La sociedad es todo menos auxiliadora. Por Rodolfo Arévalo

La sociedad es todo menos auxiliadora.

«Me ha costado lo mío, pero he llegado a comprender a fuerza de reveses, que la sociedad es todo menos auxiliadora»

Me ha costado lo mío, pero he llegado a comprender a fuerza de reveses, que la sociedad es todo menos auxiliadora. Es verdad que sí, si te caes y te haces una brecha en la cabeza, cuarenta o cincuenta manos acudirán a recoger tus pedazos para que los sanitarios los peguen convenientemente aunque sea con Araldite.
No se escatima, la pérdida física de un ser humano, parece el no va más de las desgracias y tal vez lo sea, pero no lo es menos, la pérdida de la fe en la humanidad en cuanto al soporte que puedan aportarte tus semejantes cuando tienes herida el alma. La desaparición de tus familiares y amigos, no es considerada como algo que necesite el soporte emocional de los demás, a lo sumo se acompaña de un te acompaño en el sentimiento. Ese sentimiento que desaparece en cuanto salimos del cementerio, todos nos tomamos unas cañas, o unos vinos a la salud del finado. Ya lo dice el refrán del muerto al hoyo… etc.
Cuando desaparece otro ser humano, aunque tenga tanto que ver contigo, como un chino de Cantón, o un esquimal de Groenlandia, se pierde, parte del conocimiento personal de ese ser, el único conocimiento que probablemente no sea inútil, porque está apegado a la realidad de la supervivencia.
Si los humanos en la actualidad perdiéramos por unos meses los medios técnicos y de saber de este siglo, caeríamos inmediatamente en el caos y en un profundo caos pre medieval. Contaríamos los muertos por diversas causas por millones aquí y allá. Se atrasaría el progreso como mínimo quinientos años y volver a llegar al estado actual costaría muchos años. Por eso entender que los seres humanos no pueden sobrevivir solos en esta Tierra, que pude llegar a ser tremendamente hostil, es algo que se debería tener en cuenta a la hora de valorar a los demás. Cada ser humano, por el mero hecho de existir y de incorporar pequeñas informaciones y pareceres, es irremplazable. Visto a una escala global, puede no parecerlo, pero eliminar a cualquiera puede traer unos perjuicios a la cultura, a la ciencia y a la técnica que podrían ser un lastre definitivo que podría incluso causar la desaparición de la humanidad tal como la conocemos.
Salvo los ordenadores conectados en red, nadie tiene el saber total sobre todo. Es más aunque se tuviera esa conexión hay que saber extraer la información y sobre todo saber como usarla. Hay una inteligencia básica de supervivencia, pero con ella nuestra vida no pasaría de depredar animales y vegetales o de ser depredados por otros más fuertes que nosotros.
Cuando se es joven, se piensa en que uno es todopoderoso, dentro de unos límites, pero que casi puede con todo. Esto es falso, para poder con todo no basta un solo ser humano, hace falta un ser humano y todo el bagaje científico, artesanal y de sabiduría de cientos de humanos puestos en fila. Por esta razón deberíamos ser mucho más cuidadosos en el trato con los demás, porque ellos, no son la solución a todo, pero tienen las claves de parte de esa solución a muchos problemas de los que otros carecemos.
Esta mañana me he sentido un tanto solo porque llega un momento en la vida en el que incluso para cambiar una bombilla en un plafón del techo se empieza a necesitar ayuda. La vida, mejor el paso de ella por nosotros no tiene vuelta atrás El vigor de la juventud y la potencia arrolladora de los seres humanos desde los veinte a los cincuenta y tantos años, es algo que todos estamos destinados a perder, es una pena, pero es la realidad. No podemos esconder la cabeza como los avestruces.
Por todo esto explicado es por lo que me ha costado lo mío, pero he llegado a comprender a fuerza de reveses, que la sociedad es todo menos auxiliadora. Es verdad que sí, si te caes y te haces una brecha en la cabeza, cuarenta o cincuenta manos acudirán a recoger tus pedazos para que los sanitarios los peguen convenientemente aunque sea con Araldite. No se escatima, la pérdida física de un ser humano, parece el no va más de las desgracias y tal vez lo sea, pero no lo es menos, la pérdida de la fe en la humanidad en cuanto al soporte que puedan aportarte tus semejantes cuando tienes herida el alma y en cuanto a tu valor como poseedor de saberes.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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