
«Felicidades Sánchez, lo has vuelto a hacer, lo malo para ti es que tarde o temprano tu grandeza pase a residir en el estercolero de la historia»
Quien gobierna con el único objetivo de dividir a la ciudadanía, utilizando sistemáticamente una guerra civil acaecida hace más de ochenta y cinco años, no es un político decente, por fuerza tiene que ser un ser desalmado y miserable, podría decirse de él que es un hijo de la gran puta, políticamente hablando. Lo que piense de él como persona particular en su ámbito privado me lo guardo, aunque con total seguridad no le gustase oírlo.
Créanme si les digo que antes de poner este calificativo, he rebuscado con ahínco la palabra que defina fielmente lo que este mal encarado embustero viene perpetrando desde aquel infausto día en que fue investido presidente del gobierno, me ha sido imposible.
Si lo que buscaba era afán de notoriedad, justificarse a sí mismo como un simple lacayo de su repugnante ideología, no lo ha conseguido, es demasiado vulgar rastrero y cobarde como para superar a otros grandes indeseables de su misma condición. Si por el contrario lo que buscaba era seguir ahondando en el abismo que separa a unos españoles de otros, mucho me temo que lo ha logrado.
Este politicastro infame ha llegado a definirse como continuista de su ancestro en el cargo, el criminal Largo Caballero, el bien llamado Lenin español. Aquel sujeto que en el infierno esté, provocó, propició y alentó junto a otros mercenarios de la política, la guerra civil española. Ochenta y tantos años después otro socialista ahonda y hurga en la herida promulgando decretos ley, para desenterrar los restos de personas del otro bando, prácticamente olvidadas por ley de vida, con el único afán de ganar una guerra, que los suyos perdieron por goleada hace ahora ochenta y cuatro años. Si Azaña pidió al vencedor “Paz Piedad y Perdón”, Sánchez hubiese pedido miles de kilómetros de ventaja, para poder huir a otro planeta, esa es su verdadera condición.
Exhumar muertos es el recurso del que no tiene valor para enfrentarse a los vivos, máxime cuando su principal obligación reside en procurar que los vivos tengan otro tipo de preocupaciones, que no pasan ni de largo por excavar fosas.
Esta vez ha desenterrado a Primo de Rivera (Hijo), no a Miguel Primo de Rivera (Padre) como dijeron los siervos del inútil monclovita en su cloaca televisiva de cámara, añadiendo la coletilla “dictador”, más que nada por ensuciar la memoria de un español de 33 años asesinado por un gobierno socialista, por aquél entonces en coalición con comunistas y nazionalistas vascos y catalanes.
Con los cargos que imputaron a José Antonio Primo de Rivera, la totalidad del Frente Popular debería haber sido detenida. A esta infamia hay que añadir un juicio ilegal y amañado, una condena dictada de antemano, y una de revolucionarios bolcheviques sudorosos y borrachos, que de un gobierno auto proclamado legal y democrático.
La ilegalidad acarreó consecuencias, como que el pelotón “oficial” fuese sustituido por una chusma de sindicalistas y milicianos, que estos no esperasen a la orden de abrir fuego, y que la distancia prácticamente fuera a cañón tocante. Es más, a los llamados milicianos les gustaba disparar a la cabeza, y ver como reventaban los cráneos, existe amplia documentación fotográfica de estas afirmaciones. José Antonio tenía derecho a morir como una persona, pero fue asesinado por ratas, y las ratas no saben tratar con hombres, por eso son y fueron ratas los que participaron en aquella salvajada.
Felicidades Sánchez, lo has vuelto a hacer, lo malo para ti es que tarde o temprano tu grandeza pase a residir en el estercolero de la historia, si es que Txapote y Otegui te lo permiten.

