Ruido de fondo. Por Manuel Artero

Ruido de fondo. Imagen de Netflix

«¿Qué escribiría si fuera español y le tocara escuchar el discurso de nuestros políticos que genera un profundo y enervante ruido de fondo?»

En mi barrio de las Letras en Madrid hay ruido de fondo. Llega desde la Carrera de San Jerónimo, el Congreso o amplificado por los informativos de televisión.  Es un «run run» interior que enerva y que a los vecinos nos hacer mirarnos con desconfianza. No debe tener decibelios y tampoco tengo claro si su intensidad se sitúa antes del umbral de audición o después del  umbral del dolor.  El caso es que proviene de las interesadas y mediocres lidias de los políticos, y más que el tímpano, lo sufre el corazón,  porque mi perra, la pastora catalana, no parece oírlo, ni asustarse con él… No me extraña que la estadística sociológica  confirme que los políticos y su ruido de fondo son uno de los principales problemas para los ciudadanos españoles. ¿Lo han oído? Estoy seguro. Hoy sonará de nuevo desde la televisión que hoy programa en uno de sus canales privados la versión cinematográfica de una gran novela que deja huella.

 

En la novela «Ruido de fondo»  el genial Don Delillo se refiere a él como ese  sonido electrónico que no puede oírse y que, imperceptible, se sitúa en los intersticios de los diálogos  televisivos. Un sonido que lentamente lo pervierte todo con la maligna fuerza de un vudú contemporáneo.

Los dos dos principales protagonistas, el profesor universitario Jack Gladney y su compañera Babette, comparten hijos, un hogar burgués en el Medio Oeste norteamericano y un profundo miedo a la muerte. Gracias a ellos, el novelista elabora una sugerente fábula sociológica sobre la sociedad moderna y el progreso de las tecnologías. Ella le pregunta en una ocasión: «¿Era la gente tan estúpida como ahora antes de que existiera la televisión?» Y él no sabe contestar.

La novela rezuma fina ironía al denunciar la vacuidad de la vida burguesa ya atormentada por nimiedades y que solo encuentra gozo al llenar la nevera en el supermercado.  Una cotidianidad invadida por la televisión y la radio, omnipresentes,  y en la que,  un buen y aciago día, una nube tóxica transforma la existencia de los protagonistas por sus nefastas consecuencias. Cuenta Delillo que tras el accidente industrial,  los habitantes de su imaginario pero real mundo, pueden todas las tardes contemplar unas nuevas puestas de sol, majestuosas, reconfortantes y así, poder seguir con sus vidas completamente inútiles ante los desafíos de la existencia.

Martin Amis califica a Delillo como El “poeta de la paranoia”. Y él dice que se convirtió en escritor gracias a su denodado esfuerzo por “evitar un compromiso serio y responsable con cualquier otra cosa”. Paradoja genial de su arte narrativo porque sus novelas expresan, a la perfección, la auto crítica, muy norteamericana por cierto,  del desmoronamiento moral y ético de la civilización occidental.

¿Qué escribiría si fuera español y le tocara escuchar el insulso discurso de nuestros políticos y sus desaires al sentido común, empeñados en generar tan solo un profundo y enervante ruido de fondo?

Manuel Artero Rueda

Manuel Artero Rueda ha dedicado toda su vida profesional a la televisión en la empresa pública RTVE donde, en los últimos veinte años, y después de haber trabajado como ayudante de producción y realización. ha realizado su oficio de periodista como reportero en el programa Informe Semanal, para el que ha realizado mas de trescientos reportajes. Licenciado por la Universidad Complutense, es autor del libro "El reportaje para televisión un guiño a la noticia" , un práctico temario con el que ha impartido clases tanto en el Instituto Oficial de RTVE como en el máster de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Desde el ERE inventado por Zapatero para TVE, dedica su esfuerzo y trabajo esta "La Paseata" un sencillo blog personal que con el paso de los últimos años, se ha convertido en una modesta revista electrónica en la que colaboran un grupo de amigos a los que une el amor a España.

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