(Y III) Cuadragésimo aniversario de un triste retorno: Tres ruinas en cuatro décadas. Por Antonio De la Torre

(Y III) Cuadragésimo aniversario de un triste retorno…

«Sobre el cuadragésimo aniversario nunca viene mal un repaso histórico, y en especial para las posibles víctimas de la LOGSE»

Tras el análisis somero de sus inicios y la demostración consistente de su naturaleza “democrática”, “defensa” de las libertades y “desprendimiento” económico, tres circunstancias que siguen vigentes en el PSOE de hoy, vamos con “la tercera”, que no es precisamente una sevillana, aunque sí que empezó con unos sevillanos, que pasaron a la historia como “el clan de la tortilla” y se celebró en Sevilla. La ventaja de llegar a muy mayor, haber leído un poco, haberse fijado mucho en los acontecimientos y, gracias a Dios, conservar buena memoria, es que uno vio mucho y se acuerda de casi todo.

Escuchaba hace unos días a Carlos Herrera, en un editorial de la mañana de COPE, decir que Felipe González tenía “en su cuenta de deberes –seguramente quiso decir en su ‘debe’– más que en la de haberes” –la contabilidad no parece ser su fuerte, pero lo entendimos–, en lo que estoy de acuerdo. Cierto que comparado “con el socialismo de hogaño”, añadía, “no hay color”, y citaba al hijo del lechero, como “el estadista más importante que ha habido en Europa”. Creo que fue un lapsus y se refería a ‘en España’, que también sería una hipérbole, aunque se afanara en el intento y algo bueno hiciera. Pero entre “los deberes”, continuaba, “fue responsable de muchas derivas que hoy lamentamos en política española: cesiones al nacionalismo; ‘descojonciar’ el Poder Judicial; manosear el Constitucional, solo hay que acordarse de RUMASA, etc.”. Tal vez ese “etcétera”, fuera por su parte de responsabilidad en la corrupción que, fundamentalmente, fue lo que lo sacó del gobierno, después de más de trece años. Podríamos extendernos hasta el libro, pero me limitaré a recordar sólo algunos casos como los del BOE, Guardia Civil, Cruz Roja…, las facturas falsas de FILESA, MALESA o TIME EXPORT, o de su parte alícuota, si se quiere por omisión, pero parte, en el fraude de los famosos ERE de Andalucía, por los que dos de sus ministros, y presidentes de su partido, para más inri, han sido condenados por sentencia firme del Tribunal Supremo, uno de ellos, a prisión.

También puede que ese “etcétera”, fuera por aquel ministro que decía que “España es el país en el que es más fácil hacerse rico en menos tiempo”, un tal Carlos Solchaga –“el pequeño de Tafalla” le llamaban algunos empleando otro sinónimo, que no reproduzco para no ofender–. Y bien que muchos de ellos, como el propio Felipe González, ¿verdad, don José Bono?, se aplicaron en ello. Ambos, con otra curiosa coincidencia en sus trayectorias, la ciudadanía de la República Dominicana, hoy. El segundo, creo que, además, cónsul general para España, o sea, con valija diplomática quizás, todo un peligro, en sus manos. No creo que se deba al amor al Caribe de ambos, que posiblemente también, sino más bien al “paraíso…” fiscal, por eso la minúscula.

Tal vez, también incluyera a ese ministro que, después de suceder al anterior al frente de la vicepresidencia económica del gobierno, me refiero a Pedro Solbes, nos dejó dos veces en la ruina, primero con él y después en la “recidiva” que le otorgó el leonés de Valladolid que contaba nubes.

Continuaba su editorial el buen comunicador almeriense, afincado en Sevilla, diciendo que, si se hace “balance, comparando aquello, que era ‘socialdemocracia’ –muy generoso el término por su parte–, con lo que ha venido después con Rodríguez Zapatero y, esencialmente, ahora con Pedro Sánchez…, te das cuenta de que… intenta… -creo que se refería al último– liderar una coalición de crepúsculo radical, cuyo único objetivo es que la derecha nunca pueda gobernar” –totalmente de acuerdo en esto último–. Y finalizaba diciendo que, “si quieren ustedes, nos acordaremos un poco de Felipe…” –en alusión al cuadragésimo aniversario, supongo–, pero “el PSOE de hoy no es hijo de González, es hijo de Rodríguez Zapatero”. Y ahí ya sí que mi discrepancia es total. Porque lo que creo que quiere decir Herrera es que este PSOE no tiene nada que ver con el del 1982/96 y por ahí no paso. Puede que el PSOE de hoy no sea “hijo”, en sentido estricto de descendencia, en primera generación, de Felipe González, “honor” que le corresponde al que él quiso que ganara el Congreso de 2000, para evitar que Rosa Díez o, sobre todo, el citado José Bono, lo consiguieran. Pensaba que éste iba a ser menos manejable sin tener en cuenta ese principio no escrito que dice que “entre bomberos, no nos pisamos la manguera”. Pero no cabe duda de que Pedro “Antonio Narciso PinócHEZ Plagio cum Fraude Falconeti Humbolt y otras malas yerbas”, es “nieto” distinguido del líder de Suresnes.

 

Antonio Narciso PinócHEZ Plagio cum Fraude Falconeti Humbolt y otras malas yerbas en el cuadragésimo aniversario

«La diferencia entre los tres líderes socialistas han sido los contextos, temporales y de ambiente social, en los que cada uno ha ejercido su mandato»

Y así, la pobre imagen del PSOE de hoy no es sino una consecuencia del PSOE que estuvo en el gobierno entre 1982 y 1996 y continuación, casi sin solución de continuidad –por lo que citaré después, de pasada y que estará sin duda en la cabeza de algunos lectores–, del que padecimos entre 2004 y 2011. Ya he escrito en otros artículos que la diferencia entre los tres líderes socialistas han sido los contextos, temporales y de ambiente social, en los que cada uno ha ejercido su mandato.

Felipe González llegó cuando todavía estaba muy cerca la transición y el intento de golpe de Estado del 23-F de 1981, porque lo que se veía de esa incipiente “democracia” y el protagonismo creciente de los nacionalismos y la línea dubitativa del gobierno, que llevó a la dimisión de Adolfo Suárez, parecía que no gustaba demasiado a algunos, que tenían todavía reciente la etapa anterior. Después llegó la primera ley de educación, la LODE, que sembraría el camino para llegar a la LOGSE de 1990 y con ella un desastre educativo que ha ido a peor con las posteriores reformas socialistas. Se “enterró” a Montesquieu, con demasiada presencia/influencia política en el nombramiento y deseo de control de los jueces, principio de la perversión del sistema con la cada vez más en entredicho “Separación de Poderes”, hoy ausente entre el Ejecutivo y el Legislativo y dudosa, muchas veces, en el Judicial. No sé en qué momento, llegó la atomización de la Justicia en tribunales regionales, con más fácil colocación de peones, tal vez. Simultáneamente, las excesivas transferencias a las autonomías, que empezaban a reclamar lo que sin demasiada justificación se le concedía a las mal llamadas “nacionalidades históricas”, Cataluña y Vascongadas, especialmente las relativas a Educación, Sanidad, Justicia y Hacienda, de las que nunca se debió haber cedido nada, más allá de la mera gestión de determinadas competencias, y siempre con los funcionarios nacionales transferidos, pero no quiero extenderme en estas cuestiones, de gran importancia también, que se salen de mi objetivo de hoy. Y tampoco entro en más detalle sobre esa continuidad, sus inicios y complementos en las dos etapas siguientes, porque sería interminable, tal vez le hiciera la competencia a “Las mil y una noches” y seguramente sería mucho menos divertido. Sólo añadiré algo sobre lo que hice alusión un poco más arriba y es que, esa continuidad en las tres etapas socialistas, de mal a peor y a mucho peor, tiene mucho que ver con los dos interregnos del PP, en los que ni José Mª Aznar, con su insólita y merecida mayoría absoluta en sus segundas elecciones, ni Mariano Rajoy, con la suya a la primera, más por hartazgo del “hijo” de González que por méritos propios, hicieron bien sus deberes en los campos educativo, cultural e ideológico. Fueron sin duda, dos etapas de mejora económica y de relaciones internacionales –más la primera que la segunda, creo–, pero ambos, Aznar y Rajoy, insisto, se olvidaron de que la batalla cultural e ideológica también juegan, y mucho, en política.

Y vamos, para terminar, a comentar algo sobre el famoso cuadragésimo aniversario de aquella rutilante victoria electoral de Felipe González Márquez, aquel 28 de Octubre de 1982, que es lo que ha dado pie a este repaso histórico, que nunca viene mal, en especial a posibles víctimas de la LOGSE y nuevas generaciones, menores de 50 y puede que a algunos más longevos, de poca memoria.

No niego que los socialistas, en general, estén en su derecho de recordar aquella abultada victoria electoral, pero no se debería perder la perspectiva de esas cuatro décadas que no fueron para tirar cohetes, como algunos quieren hacernos creer ahora. Pero está feo presentarlo, hace poco, con una mentira, como hizo el presimiente diciendo que era el “40º aniversario de la democracia”. O sea, que para él, los cinco años anteriores, con elecciones generales en 1977 y 1979, no hubo democracia, cuando en las primeras fue en las que obtuvo su escaño Felipe González, entre otros muchos de aquel PSOE.

Pero claro, lo de la mentira, como lo de la ruina “de casta le viene al galgo…”. Si no, recordemos algo de lo que dijo el primero en el acto del sábado: “Hoy conmemoramos y recordamos. Conmemorar es traer a la memoria y cada uno tiene la suya –o sea que, según eso, vale la memoria histórica de Zapatero– y recordar, es hacerlo con el corazón. Las dos cosas pretendo hacer. Traer a la memoria aquello que pasó y sus consecuencias y recordarlo con el corazón. Si lo recuerdo con el corazón, trato de buscar y lamento no conseguirlo –supongo que quiso decir “encontrarlo”, porque buscarlo, aunque miente bastante, no puedo asegurar que no lo hiciera– a este personaje singular que levantaba mi mano en la ventana del Palace, que era Alfonso Guerra y lo quiero tener en esta mano”. Esto último, he leído que “emocionó” a la Sultana andaluza, Susana Díaz, que no faltó a la celebración, al contrario que tantos barones. Pero también dejó González un mensaje, que no sé si captó su sucesor: «Para conmemorar, hay que saber de dónde venimos«, algo que a Sánchez, evidentemente, no le importa y, por último insistió: «Y solo recordar, una vez más, que quienes no saben de dónde vienen, tampoco saben a dónde van«, cuya primera parte tampoco creo que le preocupe demasiado al personaje de la Moncloa. A él, solo le interesa la segunda, va, a quedarse el mayor tiempo posible donde está, como sea, con quién sea y a costa de lo que sea.

 

Los socialistas no se debería perder la perspectiva de esas cuatro décadas. Imagen de DonUNo

«González también mentía y basta recordar, no sé si con el corazón o sin él, aquella otra “promesa” del político sevillano cuando estalló el Caso Guerra»

Para que se vea que no exagero al decir que González también “mentía”, baste recordar, no sé si con el corazón o sin él, aquella otra “promesa” del político sevillano cuando estalló el Caso Guerra, allá por 1990. Lo recuerdo brevemente para aquellos que puedan desconocerlo o lo hayan olvidado. Juan Guerra, hermano del entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, ejercía como “asesor” de éste, en un despacho de la Delegación del Gobierno en Sevilla y resultó que, entre “cafelito y cafelito”, parece que hacía negocios para la causa o “para la casa”, total, una u “no es ná, Chiqui” y si desaparece, “p’os eso”. Y cuando se pidió en un debate parlamentario la dimisión del vicepresidente, su jefe, González, lanzó el órdago y prometió que si dimitía Alfonso Guerra se iría él también, con aquella frase que se hizo famosa: “Dos, por el precio de uno”. Se paró el golpe, de momento, pero, al final, en Enero de 1991, Alfonso Guerra dimitió y ¿qué paso? Pues que Felipe González se “olvidó” de su promesa, siguió como presidente y llegó otro vicepresidente, el pianista Narciso Serra, hasta entonces ministro de Defensa que no sabía lo que era vestir el caqui de la milicia, porque no había hecho el Servicio Militar, entonces obligatorio salvo excepciones, no siempre justificadas, del que sus biógrafos buenos dicen que fue “el encargado de democratizar y modernizar las Fuerzas Armadas”, de lo que no tengo constancia. Y, en ese mismo acto de celebración, ¡qué fiesta sin la tía Juana!, el presimiente Pinóchez volvió a dejar constancia de su nivel cultural. Esperanza Aguirre, se lamentaba también, en Twiter, de que Alfonso Guerra no hubiese estado en la celebración porque, decía que “El sí conoce la poesía de Jaime Gil de Biedma y se hubiera revuelto en su asiento al escuchar a Sánchez atribuir su poema más famoso a Blas de Otero”. Recordemos, “desde el corazón” por supuesto, que ya había confundido a Fray Luis de León con San Juan de la Cruz o que había hecho nacer a Antonio Machado en Soria, el poeta sevillano que recitaba: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla…”. Y es que, como dijo González, “memoria, cada uno tiene la suya”.

Termino con una frase de George Orwell que decía que “En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. Pues eso, valga esta máxima suya como símbolo de la libertad de expresión, desde la que comparto mi verdad.

 

 

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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