La flor de Sánchez. Por Francisco Gómez Valencia

Sánchez aplaudiendo a su izquierda

“La sacudida en la política nacional con la patada que Sánchez propinó en el trasero a Rajoy, trajo consigo que el PP se abriera en canal”

Desde que este hombre sacó de un puntapié al gallego y se aferró al poder sin escrúpulos, en España y el mundo solo suceden calamidades. No sería justo acusarlo de gafe, pues al hacerlo, cualquiera podría definirme como un simplista poco profesional o incluso como un charlatán de feria, de esos que utilizan razonamientos nada científicos para afirmar y defender sus conclusiones.

Es verdad que estamos acostumbrados por desgracia a ver en los medios desparramar verbalmente a representantes de diferentes ámbitos, defendiendo postulaciones de manera firme y hasta en ocasiones acaloradamente, que harían sonrojar al paisano más humilde –voluntarioso ausente de la rabiosa actualidad–, de cualquier pedanía de la España vaciada.

Y no es menos cierto que cuando la verborrea asoma por los medios, esos dichosos exabruptos ajenos a cualquier mínimo rigor, son aceptados como si se tratara de los mismísimos mandamientos, por esa parte de la turba urbanita carente de prejuicios y mejor entrenada que jamás se había visto desde los tiempos en los que reinaba Carolo.

La sacudida en la política nacional con la patada que Sánchez propinó en el trasero a Mariano Rajoy, trajo consigo que el principal partido de la oposición se abriera en canal a mediados de 2019. Posteriormente que Albert Rivera pusiera su cabeza en bandeja de plata tras su incomprensible acuerdo sin tener mayoría suficiente, volvió a conmocionar al país políticamente y para remate: el abrazo del oso con Pablo Iglesias a las cuarenta y ocho horas tras las elecciones de noviembre (2019), ya fue el acabose.

El personal todavía no se termina de creer que lo peor de cada casa se pusiera de acuerdo con Sánchez (ETA, los golpistas, el PNV, los populistas regionalistas y los antisistema catalanes y gallegos), para auparle a lo más alto de los cielos los cuales por cierto, comenzó a surcar a destajo en el Falcon y el Puma por la gracia de los que ahí lo han puesto.

Lo de la desafortunada muerte a manos de la policía de un “yonki negro” llamado George Floyd, el invento posterior de carácter neomarxista para usar el asunto políticamente conocido como “Black Lives Matter”, y su manipulación con las revueltas callejeras favoreciendo la posterior salida de Donald Trump del Gobierno americano, ayudado gracias al pucherazo de los demócratas, y de remate, el asalto de la frustración al Capitolio en USA, nos hacía prever que la atención estaba fuera de España.

La Filomena nos trajo de vuelta pero duró poco por culpa de la primera crisis que le estalló a Joe Biden (con cariño de parte de Trump), con la huida pactada de los americanos de Afganistán. Mientras en casa: como cada año las inundaciones fruto de la inexistente política fluvial, provocó ver a Rafa Nadal barriendo barro de casa de unos colegas mientras Pedro, lo supervisaba desde el avión con sus gafas de sol y después a pie de calle, con sus zapatos de ante marrón, nada adecuados para la ocasión.

Vacaciones en La Mareta a tiro de piedra en avión de las Islas Canarias, un poco de postureo con el Rey en Palma de Mallorca y de repente lo del Volcán de La Palma. Otra vez los acontecimientos le vinieron de perlas para tapar los indultos a los golpistas, la Ley de educación de Isabel Celaá, la Ley de la Eutanasia, La Ley de Seguridad ciudadana, las modificaciones en materia del aborto, y en definitiva la consolidación del aparato partidista del PSOE como el mejor virus troyano que haya atacado nunca a las instituciones públicas, poniéndolas al servicio del Gobierno y en contra de la sociedad (la Fiscalía con Lola Delgado [y Baltasar Garzón en su cama], la Abogacía del Estado, TVE, la Agencia EFE, la presidencia del Congreso y el Senado, y hace bien poco el Tribunal de Cuentas o la figura del Defensor del Pueblo).

Sánchez aplaudiendo a su derecha

Mientras tanto la pandemia por el Covid-19, oficialmente definida como tal desde el nueve de marzo es decir, un día después del 8M, sirvió para que de una forma increíble, todo el hemiciclo se rindiera por responsabilidad a sus encantos votando a favor de un primer estado de alarma ilegal –como después ha sido sentenciado por el TS–, aceptando por lo tanto la versión de que antes del ocho de marzo –día del feminismo en España–, no campaba a sus anchas en virus chino (cosa que después se confirmó como otra mentira más, al haber casos constatados desde diciembre del 2019) Después continuaron las prórrogas y el confinamiento hasta llegar a la última de seis meses –nada menos–, donde el Congreso quedó secuestrado con el permiso de casi todos hasta llegar a mediados del 2021, donde gracias al trampantojo de los fondos de reconstrucción, Sánchez, va tirando.

Consiguió aprobar sus presupuestos lo cual ya implica “per se” mantenerse hasta 2024 sin necesidad de tener que aprobar otros y de paso, ha acallado las críticas que se vertían desde la Unión Europea (fruto de los chivatazos del Partido Popular más despistado de su Historia reciente), gracias al panfleto presentado y conocido como la “Reformilla” Laboral (de Yolanda Díaz), de la anterior Reforma Laboral (de Fátima Báñez).

Por si fuera poco primero se quitó de encima al molesto Pablo Iglesias (experto en ver series de Netflix), presumiblemente muy asustado por sus asuntillos y que por eso, seguramente dejó al mando a una que no es ni de su partido (Yolanda Díaz) como condición para tapar y echar tierra encima de su presunta corrupción.

Después purgó por enésima vez su gobierno (tercera crisis en dos años) por chapuceros. Sin coste político, sacó de paso a los figurantes como el astronauta y a los dos pesos pesados del PSOE que le hacían sombra. Primero se cargó al pringado que tenía en Justicia, (el “churry” de “la Meritxell Batet”: que fue quien se curró los indultos de los golpistas), después a Carmen Calvo (que fue quien más dio la murga con la memoria democrática, desguazar El Valle y robar el cadáver de Franco para pasearlo por los cielos de Madrid en helicóptero y en directo por la tele), y al mismo tiempo se pasó por la piedra a Ábalos (el presunto gran putero y encubridor del asuntillo de las maletas de Delcy Rodríguez), después de pedirle consejo sobre a quién cepillarse –que ya hay que valer–, para terminar dando el puntapié al pesado y moñas de Iván Redondo. Y desde entonces, anda rodeado de “mujeres al poder”, todas bajo su ala protectora de “gran Calígula”.

Con las mismas, el dinero de los fondos europeos llegan con cuentagotas y de momento no sirven para mucho (aunque le vale para pasear el palmito por Bruselas): bien porque no hay ideas desde el ámbito empresarial o porque desde el político lo presentado hasta ahora (PERTES) no deja de ser un brindis al sol. Pero; otra vez aparecen aspectos externos que ayudan a victimizar al protagonista del cuento gracias a la crisis energética mundial, y el atasco de las economías por el estrangulamiento de la distribución por parte de China; causa efecto de los desajustes ya conocidos por todos como es la inflación galopante, perfecta excusa para cubrirse unos meses más.

Mientras tanto y gracias al aburrimiento que debe ocasionar ser la muleta del Gobierno, el Partido Popular se suicida y por si fuera poco, en el concierto internacional de nuevo surge otra gran crisis humanitaria –de esas que más gustan a la izquierda y a la derecha moderada para marear la perdiz–. La más que esperada invasión de Rusia a Ucrania (aunque durara diez días, que no lo parece…), ya ha sido definida por nuestro presidente, Pedro Sánchez Castejón como el mal que provocará que hasta el final de su mandato, todo vaya como el culo aunque: ¿Quién mejor que “su persona” para gestionar las cosas del comer, si los del “pepe” ya le han rendido de nuevo pleitesía?

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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