Espero que mi hijo siga el camino correcto, por difícil que sea. Por Gusarapo

Espero que mi hijo siga el camino correcto, por difícil que sea.

«Espero que si mi hijo tiene que enfrentarse al mismo dilema, tenga fuerza para ser capaz de seguir el camino correcto por difícil que resulte»

Durante un tiempo, un corto espacio de tiempo, ya lo he contado en alguna ocasión, estuve en contacto con personas, niños, que habían nacido con malformaciones, enfermedades muy graves, parálisis cerebral y otros problemas que me hicieron dudar de mis creencias y convicciones más firmes. Que creía que eran firmes, sólidas, pero que se convirtieron en un cuestionamiento amargo y muy doloroso de la existencia de Dios y del sentido de la vida.

Aquella experiencia, realmente dura, le otorgó a un joven inexperto e inconsciente, una buena dosis de madurez. Al menos en lo que a mirar a los demás, comprender determinados comportamientos o actitudes y sobre todo, no juzgar, se refiere.

Hasta aquel momento nunca había sentido envidia de nadie, y entonces la sentí. Envidia del infinito amor que aquellos padres sentían por sus hijos, de su abnegada entrega, de sus ojos y sus labios cuando en la mañana despedían a sus hijos y en la tarde volvían a recogerlos. Labios que estallaban en sonrisas y en besos. Ojos que se iluminaban pese al sufrimiento y al esfuerzo. Fui testigo de instantes que a día de hoy siguen provocando que a mis párpados afloren lágrimas.

Algunos de aquellos padres eran padres adoptivos. Padres que habían decidido serlo siendo perfectamente conocedores de los retos a los que se enfrentaban, y otros los afrontaron cuando se encontraron con ellos, de repente, sin esperarlo, porque a veces la enfermedad se esconde y va avanzando sin dejarse ver, pero eran sus hijos, y ellos eran sus padres.

Hay cosas que son como son, por mucho que haya a quien le cueste entenderlo, y en ese ser así porque sí, se encierra para algunas personas el sentido de la vida y el concepto del amor.

Cuando la madre de mi hijo se quedó embarazada de MI hijo, sentí una gran alegría. Me sentí feliz. Imagino que ni más ni menos que como se pueden sentir todos los padres que desean tener un hijo. Pero no fue nada comparado con lo que sentí cuando tuve ante mí la primera ecografía. Y después de la primera, la segunda. Ver su rostro, sus manos, sus pies,  cómo se movía. Aunque lo verdaderamente impactante fue cuando observé el movimiento de mi hijo bajo la piel en directo, cuando pude notar ese movimiento. Colocar mi mano temblorosa sobre aquel voluminoso, excesivamente voluminoso, abdomen y sentir aquel terremoto, aquel movimiento incesante, aquellos golpes, fue una verdadera explosión de sentimientos.

Sentirle, notarle con mis manos, emocionarme.

Después llegaron las noticias, las advertencias, los problemas, las indicaciones facultativas.

Ante las dudas, ante el temor a las incógnitas, eché de menos una mano amiga, unas palabras de tranquilidad y esperanza, la calidez necesaria en aquellos momentos en lugar de la frialdad de quienes daban opiniones técnicas y no mostraban ningún atisbo de comprensión o sensibilidad.

Tal vez debe ser así, frialdad quirúrgica, ninguna empatía con el afectado para no establecer vínculos innecesarios, para no crear espectativas y esperanzas. Pero cómo se echa en falta una sonrisa, una mirada, una mano que sujete la tuya, una simple palmada, unas palabras llenas de ternura.

Por lo visto todo tiene que ser así, frío, hierático, distante, sin sentimientos y sin sentimentalismos. Imagino que llegado el caso de tener que acabar con la vida de alguien se hace más fácil así, estando a años luz, pero eso está bien para un extraño, para alguien ajeno, para un espectador del dilema, del drama, de lo terrible, pero no para quien ama a esa criatura desde el momento en que ha sentido latir su vida.

Espero que si algún día, mi hijo tiene que enfrentarse al mismo dilema, tenga la suficiente fuerza como para ser capaz de seguir el camino correcto por difícil que resulte.

Espero que en el futuro que le va a tocar vivir, la vida humana no se valore en base a términos de comodidad, de economía, de ideología, de sexo, de color de piel, de religión, de autonomía personal.

La vida es como un gran bombo de lotería en el que giran y se entrecruzan millones de personas, y una vez estás en el centro, otras veces estás fuera, alguna vez arriba, y después abajo, pero todos somos personas y todos tenemos algo que aportar, aunque sea desde una cama y con respiración asistida.

No sé si quien haya leído estas líneas sabrá comprender lo que pretendía decir mientras las escribía.

Gusarapo

Soy más de campo que las amapolas, y como pueden ver por mi fotografía, también soy rojo como ellas. Vivo en, por, para, dentro y del campo. Ayudo a satisfacer las necesidades alimenticias de la gente. Soy lo que ahora llaman un enemigo del planeta Tierra. Soy un loco de la naturaleza y de la vida.

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