Discretos apaños electorales. Por Amando de Miguel

Discretos apaños electorales. Ilustración de LInda Galmor: Pactando a la espalda de su partido y de los votantes.

«Se trata de arbitrar miserables componendas con unos y con otros para sostenerse en el poder y ganar las próximas elecciones»

En la España de nuestros desatinos, la acción política promovida por la hueste gobernante se ve obligada a continuos y marrulleros apaños electorales. Es decir, se trata de arbitrar miserables componendas con unos y con otros para sostenerse en el poder y ganar las próximas elecciones. Da la impresión de que ese resultado es el objetivo de tal esfuerzo.

Los trapicheos son múltiples y muy bien pensados. Primero, hay que conseguir un estado mental del electorado próximo a la apatía (por no decir la idiocia) política. Se consigue con dosis masivas de fútbol, lotería, gastronomía, ocio nocturno y eventuales escapadas en los largos puentes. Entretenido el respetable, se encuentra dispuesto a ser objeto de la propaganda, porque, así, se gasta menos el intelecto. Para ello, la banda gobernante se apropia de los medios de comunicación públicos, extorsiona los privados consentidores y se pone a predicar. A veces, también, hay que dar trigo. Para lo cual, diseña un esquema de múltiples subvenciones, descuentos, ayudas, bonos, y prebendas, teóricamente, para los conjuntos más vulnerables. La condición adicional y latente es que los beneficiarios de tanta prodigalidad sean sumisos y serviles respecto del poder. El acuerdo tácito es algo parecido a un contrato tipo Groucho Marx, cuidando de que la otra parte contratante no se percate del engaño. Realmente, consiste en un adelanto para la compra del voto. Es lo que hacían, por lo menudo, los caciques de antaño. Ahora, en gran escala, se requiere que el Fisco, para hacer caja, suba, constantemente, los impuestos.

El diseño de todo lo anterior sirve, sobre todo, para captar el apoyo de lo que, podríamos llamar, “clases populares”, esto es, los que tienen poco o nada que vender, excepto su trabajo, cuando lo tienen. Oficialmente, se etiqueta como “clase media trabajadora”. Sus posesiones son contadas: en el mejor de los casos, una hipoteca, un coche, móviles para toda la familia, tarjetas de crédito, unos ahorrillos, etc.

El problema para la casta de los que mandan es que no parece suficiente la estrategia dicha. Para ganar las elecciones, se precisan dos cosas más.

La primera, ya, está hecha. En España, la cabeza socialista precisa de la compañía del ambiguo Unidas Podemos y de los interesados secesionistas vascos y catalanes. Con esa oferta conjunta (aunque pueda parecer contra natura) debe ganarse el voto de los que podríamos llamar “clase acomodada” o ilustrada; simplemente, es la que suele tener algo que vender. Al estar más politizada, es más difícil que opere la propaganda o la compra del voto. Hay que confiar en algo más sutil. Por fortuna, el asunto viene pintiparado por la misma evolución social. Esos estratos de la “situación” se hallan, ya, cuarteados por una constante erosión de los valores tradicionales. Basta empujar un poco más la trayectoria, para que se pierda del todo el sentido de pertenencia a la nación española. Añádase la trituración de la familia y la erosión del trasfondo religioso. Predíquese la estúpida sustitución del sexo por el género. Rebájese todo lo posible la moral del esfuerzo. El resultado será una mentalidad prona a la tontería del progresismo dominante en el mundo. Ahora, es cuando esos estratos acomodados se encuentran maduros para dar sus votos a la camada que aspira a seguir mandando, disponiendo y gobernando. No le basta con ejercer el poder ejecutivo; aspira a apabullar al legislativo y a suplantar al judicial. Sin comerlo ni beberlo, el sistema democrático ha ido degenerando hasta convertirse en régimen autocrático.

No es un consuelo que, en otros muchos países, tenidos por democráticos, se asista a una curva similar de degradación. No es infrecuente encontrar jefes de Estado o de Gobierno con antecedentes de corrupción política o, incluso, de connivencia con grupos guerrilleros o terroristas. Todo ello, sin mencionar la facilidad de manipular el conteo electoral con los sistemas electrónicos. Es evidente la ventaja del Gobierno de turno. Dispone del inagotable presupuesto del Estado para anticipar los gastos que suponen unas elecciones y las correspondientes campañas. No hay que preocuparse: es “pólvora del Rey”.

El sainete nacional se puede transformar en tragedia, si, como es probable, se convocaran, pronto, elecciones generales. El aciago resultado será que los compinches de la banda que dicta leyes atrabiliarias seguirán ocupando las mismas poltronas. En todo caso, se ampliará el mobiliario.

 

Amando de Miguel para Libertad Digital.

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

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