Pásame el porro (1ª parte). Rituales machistas a precio de saldo. Por Francisco Gómez Valencia

Performance en el Colegio Mayor Elias Ahuja

«Lo del género es un invento, del que viven ingentes equipos multidisciplinares, como hemos visto con los rituales machistas a precio de saldo»

La semana pasada salíamos con la tercera de la saga “Sujétame el cubata” y teniendo en cuenta el desarrollo de los acontecimientos en nuestro país, si me lo permiten hoy comenzamos otra saga paralela la cual me permito titular “Pásame el porro”, para comentar lo de los “rituales machistas a precio de saldo”.

La Fiscalía ha abierto diligencias contra unos estudiantes de un colegio mayor por realizar una performance de muy mal gusto dirigidas a las féminas del colegio de enfrente. Las susodichas han salido raudas a defender a sus compañeros amparándose en el costumbrismo, lo cual me parece bien. Un portavoz del centro de los chicos declaró que esos actos son bochornosos y que no le consta que se hubieran producido nunca lo cual en ese momento parecía veraz, sin embargo las más veteranas supuestamente ultrajadas han manifestado que es lo habitual año tras año. Más a más: ha salido en televisión una antigua alumna del centro femenino diciendo que el ritual del inicio de “la berrea universitaria”, al menos se produce desde 1990, lo cual deja absolutamente en una posición de ridículo espantoso al portavoz anteriormente mencionado y a los representantes de los colegios mayores que inmediatamente han salido a condenar los hechos.

Desde el Rectorado (comunista) de la Universidad Complutense también han declarado que se reserva el derecho a expulsar a los instigadores del suceso una vez que la Fiscalía (de quien depende), determine la culpabilidad de los responsables, los cuales se pueden llegar a enfrentar a penas de hasta cuatro años de cárcel por llevar a cabo un delito de odio (como así están definidos). Por aclarar; hablo de la misma universidad que permite escraches de continuo o que sus dependencias como las de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología estén absolutamente plagadas de grafitis insolentes por fuera y por dentro.

La repercusión política como no puede ser menos no se hizo esperar por boca del mismísimo presidente el cual condenó de inmediato los hechos tratando de sacar una vez más, rédito político de cualquier cosa que sus 1.200 asesores consideren que le puede beneficiar para no hablar de lo importante. El Consejo de Ministros al unísono repitió como cacatúas las arengas de Sánchez dando pie a la que la izquierda más radical aun si cabe (lo que le cuelga al PSOE), desde los medios afines de comunicación y las redes sociales, mostraran a la ciudadanía su versión más sociópata.

“Violadores en potencia”, “maltratadores de facto”, “niños pijos consumidores de pornografía”, “futuros jefes y jueces”, “gorilas en la sombra” o “subespecie de neardentales” entre otras muchas, son las lindezas que políticos, periodistas, intelectuales y “titiriteros de la ceja”, han vertido en entrevistas o desde sus cuentas de Twitter. Sobre la balanza de la Justicia, expertos fiables confirman que las ordinarieces soeces de los estudiantes del Colegio Mayor no son constitutivas de delito y a mí, me parece que están al mismo nivel que las de los ilustrados, más aun cuando no han dudado en continuar maltratando verbalmente a las estudiantes del colegio mayor femenino por no opinar contra lo que ellas definen como sistema heteropatriarcal. El supuesto nivel adquisitivo de las estudiantes es suficiente para insultarlas. La “pijas permisivas” no forman parte de las defensoras de la “chupipandi” y su banda de “eunucos blandengues”.

Las acusadoras son las mismas que tienen a disposición en los presupuestos del año que viene 600 millones para su lucha particular. Y como observan atónitas como la sociedad va por otro lado, aplican el manual de la dichosa “resiliencia” y envían a “cuatro y la del tambor (por lo de las batucadas y tal…), más un numero desconsiderado de periodistas dependientes, para que se manifiesten delante del colegio de los estudiantes, haciendo otra vez el ridículo.

Yo defiendo que la gente de bien consideramos que en el mundo de las ideas las costumbres se respetan aunque no te gusten. Con eso no quiero decir que en los ochenta o en los sesenta no se hiciera el cafre del mismo modo, pero al menos no se tenía a la “izquierda evangelista” dando “la turra” todo el día tratando de imponer su corrupta moral. Que las críticas y denuncias provengan de los “machos alfa” de esos que desean “azotar hasta hacer sangrar a la mujer del prójimo”, o de esas que ahora braman cuando no hace mucho nos enseñaban “sus tetas” en la puerta de una capilla sin rubor, al tratarse de una costumbre sana propia de las antistema, o las “piltrafas periodísticas” de esos que se disfrazan de mujer, no hace sino darnos la razón. Por eso defiendo a capa y espada que las instituciones son responsables de sus actos y si estos hechos se han producido desde hace décadas, son ellas y las administraciones responsables al mismo nivel, pero no los clientes, ¿o es que se ha detenido a algún “giri” por intentar suicidarse inducido por agentes externos a su voluntad haciendo “balconing”? Pues esto es lo mismo, el sentimiento de grupo anula la voluntad del individuo haciéndole realizar las gilipolleces más importantes de su vida.

El relato

Lo del género es un invento del que viven ingentes equipos multidisciplinares de “meaplilas” que con sus terapias incrementan el “síndrome del ofendidito” para seguir viviendo del cuento. Y desde el punto de vista político se defiende gracias a la corriente que ejerce el “postureo político”. Estos defienden su posición superior en la escala de valores morales llegando al extremo de autodefinirse como los herederos de la Granja. Ellos queridos míos, aspiran a ser “los granjeros en la granja de Orwell” reescribiendo la Historia y diciendo a los demás que está bien o que está mal y claro está; su predominancia en la escala de valores con poderes políticos los validan para castigar a los que no aceptan sus condiciones gracias a su sobreexposición en temas que tienen que ver con el compromiso social, aunque lo manifiesten desde la popa de un yate.

En fin: leía de no sé quién en “The Objetive” esta semana que “hemos cambiado la moralidad impuesta por Franco por la impuesta por Irene Montero”, y que pese a todo “prefería un mundo donde alguien pueda ofender en un momento dado con sus palabras o molestar con su discrepancia siempre y cuando exista el derecho a contestar como cada uno considere oportuno y no como digan unos iluminados defensores de la censura buena (la suya) pues eso acaba y entierra a la libertad«.

También decía un tuitero (no recuerdo quien era y que me perdone si me está leyendo…), que: “uno de los casos más extendidos de género fluido es el del ciclista: en carretera se percibe a sí mismo como coche, en la acera como un peatón y frente a un semáforo en rojo se percibe daltónico”.

Estar al corriente de todo no significa estar conectado al relato sino tener conciencia propia dentro de las herramientas que usan los que te lo quieren imponer. Que el ruido de fondo -querido lector-, no te despiste de lo importante que es vivir con dignidad.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

Artículos recomendados

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: