
«El Día del Pinganillo, una pantomima para seguir rompiendo España, aprobando algo que el propio PSOE rechazaba hace un par de años»
En esa “fiebre” celebrativa que viene creciendo durante las últimas cinco décadas, en la que me permití incluir hace unas semanas el 17 de agosto como «Día de la HEZ sanchista», un mes después hay que añadir otra “festividad” política más –que ya sabemos lo que a sus señorías les gustan los “festivos”–, el 19 de septiembre, que pasará a la historia como el “Día del Pinganillo y de la Moto GP”, que paso a glosar con sus “efemérides” correspondientes.
Pero antes, un breve recuerdo a otro par de “celebraciones” que se han producido esta semana, el Día del Estudiante en algunos países sudamericanos como Bolivia y Argentina, desconozco el motivo, que tampoco me interesa demasiado, y el Día Internacional de la Paz, otro invento de la ONU para “fortalecer los ideales de la paz, mediante el respeto de 24 horas de no violencia y alto el fuego”, en el que, paradójicamente, si lo que nos dicen los medios es creíble, se celebra con un nuevo bombardeo de Rusia sobre Kiev. Paradojas de la ONU y de la OTRU.
Hecho el inciso, vamos con los que nos afectan en nuestros lares. Primero el del pinganillo, entrada de la hipoteca que quiere firmar el felón Pedro Antonio Narciso PinócHEZ… y otras yerbas, ahora “el cambiante” –de opinión– con el independentismo, incluso incumpliendo el Reglamento del Congreso, cuya sumisa presidente permitía que se hablaran en las lenguas cooficiales antes incluso de la votación de la ley para cambiarlo, aprobada a posteriori.
Otra cosa digna de análisis sería si procede que un desgobierno en funciones –supuestamente habilitado para el trámite del día a día– apruebe por vía exprés, una norma absolutamente prescindible y, desde luego, nada urgente, salvo para los intereses personales del aspirante a presidente de la Tercera República. Pero para el enfermo de la triada oscura, dictador totalitario y sus mercenarios, todo es posible. Ya veremos qué recorrido tiene el recurso presentado por el Partido Popular que, con el que se mancha la toga con el polvo y excrementos del camino, el fiel y nada cándido, salvo en el nombre, Conde Pumpido, al frente del Tribunal “Prostitucional” –como lo llama (y me parece que no le falta razón) un conocido comunicador de las mañanas radiofónicas–, no le veo mucho. No merece la pena dedicar muchas palabras a lo absurdo de esta estupidez fruto del chantaje del fugado en el maletero y compañeros “mártires”. Baste reseñar el innecesario dispendio –se dice que 280.000 €– que se ha hecho, por el momento, para la implantación de un sistema que consiste en que un traductor le diga, en Español, a un español, lo que otro español ha dicho en su lengua cooficial. “Están locos estos hispanos”, dirán, con mucha razón –parafraseando al galo Astérix–, la mayor parte de nuestros vecinos europeos y otros más lejanos. La siempre oportuna Isabel Díaz Ayuso, ha despachado el esperpento con un post sobre la foto de la “cumbre” entre el presidente del PNV –Partido Nunca Veraz–, Andoni Ortúzar, con el prófugo de Waterloo, Carlos Puigdemont: “Y sin pinganillo. En Español del bueno”. Pues eso, una pantomima para seguir rompiendo España, aprobando algo que el propio partido rechazaba hace un par de años en boca de su entonces portavoz, Héctor Gómez, ministro de Industria, Comercio y Turismo en dis-funciones.
Y para completar el esperpento, otro ministro en dis-funciones, el de Exteriores, José Manuel Albares, se apresuró en ir a Bruselas para tratar de convencer a sus colegas europeos de la “conveniencia” –para su patrón, se le “olvidó” añadir– de oficializar en Europa el uso de las lenguas cooficiales españolas: «Explicaré a mis colegas la especificidad del régimen constitucional lingüístico español que lo hace prácticamente único –y además insólito (nuevo “lapsus”)– en la Unión Europea y explicaré que estos idiomas se usan dentro del Parlamento español» –desde anteayer, debió aclarar, pero tampoco había que entrar en detalles–. Tuvo poco éxito, por cierto, pese a su enorme interés en el intento: “Ya lo trataremos más adelante” –la propuesta se guardó en el cajón de los recuerdos–, a la vista de lo cual se arrastró un poco más y mendigó con “Priorizar el catalán –a ver si tratándose de uno solo, colaba–, que lo hablan más de 10 millones de personas” –lo que no es cierto dado que el censo de Cataluña en junio de 2023 no llegaba a 8 MM de habitantes, de los que me atrevería a afirmar que no todos son catalanoparlantes en la práctica–. En cualquier caso, se trataría del 1’5 % de la población de la UE y el 0’1 % de la mundial, o sea, una manifiesta “prioridad” para Europa y no digamos para esa penosa ONU, causante de no pocos de los males de la humanidad. Y para completar el despropósito, se metió en un jardín al despertar con esa ocurrencia los celos del PNV, ante el que ha tenido que desdecirse a las pocas horas. Pero cuando fue preguntado por el acuerdo con Puigdemont y la amnistía, salió por pies: “Tengo que seguir la agenda”, y ahí me imagino a “Malabares” corriendo tras ella sudoroso, por la moqueta. De “bares”, supongo, tras el esfuerzo.
La segunda “efeméride” es la vuelta a la economía de la Moto que defiende el presimiente y su viceprimera “Nadie” Calviño. Pero ahora la moto se nos hace GP –Gran Patraña– después del cambio que el INE –Instituto Nacional de Estadística– ha dado a las cifras de crecimiento del PIB español de los últimos años. Un crecimiento que, “casualmente”, se produce tras la “dimisión” por “motivos personales” del anterior presidente del organismo, Juan Rodríguez Poo, que la ministra lo disfraza dentro de un “proceso de refuerzo”, cuyos cálculos del PIB y del IPC no eran muy del agrado del gobierno. La nueva –agosto de 2023–, Elena Manzanera, se ha estrenado con una revisión al alza del crecimiento del PIB de los dos últimos años. Así, el de 2021 ha pasado del 5’5% inicial al 6’4% y el del 2022 del 5’5% al 5’8%, cifras que justifica el INE por la mayor aportación de la demanda externa, básicamente el turismo, que puede ser, y parece que la revisión se hace de acuerdo con la política europea, que exige estas actualizaciones cuando se disponen de datos más precisos. Pero tengamos en cuenta que esas fuertes subidas de los dos últimos años no son sino el efecto rebote tras la espectacular caída del 11’2% que experimentó nuestro PIB en 2020, sin olvidar que hemos sido el último país que recuperó el del 2019. Tampoco conviene dejar de lado que, pese a esa revisión al alza, nuestra recuperación sigue siendo la tercera peor de la UE y como esas correcciones, también al alza, la tienen que hacer el resto de los países, puede que alguno de los superados nos volviera a pasar. Y ahora la AIReF –Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal– anticipa la desaceleración de la economía y prevé un parón de crecimiento que ya se está produciendo –2’2 % en el primer semestre de 2023–. Todo ello, con una deuda en torno al 110-115% del PIB, completa un panorama desolador que el Banco de España agudiza avisando de que el ahorro va a peor en un contexto de alta inflación y un Euribor muy alto. Y si lo completamos con la deuda mundial, que el INF –Instituto Nacional de Finanzas– cifra en 287 billones de euros (307 billones de dólares) y guarda una relación con el PIB mundial del 333%, la situación es para salir corriendo. El problema es a dónde. Y es que, como decía hace unos días el economista Marc Vidal en su Salida de emergencia con Carlos Herrera: “Nunca se acumularon tantos incapaces por m² de moqueta, decidiendo la vida de la humanidad”.
Pero claro, con ellos no va la cosa y la moto se dispara de acuerdo con lo que recoge Vozpópuli respecto al hijo de la antes citada Calviño. ¿Qué no haría una madre por su hijo? Incluso incumplir el código ético del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), del que es gobernadora, y en el que colocó a su hijo (recién acabado el grado) con un “casco” –en moto conviene ir “seguro”– de 50.000 €, con pluses, libres de impuestos. Y no queda ahí la “generosidad” maternal, sino que, según el mismo diario: “España ha multiplicado por doce su aportación al BERD desde que en 2021 el hijo de doña Nadia fue contratado por este banco público. Entre 2021 y 2023, Calviño ha proporcionado 100 millones de euros a la entidad, casi lo mismo que en los 29 años anteriores, en que se donaron 112 millones”. Desde luego, así se puede decir con toda propiedad que “la economía –de algunos españoles– va como una moto”.
Y mañana… hablaremos de amnistía.

