«Archipiélago Gulag». Por Teresita Ávila

¡Se acabó! ¡Queda usted detenido!

Y no atinas a dar ninguna respuesta, nin-gu-na, como no sea el balido de corderito:

– ¿Yo-o? ¿Por qué?

El arresto es un fogonazo cegador, un golpe que desplaza el presente convirtiéndolo en pasado, que convierte lo imposible en un presente con todas las de la ley.

Y no hay más. Esto es todo lo que somos capaces de asimilar, no ya en la primera hora, sino incluso en los primeros días.

Centellea todavía en nuestra desesperación una luna de papel, un decorado de circo: “¡Es un error! ¡Lo aclararán!”. […]

Nos instruyen y preparan en la juventud para una profesión, para cumplir los deberes ciudadanos, para el servicio militar, nos enseñaban las reglas del aseo, a comportarnos bien y hasta a comprender lo bello (esto último no tanto). Pero la instrucción, la educación, la experiencia, no nos preparan en absoluto para la gran prueba de nuestra vida: para el arresto por nada y para el sumario sobre nada.

  Aleksandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag
Archipiélago Gulag

«La pasividad, la indiferencia de todos, constituye un ladrillo más en el muro de esta cárcel inexpugnable en que puede convertirse el mundo»

Un cúmulo de sensaciones, de incertidumbre y de inquietud, nos tiene atrapados como si nos hallásemos a punto de ser devorados por un maelstrom. Y ya siento darles el día en el par de líneas escritas al comienzo de mi artículo, y en lo mejorcito del inicio de las vacaciones. Pero, a medida que el tiempo pasa, la verdadera condición de cada quién asoma la patita, y la mía, se advierte, ha ido in crescendo hacia lo serio, meditativo, unamuniano incluso —eso sí, a bastante distancia del escritor vasco—. Sin embargo, no me atrevo a aventurar cuál sea la verdadera condición de los demás, de mis paisanos, de mis contemporáneos, de mi círculo más próximo. Sería una temeridad o una osadía pretenderlo. Me guío por lo que observo, lo que leo y vivo a diario. Y la lectura que hago de ese interés, de los pensamientos en que doy, me conduce a presagiar un futuro bastante menos ideal que el soñado por cualquier humanoEnsimismados en los afanes que nos dan de comer o que sirven para evadirnos de las rutinas, entretenidos con los variopintos personajes con que la política de hoy nos ha provisto, no vemos las sombras. Y si las vemos, hacemos mal en no declararlo en alta y tronante voz. Tal vez la conocida fábula de Tomás de Iriarte — que si galgos, si podencos— hubiera de resonar y provocar un cambio de rumbo, aunque el viraje fuese brusco. Mejor tarde que nunca.

¿Y qué tendrá que ver el gulag soviético en nuestras vidas? ¿Por qué se me ocurre rescatarlo y traerlo a estas líneas? ¿No se percibe cómo, cada vez más, el círculo se va estrechando, aprieta y comienza a asfixiar? De la misma forma que gana terreno la cultura de la cancelación, esa expresión que señala y pretende el descrédito de personalidades, profesionales o instituciones que no se avienen a la forma de interpretar las cosas, según el dictado de los tiempos. Y nótese bien que elijo «dictado» a sabiendas, aun en abierta oposición a esa «democracia sagrada» de la que no se permite dudar. La tolerancia, pues, es una práctica que se dice estar en uso, que es lo habitual en cuanto a la norma social. Y en cambio, cuántas veces se leen y se escuchan en nuestro entorno quejas acerca de la ausencia real de diálogo, de la imposición de un lenguaje políticamente correcto, de unos códigos que colocan a los que se avienen a ello en el lado bueno, del progreso, y en la orilla de enfrente a los tachados de «caverna».

Una sociedad sana es exigente en sus formas y en su fondo, y no negaré el sentido utilitario de algo tan obvio. El respeto entre los iguales y los menos iguales —porque las diferencias existen— no significa rebajar a los más indefensos, suprimir sus derechos y opciones que puedan promocionarlos, como bien leímos en Rebelión en la granja cuando pervirtieron la esencia de la revolución con su famoso

TODOS LOS ANIMALES

SON IGUALES,

PERO ALGUNOS ANIMALES

SON MÁS IGUALES

QUE OTROS.

Esa misma identificación molesta con la desigualdad es la que se usa como talismán para acometer proyectos que suprimen la libertad de expresión, primero. Es decir, de las formas al fondo, bajo el amparo de un plan maestro que no ha dejado flecos al azar. Algunos lectores estarán anticipando ya los ejemplos con los que puede ilustrarse esta regresión, este desnivel en cuanto a la ley natural se refiere. Metiéndonos directamente en harina, la encarnizada batalla que libra el feminismo en el mundo actual es digna de un esperpento valleinclanesco: el feminismo defiende un saco sin fondo, una inespecificidad e indefinición que lo ha volatilizado, pues dinamita sin piedad lo que es la mujer. Suprimida de un plumazo su esencia biológica, reducida a un género abstracto, las mujeres tienen que aceptar su pertenencia a una especie de «sopa minestrone» donde todo cabe, y si protestan, lo que obtienen son descalificativos que las relegan a un rincón. Y hablando de relegar, ya hay lugares en los que la práctica de un «retiro» obligado a campos de reeducación es un hecho cierto. China lleva décadas reprimiendo a los ciudadanos incómodos y a ciertas minorías étnicas en la región de Xinjiang (XLSemanalRepresión en China: “En el campo de internamiento estaba prohibido llorar. Si lo hacía, me ataban a una silla de metal”).

No es fácil suponer el regreso del gulag, donde el primitivismo campa a sus anchas. Menos aún cuando uno está perfectamente integrado en el tejido social y tiene éxito, o ha ocupado un lugar destacado en el ámbito de su interés. ¿Que no es posible?… Entonces, ¿dónde encajaremos la “experiencia” vivida por Nigel Farage?… Si no conocen el caso que les traigo, pueden echarle un vistazo a la publicación del medio CAPX que ha sido reproducida por el Instituto Juan de Mariana¿Por qué el bloqueo de la cuenta bancaria de Nigel Farage nos debería preocupar a todos? El exlíder del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) y uno de los principales impulsores del Brexit ha visto cómo, sin explicación mediante, su banco ha cancelado sus cuentas bancarias, y que otros siete bancos le han rechazado como cliente. Por lo que se deduce, existe la posibilidad de que el británico haya sido calificado como PEP, es decir, una «persona políticamente expuesta». Citando la noticia reseñada, en virtud de los Reglamentos Obligatorios de Lavado de Dinero de 2017. Los bancos ahora están obligados a realizar una «diligencia debida mejorada del cliente», con la riqueza y la fuente de los fondos de las PEP. Por razones obvias, las figuras políticas son influyentes. Y, por lo tanto, podrían ser vulnerables a personajes sin escrúpulos que ofrecen sobornos o buscan corromper el sistema. (…)

Esto plantea una serie de preguntas inquietantes. ¿Quién decide si una persona está «políticamente expuesta»? Y ¿qué impide que esta regulación se use para silenciar la disidencia? Y ¿qué impacto tiene esto en el futuro de la política británica, una carrera que cada vez resulta menos atractiva día tras día? No sólo nuestros parlamentarios electos y potenciales deben tener en cuenta su seguridad para poder servir. Ahora se enfrentan a perder la capacidad de adquirir una cuenta bancaria. Además, sus propios miembros de familia están en riesgo.

Ahora existe una evidente capacidad de hacerle la vida imposible a cualquiera que se vea tachado de «disidente» —presentado ante la sociedad como individuo peligroso— y ser expulsado del sistema con un riesgo que excede el límite de lo personal. Volviendo a China, hay notables diferencias, en cuanto a privilegios, entre quienes ostentan la más alta calificación como ciudadanos AAA —descuentos, mejores colegios para sus hijos— o quienes se ven en la posición inferior, relegados a la clase D, equivalente al bono basura. «Y lo pasarán mal hasta para dar un solo paso por la calle». [1]

La pasividad, la indiferencia de todos, constituye un ladrillo más en el muro de esta cárcel inexpugnable en que puede convertirse el mundo. Un lugar hostil, invivible y oscuro en el que una sola palabra, un gesto, un poema, unas formas fáciles de reconocer —en suma— sean la segura ruta hacia un destino que ojalá no nos alcance.

 

Notas______________

[1] https://www.xlsemanal.com/actualidad/20180103/usted-ciudadano-aaa-ciudadano-bono-basura-2.html

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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