e hipócrita que todo lo embarra con un interés muy sencillo; “el business”, el negocio, “la pasta gansa”.
La Unión Europea ya ha anunciado fortísimas sanciones contra Rusia, Putin y su ministro de exteriores como responsables del desastre bélico. Y está muy bien, pues es una necesidad –diría yo casi hasta moral–, el hecho de plantar cara a uno de los mayores enemigos históricos de occidente. El problema una vez más, son los canales de desinformación propagandísticos que distraen a la población con gestos vacíos que no solucionan nada pero, entretienen llegándonos directos al corazón, apartarnos de lo verdaderamente importante es decir, que la barbarie se detenga de inmediato.
La desinformación arrojada desde la cúpula burócrata bruselense –financiada con nuestros impuestos–, con la complicidad de los altos mandatarios de todos y cada uno de los Gobiernos de la Unión, no hace sino provocar una desazón, un asco y una repulsión por el proyecto comunitario cada vez más latente en la opinión pública europea. Acciones estrafalarias como modificar el lugar de la sede de la final de la Champions League (la cual se iba a celebrar en San Petersburgo), o haber decidido la expulsión de Rusia del Festival de Eurovisión, alegando que este tipo de medidas provocarán el desasosiego en la sociedad rusa desestabilizando el sistema político, es una magufada.

Josep Borrell (alto mandatario de política exterior de la UE), es el alfeñique al que le ha tocado anunciar las crueles y durísimas medidas que los europeos vamos a impartir a la madre Rusia. Nos sentiremos muy mal por hacerlo pero mejor que sufran ellos que no nosotros, total: el chantaje moral al que vamos a someterlos, seguramente los dejará secuelas insuperables sino se echan a la calle para derrocar a Putin por nosotros. Estas medidas obvias de presión, al igual que iluminar con la bandera del país ultrajado, los principales edificios y monumentos de las capitales europeas, aun siendo propaganda muy “guay”, escuece y provoca urticaria a los rusos al comprobar que Europa ama a todo aquel que se ve sometido, o al menos amenazado por el yugo del fascismo, porque según las elites bruselenses, comunistas es imposible que sean en Rusia, será otra cosa porque en España los nuestros son pacifistas, ecologistas y para manifestarse hacen los últimos cien metros en bici hasta llegar a La Puerta del Sol para gritar “Ayuso asesina”, “Ayuso corrupta” y “Sanidad pública”.
Las buenas intenciones europeas siempre serán necesariamente aplicadas y el papel de “panoli del mundo” nos viene que ni pintado. La propaganda oculta la dureza con que la dependiente UE, como potencia mundial amenazada por la proximidad del conflicto, debiera comportarse ante el gigante ruso. Sin embargo en previsión del conflicto, la Unión ha comprado el doble de gas a Rusia y por supuesto, no contempla medidas sancionadoras en materia de energía, básicamente por nuestras absurdas políticas verdes impuestas a sangre y fuego, en la sociedad infantil que vota cada cierto tiempo.
Finalmente se va a llevar a cabo algunas sanciones en materia financiera desconectando a Rusia del sistema SWIFT (Society for Worldwide financial Telecomunication), según han comentado la propia Casa Blanca matizando que se llevara a cabo para los principales bancos rusos. Esta acción que no es ni más ni menos que el sistema a través del cual, los bancos y las entidades financieras se dotan de sistemas de seguridad, que los identifica para dar un soporte seguro a las transferencias, implicaría el bloqueo financiero provocando –o al menos iniciando–, el colapso de la economía rusa.
Mucha gente se rasga las vestiduras porque la UE no se atreve, pero: ¿Acaso la Unión está en guerra con Rusia? ¿Acaso la OTAN está en guerra con Rusia? Pues eso. Todo lo demás es propaganda “woke”, buenismo infantil para no mostrar la verdadera realidad a la población amaestrada por las redes sociales y los grandes medios. El negocio está por encima de los derechos humanos. La ONU es cómplice y a las ONG´s que operan en Rusia (supuestamente ayudando a los pobres rusos), no se las puede dejar bloqueadas, como pasa con las que operan en el Mediterráneo.
En Europa las guerras por ser la cuna de la civilización desde el Siglo XX siempre suceden por lo mismo: el ansia viva de los conquistadores fascistas, comunistas o fundamentalistas para controlar el capital. Ahora somos verdes e inclusivos, por lo tanto decadentes. Nuestros “comunistas caviar” cantan el “Imagine” de John Lennon, “gritan no a la guerra” y “OTAN NO” a la par que “fuera fascistas de nuestras calles”, mientras los comunistas de verdad, se arman hasta los dientes y nos acosan y embargan la libertad amenazando con cerrar el grifo del petróleo o el gas mientras llenan el planeta de basura y contaminación.
Termino con tres cuestiones irrefutables:
1ª– El 85% del armamento de Argelia proviene de Rusia, por lo tanto podemos afirmar que el gas de Argelia, también es ruso.
2ª– El fracaso de la “cultura woke” que impera es un hecho, pero solo la percibimos una inmensa minoría que dormita.
3ª– Nucleares SÍ. Reindustrialización también. Rearmamento YA y la mili obligatoria –para todos–, por supuesto; para que sepan lo que vale un peine.

