
«Con la entrega de Pamplona se levanta el telón y vemos que de España no quedan ni las letras, y si no hacemos algo los españoles, no va a quedar ni el telón»
Yo he vivido en Pamplona, ciudad universitaria de gran prestigio, y con uno de los hospitales privados más valorados en todo el mundo.
Siempre el nacionalismo y el terrorismo han intentado meter sus zarpas diabólicas en esta ciudad, y nadie nunca se lo había puesto en bandeja como Pedro Sánchez.
El presidente del gobierno ha hecho realidad la ensoñación del PNV y ETA que es la anexión de Navarra al País Vasco para convertirla en la cuarta diputación foral vasca.
No es en absoluto una casualidad que las tres provincias vascas gocen de tanta autonomía fiscal en ese territorio y que allí la gestión de los impuestos, que son todos, esté repartida entre las tres provincias en vez de centralizada en un solo órgano.
Ya se que algunos me diréis que el concierto es una tradición vasca, pues es mentira, pues lo que es histórico son los derechos forales de Vizcaya principalmente y de Navarra, pero por separado y nunca juntos como tienen ahora los nacionalistas vascos.
Por lo tanto se puede decir que se ha reconvertido el modelo foral en concierto económico, para nada más y nada menos que facilitar la incorporación en su día de Navarra al País Vasco.
¿Y por qué quieren los nacionalistas absorber Navarra al País Vasco?
Pues muy sencillo, Navarra es esencial para un País Vasco que tuviera la oportunidad de convertirse en Estado independiente ya que el viejo reino dotaría al conjunto de la suficiente entidad como para ser viable en términos económicos y políticos.
Los socialistas quieren imponernos el régimen confederal que ansían los separatistas a cambio de que éstos les redondeen la mayoría que les permita pacer en el presupuesto. Para ello ya han entregado un primer trozo de pastel, Pamplona.
Cederles ahora Pamplona, la capital imaginaria de la Euskal Herria ficticia en cuyo nombre ETA asesinó a 853 personas e hirió, extorsionó, secuestró u obligó a exiliarse a decenas de miles, culmina la degradación de un proyecto socialista cuyo único objetivo es mantenerse a toda costa, sin pararse a reflexionar en las consecuencias gravísimas que tienen sus concesiones.
A veces me pregunto si realmente jugarme la vida contra estos que ahora gobiernan Pamplona gracias a Sánchez mereció la pena. Se me cae el alma a los pies viendo como los etarras que asesinaron entre otros a mi abuelo Javier han ganado, y nosotros las víctimas del terrorismo hemos sido humilladas por aquellos que nos tenían que haber defendido. Para mí, no ha merecido la pena jugarme la vida visto lo visto, pero tampoco me arrepiento porque hice lo que debía.
Los etarras han ganado gracias a las cesiones de todos los gobiernos de España, culminando esta traición con el narcisista Pedro Sánchez. Porque esta derrota de España se ha cocido a fuego lento, con cesiones a sus enemigos poco a poco y traicionando a nuestro país, como si aquí nada fuera lo que realmente es, que no es, ni más ni menos, que quitar poco a poco cada una de las letras de España hasta hacerla desaparecer como país sin que parezca que es así.
Ahora se ha levantado el telón y se ve que de España no quedan ni las letras, y si no hacemos algo los españoles, no va a quedar ni el telón.
Sánchez ha vendido España a sus enemigos. España tiene que despertar e impedir que esta degradación moral y política y que estemos en manos de sus enemigos siga siendo la tónica general del cauce de este país.
Despierta España.

