
«Independientemente de los enigmas que presenta El matrimonio Arnolfini y sus distintos análisis, lo que sí podemos afirmar es que es una obra maestra»
El matrimonio Arnolfini es, sin duda, una de las obras más estudiadas en la historia del arte y una de las más representativas de la pintura flamenca del siglo XV, no exenta de controversias y nuevas interpretaciones con respecto a su creación y a los primeros estudios sobre ella.
Su autor, Jan Van Eyck (1390-1441) está considerado uno de los más relevantes pintores flamencos. Trabajó como pintor de cámara para el Duque de Borgoña, Felipe “El bueno” y en algunas obras colaboró junto a su hermano Hubert Van Eyck (1370-1426), también pintor, aunque se conocen pocos datos sobre él. Su lugar de origen fue Limburgo, una zona oriental de Los Países Bajos que constituía una auténtica cuna de las artes en el siglo XV.
La escena nos presenta las figuras del rico comerciante italiano afincado en Brujas, Giovanni Arnolfini y su mujer en una actitud seria, en el centro de una composición simétrica, de frente al espectador, él en actitud de bendecir y ella apoyando la mano sobre su vientre. Según algunos autores representa el momento del matrimonio, aunque es posible que aún no fueran marido y mujer.

Hemos de tener en cuenta que entonces los matrimonios se podían celebrar sin sacerdote, siendo legales, con testigos y la ceremonia podía tener lugar en secreto. Hay diversas interpretaciones con respecto a ello, pero la realidad es que es una escena burguesa que muestra el orgullo de una clase social próspera y creciente en la que además de los diferentes elementos decorativos nos presenta una interesante simbología.
Los Van Eyck despertaron gran interés en su época, sin embargo, su obra en los siglos XVII y XVIII no fue muy admirada e incluso a veces ignorada. Los románticos la ensalzaron y la estudiaron, publicando hasta dos monografías sobre Jan Van Eyck. Destacados historiadores del arte como Erwin Panofsky (1892-1968), gran conocedor de la pintura neerlandesa, nos dejó en su obra Los primitivos flamencos (1954) cuyo título original es Early Neerderlandish painting. Its origins and character, un interesante estudio sobre la obra. El brillante historiador húngaro especialista en Miguel Ángel, Károly von Tolnai (1899-1981) o el magnífico Ernst Gombrich (1909-2001), han estudiado también esta escuela y en concreto a Jan Van Eyck aportando datos e interpretaciones de diversa índole.

En el caso de la figura femenina, se podría pensar que estaba embarazada, sin embargo puede no ser así, debido a la moda de la época en la que las mujeres utilizaban corpiños muy apretados en el busto que se abrían hacia abajo con telas pesadas y muy plegadas, por lo que este detalle podría llevar a la confusión. Esto lo podemos apreciar también en la obra del pintor neerlandés El tríptico de Dresde (1437) donde la figura que representa a Santa Catalina, situada a la derecha del espectador, también causa la impresión de estar encinta.
Independientemente de los enigmas que presenta la obra y los distintos análisis sobre ella, lo que sí podemos afirmar es que constituye una obra maestra por su técnica, su simbología y la minuciosidad en cómo están representados los detalles.
En cuanto a la técnica, la pintura al óleo ya se conocía anteriormente aunque algunos autores la atribuyen a Jan Van Eyck. La Escuela flamenca llegó a perfeccionarla de manera extraordinaria.

La simbología, al igual que en la pintura religiosa, se muestra en esta escena doméstica en muchos de los elementos representados, como se aprecia en el espejo de forma circular en cuyo marco aparecen diez escenas de la Pasión de Cristo, algo digno de admirar si tenemos en cuenta las reducidas dimensiones del objeto en el cuadro. Se han atribuido varias interpretaciones, una de ellas puede ser el sacrificio que requiere el matrimonio.
Este espejo convexo refleja la otra parte de la estancia que no vemos de frente, aparecen las imágenes de dos figuras, una de ellas vestida de azul que se identifica con el pintor ya que en la pared del espejo aparece escrito en una bellísima letra gótica “Johannes Van Eyck fuit hic “ Jan Van Eyck estuvo aquí, acompañado de otro personaje, testigo del enlace.
Incluir este elemento en un cuadro, el espejo que recoge la escena desde atrás, nos recuerda inevitablemente a otras obras como la obra Werl, díptico de Robert Campin, también conocido como Maestro de Flémalle (¿?- 1444) o Las Meninas, la excepcional obra del gran Maestro Diego Velázquez (1599-1660).

La lujosa lámpara de la estancia con una sola vela encendida, símbolo de la presencia de Cristo o la llama del amor, el perro que representaría la fidelidad, tan importante en el matrimonio, el rosario colgado junto al espejo, símbolo de pureza y exhortación a la devoción, que era normalmente un regalo que el novio hacía a su futura esposa, los zapatos de ambos que hacen alusión a la Biblia en cuanto a pisar descalzo el suelo del hogar, lugar sagrado para los recién casados, así como los muebles o la alfombra que muestran la elevada posición social de los retratados, son algunos de los elementos simbólicos que aparecen en la obra.
Todo es absolutamente digno de ser apreciado por su naturalismo extremo y la precisión del trabajo. La minuciosidad es asombrosa en todos los elementos que la componen, el tratamiento de los tejidos, los materiales de los objetos, la piel de los personajes o el pelaje del perro.
Jan Van Eyck mostró su virtuosismo en otras obras de temática religiosa como el Políptico de Gante también conocido como el Retablo de la Adoración del Cordero Místico (1434) que realizó con su hermano Hubert y que bien merece un estudio detallado o La Virgen del canciller Rolin, actualmente en el Museo del Louvre. Jan Van Eyck también realizó magníficos retratos como el Retrato de Jan de Leeuw en el Kunsthistorisches Museum de Viena, el personaje, orfebre de profesión muestra al espectador un anillo que sujeta en su mano, una obra de gran realismo.

La pintura flamenca está hecha para admirarla de cerca, la obra tras varios países a los que ha pertenecido, entre ellos España durante el reinado de Carlos III y robada posteriormente por los franceses durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), actualmente se puede admirar en la National Gallery de Londres donde el espectador quedará fascinado ante la maestría de su ejecución, algo que no deja indiferente a nadie.
El matrimonio Arnolfini, otra muestra excepcional, cautivadora y sublime del arte occidental.

