
«The Searchers es la película de John Ford más sofisticada y emotivamente compleja, en España se tituló Centauros del desierto»
Ford edificó los cimientos del cine estadounidense, basado en la idea de que la psicología de los personajes se muestra a través de su exposición a circunstancias extraordinarias. Una de las grandezas del cine de Ford, es ver como los personajes se colocan en su sitio con una fluidez natural, sin ningún esfuerzo y a la vez con elegancia en sus movimientos.
“The Searchers” (1956), es la película de John Ford más sofisticada y emotivamente compleja, en España se estrenó con el nombre de “Centauros del desierto”, un western que trascendía las fronteras del género y se convertía de forma casi automática en una de las películas más importantes de la historia del cine, coincidiendo con Antonio Gasset que llegó a decir que era la mejor película de la historia del cine.
“The Searchers” surgió en un momento en que los westerns no estaban ya de moda entre “los señores azules” que dirían Canovas, Adolfo, Rodrigo y Guzmán y no fue demasiado bien recibida. Pero su reputación ha crecido con los años y cineastas como Martin Scorsese, Quentin Tarantino, Steven Spielberg o George Lucas la defienden hoy, como una de las obras mayores del cine americano.
John Wayne la consideraba el mejor western de John Ford, yo la considero su mejor película. Una road movie dentro de un western, un recorrido en la búsqueda de la sobrina del protagonista, a lo largo de siete años. La historia de Ethan Edwards, el personaje de Wayne, puede contarse de una manera muy sencilla, como le dijo John Ford a Peter Bogdanovich: “Es la tragedia de un solitario… Es sólo un solitario… Que nunca podría ser parte de una familia…”.
La presentación de la historia es el ejemplo de manual de cómo narrar sin mostrar explícitamente, de cómo utilizar las herramientas fílmicas para introducir a los personajes y exponer sus conflictos. “The Searchers” concluye con un plano idéntico al del principio, ese marco sirve como umbral de regreso a un hogar al que Ethan no pertenece realmente. Una redención a medias para un hombre que muy probablemente morirá solo, pero haciendo lo que creía correcto –esa elegancia al caminar−, la mejor sensación que uno puede tener al morir.
“The Searchers” se adelanta a otra obra maestra de Ford, “The Man Who Shot Liberty Balance” 1962 (“El hombre que mató a Liberty Balance”), nos muestra el fin de una era y la llegada de un mundo en el que no hay lugar para el viejo cowboy. Una película descomunal que no obtuvo en su día el favor de la crítica, ni del público ni de la Academia, pero en definitiva, una obra de arte, por su honestidad, por su habilidad para contar una historia sin complejos, por sencillez en la puesta en escena, capacidad para epatar con el público, fundamentos de una narrativa que se ha perdido a día de hoy. Nadie mejor que Orson Welles lo expresó al ser preguntado por sus cineastas favoritos y sus influencias a la hora de rodar: “John Ford, John Ford y John Ford”.
Los efectos digitales, movimientos como Dogma, el postmodernismo, todo eso puede estar muy bien, pero hay más cine en la silueta de John Wayne en el final de “The Searchers” que en la mayoría de las películas de hoy en día. Como anécdota la del crítico José Luis Guarner, que, en su última noche tras una larga convalecencia por el cáncer que padecía, pidió morir viendo la película de Ford y contemplando a John Wayne abandonando de nuevo su casa y perdiéndose en el paisaje de Monument Valley.

