
«El tiempo pasa por nosotros y aunque nos modifica, no es capaz de modificar nuestra esencia: De la vida, la muerte y el Año Nuevo»
¿Para qué nos vamos a engañar, pedirle al año nuevo bendiciones y parabienes solo es un despropósito más de esta vida que arrastramos? Desde que tengo consciencia solo he podido constatar que de cada diez años, uno cumplirá tus expectativas de futuro, el resto pasará de ti como de la… Es normal, el año, el pobre no tiene más que estar, es un tiempo fijo que transcurre entre un pasado presente continuo. Es una ficción que inventamos viviendo entre dos periodos de tiempo que hemos dado en llamar Enero a Enero del siguiente año.
Lo único real es el momento el instante en que estamos inmersos ni un milisegundo antes ni un milisegundo después. Es como en la mili, un segundo antes de la hora, no es la hora y un segundo después de la hora, tampoco es la hora; la hora es la hora.
Hablar a nuestro interior pidiendo al año nuevo alguna cosa solo es una estupidez, salvo que tengamos las herramientas morales, psicológicas o materiales para obtenerla. Desde que tengo uso de razón, todos los años nuevos he brindado por un futuro que creía poder controlar y solo he obtenido un futuro, que por el contrario me controla.
Esta es la razón por la que a Papá Noel, este año no le he pedido nada de nada, es lo suficientemente inteligente como para saber lo que más me conviene. Espero que no se insinúe con un regalo de colonia o perfume, porque si es así, pensaré que me hace un desprecio, diciéndome que de habitual huelo a cerdo o muy mal. Al parecer a los anunciantes, que publicitan en Navidad, les da por anunciar perfumes y colonias, como si el resto del año estos artículos fueran un bien de lujo. Y sí, de lujo deben ser, prueben a ir en el metro a la hora punta, para que se les pongan los pelos de punta por algunos olores que emanan de otros humanos, que incluso podría ser uno mismo, que no está privado de la condición animal, por muy racional que uno sea.
Es en esos momentos tan aciagos de la vida cuando se es consciente de que lo mejor que puede uno hacer al final de sus días es volver al polvo del que salió, casi pidiendo perdón por haber sido un ser que se descompondrá para agravio de sus semejantes. Dicen que la muerte no es el final y que el alma o lo que entendemos por alma sigue viviendo fuera de nosotros al terminar la vida en el cuerpo que nos han dado. Yo no lo tengo claro, porque a ver, antes de nacer, o el la primera infancia no tenemos consciencia de nosotros mismos es algo que vamos adquiriendo según vamos creciendo física e intelectualmente.
Por decirlo de alguna manera el tiempo pasa por nosotros y aunque nos modifica, no es capaz de modificar nuestra esencia, aunque sí lo es de hacernos ver que para la carne y las cosas que la rodean el tiempo pasó. Y pasó veloz, que es lo peor. Hay quien dice que en el momento de la muerte, toda nuestra vida pasa por nuestro recuerdo como una película. En mi caso no debe de ser una producción de los mejores años de Hollywood si no más bien alguna astracanada.
No, no estoy orgulloso de lo que ha sido hasta ahora mi vida e intento cambiarla, pero siempre me doy con mi realidad, mi forma de ser, mis nervios y mi arco de Sagitario. Siempre ando disparando alto y claro pero la mayor parte de las veces las flechas no llegan por efecto de fuerzas colaterales y de rivales que pretenden llegar al mismo lugar que yo. Desde que Zoé Martínez Valdés elogio mi novela El Bosque de Euxido, parece que las cosas, al menos a nivel intimo han cambiado, me siento reconocido por alguien que tiene un lugar ya consagrado en la literatura y esto es muy importante, porque desde entonces confío más en lo que escribo, es como un soporte sentimental que es muy útil cuando uno no tiene referentes cercanos.
Nadie es profeta en su tierra se suele decir y parece que es verdad. Y es por todo esto que si tengo que pedir algo a Papá Noel este año, solo le voy a pedir felicidad, salud y alegría para mis amigos y familia y si de rebote le queda algo, pues para mi también y sobre todo que me de fuerzas para seguir haciendo lo que hago, escribir novelas, buenas, mediocres o malas, yo no lo sé, uno es muy mal juez de sus propias obras.
Veremos como se presenta este año pequeñito, que se supone nace inocente de dos mil veinticuatro. Aunque el mundo está tan maleado que ojalá pueda este recorrido por los doce meses llegar al dos mil veinticinco sin problemas dignos de ser reseñados. Difícil lo veo ¿para qué nos vamos a engañar, pedirle al año nuevo bendiciones y parabienes solo es un despropósito más de esta vida que arrastramos? Desde que tengo consciencia solo he podido constatar que de cada diez años, uno cumplirá tus expectativas de futuro, el resto pasará de ti como de la… Es normal, el año, el pobre no tiene más que estar, es un tiempo fijo que, transcurre entre un pasado y un presente continuo. Es una ficción que inventamos viviendo entre dos periodos de tiempo.

