
«Estoy leyendo estos días, numerosas, opiniones y artículos acerca de las famosas y estúpidas, por la forma de llamarlas, Soluciones Habitacionales»
Estoy leyendo estos días, numerosas, opiniones y artículos acerca de las famosas y estúpidas, por la forma de llamarlas, Soluciones Habitacionales, acerca de lo que toda la vida se ha llamado un lugar para vivir. No hay duda de que en la actualidad algunos precios son de una cantidad astronómica, tanto para alquilar, como para comprar.
No sé quién tiene la culpa de esto, máxime cuando los sueldos no van en proporción. Recuerdo cuando en el año mil novecientos ochenta y ocho un tío mío, primo de mi madre que vivía en París y que era jefe de motores de Renault en Francia, me preguntó cuánto ganaba. Le dije que entonces tenía un sueldo, recién ingresado de ayudante de realización en el CT de Valladolid de TVE de ciento diez mil pesetas, bueno, comida pagada aparte por jornada laboral de mañana y tarde. Se quedó muy asombrado, hizo unos cálculos, comparando mi profesión con un operario de la misma o parecida responsabilidad en su compañía en Francia y se quedó muy sorprendido. ¡Tan poco cobras! En Francia en un cargo similar de responsabilidad, cobrarías casi ciento setenta u ochenta mil pesetas, más o menos al cambio.
En aquella época aquella reflexión no me hizo plantearme ninguna duda con respecto a mi futuro, pero ahora, al correr de los años, me doy cuenta de que efectivamente mi sueldo no era precisamente para tirar cohetes, probablemente sí desde el punto de vista Español, pero desde luego, no desde el Francés. Pero con este dinero que ganaba y con otra parte que ponía mi hermana, compramos entre los dos un apartamento en Madrid, por indicación de mi madre, que sí tenía visión para el ahorro y acabamos de pagarlo unos años después.
Lógicamente el apartamento estuvo alquilado mucho años para poder acabar de pagar la hipoteca. Cuando volví de Valladolid con unos treinta y ocho años, ya casado, entre a vivir en él, a la espera de poder comprar una casa en Madrid. Esto resultó imposible, lógicamente, aún teniendo dos ingresos el mío y el de mi mujer. Así que de acuerdo con mi hermana vendimos la casa que teníamos a medias y cada uno se llevó su parte. Esto le permitió a ella pagar parte de su casa en Palma y a mi parte de la mía en Villanueva del Pardillo.
Aún sigo pagando una hipoteca que hoy día es pequeña pero que no baja de los trescientos cincuenta euros, por dicha casa. El apartamento estaba valorado en la época de su venta, teniendo solo sesenta metros cuadrados en cincuenta millones de pesetas y recuerdo que en Madrid, la casa más barata, por la zona del río estaba valorada en noventa millones. Nada que hacer. Tuvimos que abandonar la idea de vivir en Madrid y acabamos en un pueblo pequeño de la comunidad. Aquí sí pudimos pagar lo que pedían de hipoteca.
Hoy en día la gente se queja del precio de las viviendas, pero no comprenden que siempre ha sido caro, por H o por B. Es muy cómodo no querer dejar de vivir en el centro de la capital o de las grandes ciudades, pero si alguien quiere tener una propiedad, a lo primero que tiene que renunciar es esa comodidad de estar en el centro de huracán de amigos y familiares, de las calles de toda la vida. Uno tiene que agachar la cabeza y comprender que todos nuestros antecesores a la gran mayoría empezaron así, por lo bajo y luego subiendo poco a poco.
Hace ya unos años que estoy jubilado y todavía estoy pagando la hipoteca de mi casa, la que adquirí hace treinta años. Me queda muy poco para terminar y un año de estos acabaré. Está claro que rico no seré, pero por lo menos, mis hijos tendrán la casa de su abuela y la nuestra de mi mujer y mía, para poder hacer con ellas lo que quieran.
Quiero decir que las casas no las regalan colgadas de un árbol, hay que trabajar y sudar, a veces hasta catorce horas diarias como yo he hecho en algunas épocas de mi vida. Mientras la juventud no entienda eso, vamos que nadie regala duros a peseta, será muy difícil alejar los cantos de sirena de grupos populistas, como los que existen hoy en España. Porque estos creen merecer de todo, por su cara bonita, y no, las casas cuestan, y como decían en la película Fama “Aquí es donde vais a empezar a pagar”.
A mi desde luego me gustaría que fuera de otra manera, pero una persona me dijo una vez, antes de pedir el traslado de Valladolid a Madrid, que no creyera que en Madrid atan los perros con longaniza. «¡Tenía toda la ración del muslo!».
