(II) Reproches sobre el globalismo. Por Amando de Miguel

Reproches sobre el globalismo.

“Sería mejor decir globalismo, pues se trata de una ideología; acaso, la más vigorosa de nuestro tiempo, contando con las frondosas ramas que la forman”

Nos asalta un neologismo de moda, calcado del inglés: la globalización. Sería mejor decir globalismo, pues se trata de una ideología; acaso, la más vigorosa de nuestro tiempo, contando con las frondosas ramas que la forman. Si su significación no pasara de la interdependencia de las economías nacionales, estaríamos ante un truismo infecundo, una obviedad. Por tanto, poco interés analítico podría despertar. En realidad, se presenta, más bien, como un disfraz retórico. Lo fundamental es el contenido de sus distintos elementos conexos o derivados. Están pidiendo una discusión desapasionada, como ocurre con otras muchas ideologías.

Para empezar, la interdependencia económica de los Estados actuales implica que los más (los periféricos) se subordinan a unos pocos (centrales o hegemónicos). Es claro que hay que pasar al plano político y cultural y con una perspectiva comparada. No otra cosa han sido los imperios en todos los tiempos, desde el romano hasta el español o el británico, entre otros. Naturalmente, en cada momento, son distintos los medios materiales de que se dispone.

Aun suponiendo que las conexiones entre los Estados fueran mutuas, sin mucha subordinación o dependencia, las consecuencias pueden ser favorables o adversas para unas u otras unidades políticas. El lado benéfico de los mercados mundiales hodiernos es que se ha producido, a la larga, una notable disminución del precio de infinidad de productos. Me refiero, especialmente, a los asociados con el comercio y las telecomunicaciones. Cabe la duda de si ese mismo efecto no se hubiera podido lograr sin que muchos Estados perdieran personalidad o soberanía. Porque lo peor de la interdependencia teórica es la subordinación práctica de unos intereses organizados respecto a otros. Es lo que llamamos desigualdad social; en este caso, a la escala de sociedades enteras. La desigualdad molesta es la excesiva, la injusta.

La llamativa desigualdad actual se produce porque los consumidores (o contribuyentes) necesitan disponer de una creciente cantidad y variedad de bienes y servicios. En muchos casos, el ideal se torna inasequible. Esa necesidad variable matiza mucho el progreso material objetivo.

Tampoco hay que extrañarse de la situación actual de interdependencia a escala mundial. El progreso no, siempre, es lineal. Hace algo más de un siglo, no existían, propiamente, los pasaportes, los visados o las cuotas migratorias. El único impedimento para moverse por el mundo era la escasez personal de recursos económicos, que, desde luego, era notoria para el grueso de la población. Hoy, son innúmeras las trabas legales a la movilidad residencial entre uno y otro país. Digamos que los Estados han complicado mucho su eficiencia burocrática. No es menos cierto que, actualmente, junto a los Estados, florecen todo tipo de agencias, organizaciones y fundaciones en apoyo de los movimientos de población entre los países. No se descartan los de naturaleza “ilegal” o los de acogida a los “refugiados”. Habría que analizar si, junto a estos propósitos salvíficos, no late una nueva versión más refinada del imperialismo.

El imperialismo no es más que el dominio desproporcionado y sistemático de unas pocas potencias sobre el resto de los Estados del mundo; hoy, unos doscientos. Las actuales hegemonías son los Estados Unidos de América, China, Rusia, Alemania, Reino Unido, entre otros. Lo nuevo, realmente, es que tal acción dominadora se acompaña de la preeminencia de unas pocas empresas gigantescas, mal llamadas “multinacionales”. Son las que dominan los mercados mundiales más prósperos. No cabe duda de que el esquema descrito ha contribuido a la reducción del precio de muchos productos, sobre todo, los que se benefician mejor de las redes informáticas. De todas formas, cabe registrar, también, el efecto de nuevas desigualdades a escala de los Estados. Por ejemplo, el desarrollo de la “economía espacial”, por obvias razones de escala, no puede llevarse a cabo más que en unos contados países.

Detrás de ese nuevo boceto de unos Estados y empresas que dominan el mundo, late la vieja utopía de un “Estado universal”. Es, literalmente, utópico porque no se puede realizar. Incluso, en una dimensión menor dentro de la Unión Europea, destaca la creciente hegemonía de Alemania. Paradójicamente, es el Estado que perdió las dos guerras mundiales. Puede que ese sorprendente resultado fuera el que movió al Reino Unido a salirse de la Unión Europea.

Las críticas al globalismo se encuentran por doquier, incluso, en la misma sociedad estadounidense, de donde partió la idea. En inglés, la voz globe (globo) presenta, también, un sentido caricaturesco o sarcástico. Para empezar, la imagen de la Tierra, bamboleándose en el espacio no deja de ser algo cómico. Recuérdese la famosa escena de la película El Gran Dictador, de Charlie Chaplin, retozando con la bola del mundo. Un globe-trotter es el trotamundos sin un propósito definido o a la aventura. En los Estados Unidos de América, después de la II Guerra Mundial, la congresista republicana Clare Boothe Luce acuñó el neologismo irónico de globaloney (idioteces globales). Se trataba de criticar el derroche de los programas de ayudas a los Estados aliados. Eran los inicios del globalismo.

Amando de Miguel para LIbertad Digital

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

Artículos recomendados

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: