«No se necesitan sesos para ser bueno. A veces me parece que es más bien al contrario. Casi nunca un tipo muy listo es un hombre bueno».
«Quizás todos tienen miedo de todos los demás en este condenado mundo».
«A veces se pone uno a pensar, y no tiene a nadie que le diga sí o no. Quizás, si ve algo, no sabe si está bien o mal. No puede preguntar a nadie si también ha visto lo mismo. No puede hablar».
«Muchas veces lo he visto: un hombre habla con otro, y no le importa si éste no lo oye o no lo comprende. La cuestión es hablar o, incluso, quedarse callado, sin hablar. Eso no importa, no importa nada…El caso es poder hablar».
John Steinbeck, De ratones y de hombres

«Los verdaderos dirigentes y sus lacayos políticos han asumido la tutela ‘legal’ de esta sociedad infantilizada que se echa a sus pies»
Ahora que despedimos un año exigente, y ustedes pensarán que todos los años vividos lo son, es hora de ajustarle las cuentas y poner en la balanza el peso, la medida exacta, el valor añadido que se le haya otorgado a este periodo que se nos hace fugaz. Diré, en mi caso particular, que lo mejor ha sido encontrar un gran equipo y un hueco en estas páginas, en una puerta nueva que se abrió para mí en abril y, como la lluvia de primavera, hizo florecer unos cuantos artículos en los que he dejado vertidas inquietudes, pensamientos y, siempre, un afán por mover el mundo con humildad, con mi pequeña palanca. Cada uno de ustedes, de nosotros, es la pieza fundamental de un proyecto gigante que la rutina de la vida impide que abarquemos con la mirada profunda de la introspección. Se nos arrebata el tiempo con el estruendoso ruido de los ‘petardos festivos’ unas veces, del fragor incesante de las guerras tristes, innumerables, muchas otras. Difícil no prestarle atención y permanecer en silencio —como Jacinto San José en la Parábola del náufrago: Por la mudez a la paz—. Más que nunca, tal vez orar.
Es la nuestra una sociedad a la que se le ha incrustado machaconamente la idea de lo superficial, de vivir instalada en una perenne adolescencia, de hallar sosiego en la lisura de una existencia sin los vaivenes que forjan los caracteres de mayor calado. Sometidos a una deliberada vulnerabilidad, con las capacidades cada vez más visiblemente disminuidas a través de la jibarización de la enseñanza, por ejemplo, el resultado es una generación de adultos desentrenados en lo que le sería propio a su naturaleza. Esa huida constante de su destino no impide que este les lance el guante, a destiempo, y los halle con gesto sorprendido. No estaría mal echarle una ojeada a algunos estudios antropológicos que tratan con la oportuna perspectiva el tema del paso de la niñez a la adultez [1] o que abordan la etapa de la adolescencia como algo propio de la cultura occidental —haciendo referencia al famoso libro de Margaret Mead, Adolescencia, sexo y cultura en Samoa [2]—.
El catedrático Carles Feixa, en el prólogo de su libro Antropología de las edades [3] escribe:
Una de las claves de la aproximación antropológica a la edad es su consideración como construcción cultural. Todos los individuos experimentan a lo largo de su vida un desarrollo fisiológico y mental determinado por su naturaleza, y todas las culturas compartimentan el curso de la biografía en períodos a los que atribuyen propiedades, lo que sirve para categorizar a los individuos y pautar su comportamiento en cada etapa. Pero las formas en que estos períodos, categorías y pautas se especifican culturalmente son muy variados (San Román, 1989:130). Pues si no son universales las fases en que se divide el ciclo vital (que pueden empezar antes o después del nacimiento, y acabar antes o después de la muerte), mucho menos lo son los contenidos culturales que se atribuyen a cada una de estas fases. (…) Es obvio que la edad como condición natural no siempre coincide con la edad como condición social.
Pues bien, atascados, sin salida en ambas direcciones, por arriba y por abajo, reos de unos fines perversos que han hallado acomodo en la tolerancia al ‘mal menor’ —sin atisbar que ese es, precisamente, el coladero de la vía de agua que anegará los compartimentos estancos— y, además, colaboradores pasivos de un proyecto de ingeniería social implacable, los verdaderos dirigentes y sus lacayos políticos han asumido la tutela ‘legal’ de esta sociedad infantilizada que se echa a sus pies, confiando en las exiguas migajas que las élites tengan a bien cederles, eso sí, a un alto precio.
Entiendo, asimismo, que algunos conatos de rebeldía susciten dudas, cierta animosidad debida a tantos años instalados en una contumaz falta de reacción. Pero maniatados poco va a lograrse. A la vista están las numerosas tácticas de guerra aplicadas con éxito por el poder contra el enemigo más numeroso que jamás haya existido y que curiosamente permanece, como digo, sin cambiar de posición en el tablero. Los movimientos envolventes y por sorpresa, azuzados con las armas de ‘sus’ medios de comunicación, constituyen una eficacísima forma de control. No obstante, las escasas voces de personalidades que poseen un indudable carisma, cuya verdad resuena por encima del ruido ambiental, consiguen abrir un hueco esperanzador. Por eso es nuestra hora, la de hoy y ahora, la que ha llegado para salir de la madriguera y recuperar algo de dignidad. Dejar de ser ratones y hormigas, no caer en la trampa que muestra un queso rancio como cebo. Ponerse en pie, no como bípedos sino como humanos.
P.S. : Hubiera querido, fervorosamente, que este artículo contuviera ‘menos drama’ que otros míos anteriores. También la pena hizo asiento en mi familia a finales de este año. El 13 de noviembre se nos fue el abuelo que siempre traía el pan a casa, lloviera o hiciera calor. Se nos fue el hombre discreto y amable de sonrisa contenida. Deja la huella imborrable que aliviará su falta.
NOTAS__________
[1] Entre otros, se encuentran los trabajos publicados en la Revista Última Década, del Centro de Estudios Sociales (CIDPA):
- Claudio Duarte Quapper: Sociedades adultocéntricas: sobre sus orígenes y reproducción. ULTIMA DÉCADA Nº36, CIDPA VALPARAÍSO, JULIO 2012, PP. 99-125.
- Óscar Dávila y Felipe Ghiardo: Transiciones a la vida adulta: generaciones y cambio social en Chile. ULTIMA DÉCADA Nº37, CIDPA VALPARAÍSO, DICIEMBRE 2012, PP. 69-83
[2] Mead, M.: (1985) [1929], Adolescencia, sexo y cultura en Samoa, Barcelona, Planeta.
[3] Carles Feixa: Antropología de las edades, 1996
