«El gran teatro del mundo». Por Teresita Ávila

Mortales que aún no vivís

y ya os llamo yo mortales,

pues en mi concepto iguales

antes de ser asistís;

aunque mis voces no oís,

venid a aquestos vergeles,

que ceñido de laureles,

cedros y palma os espero,

porque yo entre todos quiero

repartir estos papeles.

Pedro Calderón de la Barca, El gran teatro del mundo. Auto sacramental alegórico.
El gran teatro del mundo

Un papel no exactamente, un papelón en ocasiones histrionismo puro— se contempla en la escena, en el proscenio, la parte situada más cerca del público. Desde allí, los detalles que no deben pasar desapercibidos son mostrados en toda su magnitud. Cada gesto, cada énfasis, silencio o mutis, se realza y sobredimensiona. El público, entregado, experimenta una comunión con el personaje, una energía compartida que alimenta la sensación de veracidad. Somos —por más que no queramos verlo— los verdaderos protagonistas de la historia. Desde muy arriba, una mano experta, un autor, una conciencia —quién sabe— maneja los hilos invisibles que sostienen a unos títeres de carne y hueso ansiosos por recibir su premio.

El Show de Truman

No caigamos en la trampa. Que no nos distraigan los altos coturnos con que se calzaban los emperadores de Bizancio en las tragedias. La vida como teatro, como ficción, es un tema que viene de lejos [1] y que forma parte tanto del paisaje literario —por citar algunas obras de diferente época, La República, en donde se halla el mito de la caverna de Platón; y Niebla, de Unamuno—, como del ámbito musical conocido por muchos —por ejemplo, la famosa canción de La Lupe y otra, más reciente, de una artista de primer nivel, Elena Greandia— y también del cinematográfico —en formatos más o menos serios como El Show de TrumanMatrix y la divertidísima Free Guy—. Tenemos, pues, una larga tradición que aborda la incómoda cuestión entre esa dicotomía ‘realidad’ frente a ‘ficción’. Estamos, por lo tanto, más que familiarizados con la cuestión. Entonces, mi pregunta es la siguiente: ¿Por qué apretamos las ligaduras que nos mantienen vinculados a la mentira?…

La Lupe. Puro teatro

Hoy se muestran abiertamente dos cosas: el caos reinante —bien es cierto que no exclusivo de nuestra época— y el desorden mental —al que por todos los medios se intenta conducir a un público pasmado, entregado a los usurpadores de la verdad—.  Ese absoluto y total descaro revela sus nada bienintencionados objetivos. Hay un disfrute, un regodeo en todos sus actos que desborda lo patológico. Y de esto se deriva una perplejidad creciente que intenta acomodar el disparate a unas estructuras racionales en las que, por muchas vueltas que le demos, no encaja: esas extrañas alianzas políticas, los obstáculos incomprensibles que surgen en los momentos clave, los escenarios que agitan los medios, el foco siempre atento para iluminar, para sorprender… Todo ello rebasa los límites admisibles. Y de hecho, resulta excesivo y difícil de creer que la comedia pueda involucrar a miles de actores —los extras cooptados por las agencias de esa inmensa producción que lleva al plató, secuencia tras secuencia, la más inabarcable y extraordinaria obra jamás mostrada—.

Las losetas amarillas

A pesar de ese lógico asombro, en nuestra memoria permanece aquel famoso sendero de losetas amarillas que la niña Dorothy y sus acompañantes recorrieron hasta llegar a la Ciudad Esmeralda. En ella, oculto tras el telón, el temible y poderoso mago de Oz no era más que un hombre corriente y moliente que solo había utilizado recursos baratos para subyugar a la población entera. Deshecho el encanto, los personajes recobraron la ilusión al comprender que, en el solo movimiento de la voluntad propia, en el hecho de adueñarse de su papel, consiste el elemento impulsor de la ansiada recompensa.

Nuestros figurones de pacotilla —primeras figuras se creen, figurantes a lo sumo— alardean de sus posiciones que les permiten orillar las incomodidades que afectan a los demás tales como una larga lista de privilegios [2] que incluyen, extraoficialmente, la prescripción de delitos [3], garantizar que las causas sean archivadas [4], e incluso presionar a los Tribunales [5], eso sí, apelando en todo momento a la transparencia, a la ‘democracia’ y al ejercicio inmaculado de la Ley.

Asimismo, las más altas funciones de representación quedan en absoluta evidencia con ejemplos sonrojantes, donde la falta de preparación exhibida sin pudor por los cargos y cargas recuerda a aquellos famosos e irónicos versos del genial Fénix de los ingenios, Lope de Vega. Que no se diga de ellos que carecen de ‘kultura’ o de sentido del humor:

y escribo por el arte que inventaron

los que el vulgar aplauso pretendieron

porque, como las paga el vulgo, es justo

hablarle en necio para darle gusto.

«Lamento el desasosiego que pueden causarles mis palabras. El miedo escénico nos afecta a todos en cierta medida»

Y discúlpenme, estimados lectores, por citar este artículo mío «La edad de la inocencia» en el que le daba un repaso a la importancia de las formas, al protocolo, al saber estar, como signo civilizado de respeto hacia la sociedad y hacia uno mismo. Pero, como reza el conocido dicho: con estos bueyes hay que arar. Así, y vestidos de tal guisa, se presentan delante del respetable —que paga a la chita callando sus necias actuaciones, como escribió Lope— en las grandes ocasiones, mostrando con su descuido deliberadamente previsto lo muy poco que les importa que se revele el truco. Por recordar alguno de los casos más llamativos, el de Pilar Llops vestida para matar— en la extraña ceremonia de homenaje a las víctimas de la pandemia del coronavirus; las elecciones fallidas de la Embajadora de España en la Santa Sede, Isabel Celaá, en el funeral de Papa Benedicto XVI; aún en la retina, el traje del emperador Sánchez, que no estaba desnudo, sino arrugado y, por si fuera poco, parecía prestado. Y para terminar este desfile de modelos, han sido tan numerosas como inolvidables las apariciones de la presidenta del Congreso, Francina Armengol. Apiadándose de ella, la noticia indica que «ha refinado su estilo». Se nota.

 Y junto a ello, por si fuera poco, esos terribles desprecios a la bandera, colocada boca abajo en la recepción que tuvo lugar en Rabat el pasado año, que fue una sonadísima noticia recogida en los medios, entre los cuales destaco el diario ABC¿Qué significa que Marruecos colocase la bandera de España boca abajo?

Lamento el desasosiego que pueden causarles mis palabras. El miedo escénico nos afecta a todos en cierta medida. Pero, como cantan The Smashing Pumpkins en Bullet with butterfly wings:

A pesar de toda mi rabia, sigo siendo solo una rata en una jaula. (Despite all my rage, I am still just a rat in a cage).

Mejor hacerle frente que permanecer en la ignorancia.

Telón.

The world is a vampire, sent to drain

Secret destroyers, hold you up to the flames

And what do I get for my pain?

Betrayed desires, and a piece of the game.

(TraducciónEl mundo es un vampiro, enviado para desangrarte./ Destructores secretos, te mantienen sujeto a las llamas./ ¿Y qué recibo yo, por mi dolor?/ Deseos traicionados, y un pedazo del juegoBullet with butterfly wings, The Smashing Pumpkins)

Notas____________

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/El_gran_teatro_del_mundo#La_vida_como_teatro

 

[2] https://www.20minutos.es/noticia/5145279/0/privilegios-politicos-congreso-diputados/

[3] https://www.eldebate.com/espana/20231009/anticorrupcion-investigo-illa-malversacion-2014-libro-porque-delito-habia-prescrito_144895.html

[4] Dejo una relación de noticias:

[5] Algunos casos sonados:

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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