Crónicas circenses. Por Antonio E.

Crónicas circenses

«Que Sánchez era un traidor, se sabía, que era un cobarde, también se sabía, que además de embustero soez y macarra era un sin vergüenza, también»

La historia es rica en sucesos y situaciones provocadas por ciertos personajes de sospechosa condición. Para definirlos certeramente existen los adjetivos, los cuales no siempre se aplican correctamente, bien por cobardía, o por interesada omisión. En el caso que nos ocupa aplicaremos algunos de ellos. Son estos: trágico, hilarante, patético, ridículo, grotesco, humillante, grosero, risible, esperpéntico, lamentable, extravagante, estrafalario, insólito, chocante, y hasta nauseabundo. Les admito que no están escogidos al azar. 

Si ahora les digo que existe una persona en la cual concurren a la perfección todos y cada uno de esos adjetivos, quiero pensar que todos ustedes coincidirían en apuntar el mismo nombre. En efecto, se trata de Pedro Sánchez Pérez Castejón, a la sazón presidente del gobierno de España, y director de una especie de espectáculo circense en el que ¡oh! casualidad, trabajan los mismos miembros del gobierno que preside, y los mismos cargos, que repartió groseramente entre sus más serviles agradadores.  

Triste y lamentable que estemos en manos de un autócrata de esta calaña que, por cierto, es lo que él mismo escogió ser. 

El que vino a luchar contra la corrupción, no dudó ni un solo momento en hacer bandera de ella, la suya propia, y la de todo aquél que le sirviera con exasperante fruición y enfermizo sometimiento a sus planes. El mismo que iba a traer a Puigdemont para ponerle a disposición de la justicia, no tardó ni un segundo en poner su propio cargo político en almoneda, en cuanto vio que le faltaban los mismos votos para seguir en la Moncloa, que los que tenía el tarado del 27-0. 

Que Sánchez era un traidor, se sabía, que era un cobarde, también se sabía, que además de embustero soez y macarra era un sin vergüenza, también era de dominio público. Sus mafiosas hazañas en el PSOE hasta que le echaron, lo demuestran fehacientemente. ¿Algún cretino de su cuerda puede negarlo? Sin duda lo harán, por eso son cretinos. 

Lo que era presumible, pero teníamos que verlo para creerlo, fue cómo le denominó el maletillero Puigdemont. El cobarde pastelero le llamó mierdoso, que, por resumir, define a la perfección al déspota que ha hecho de esa definición, su impronta como presidente del gobierno de España. 

¿Cómo definir si no al que día sí y día también reviste el cargo de ignominia y sumisión, al espantajo que desde el 23-J es dueño y señor del gobierno de España? Convendrán con Puigdemont que aquél que alardea de algo que no tiene, humillándose como un vulgar gusano ante el idiota que le deja seguir respirando, es poco menos que nada, o sea, un mierdoso. Cuando el huido tiene razón, no debemos quitársela. 

Viscosa y repelente criatura, la que deja que un matasiete cualquiera, le infrinja tamaña desconsideración. Lo grave del caso es que el tal mierdoso trate de vengar su minusvalía moral tratando de alardear ante los demás, de lo que él solito perdió hace años: prestigio y dignidad. En su caso dichas ínfulas son tan infundadas como las coartadas que emplean sus asesores, para justificarlas. Retorcido empeño el de los que tratan de embellecer al adefesio, que siempre quiso ser Adonis. 

Grotescas e innecesarias por insólitas, cuando oímos decir a Sánchez desde que es presidente, que la única corrupción que existe es la de los demás, siendo él el mejor y, por tanto, máximo exponente de la corrupción que asola España. Repetirlo hasta la saciedad es tan necesario como oportuno, aunque caigamos en la eterna reformulación de dicha obviedad. 

Para los imbéciles que digan lo contrario, les sugiero que se informen correctamente en medios veraces y libres, dado que su tan cacareada libertad habita en la chequera de su benefactor. Llamar cloacas a las cloacas, es tan justo como necesario, las cloacas de la izquierda extrema son tales por su bien ganada mala reputación. Por tanto, son y seguirán siendo cloacas. 

No me digan que tales comportamientos, los de esta troupe circense, no son cómicos y ultrajantes, trágicos y nauseabundos, grotescos y humillantes, patéticos y ridículos, estrafalarios y chocantes, risibles y esperpénticos, lamentables e insólitos, groseros y extravagantes.  

El gobierno de Sánchez no es tal: es un burdo y lamentable remedo de circo, plagado de medianías, al servicio de un don nadie. Un conglomerado de sobreros obsoletos donde lo único que une a sus miembros es el culto al fantoche, al presumido fanfarrón, al escuálido presuntuoso, al miserable fantasma, al inigualable jactancioso, al deleznable farolero, al superlativo alabancioso al paupérrimo fatuo. ¿Exagero? Ustedes qué opinan. 

Todo lo anterior no supone un insulto, más bien es una definición, la más perfecta que he podido y querido componer, para un tiparraco tan engreído de sí mismo. Sujeto execrable que ha envenenado la convivencia en paz entre españoles. Coexistir no es convivir, que nadie se deje engañar por los falsos monjes de la iniquidad. 

El resto de todo este mejunje, reconvertido en mensaje buenista por la factoría de la Moncloa, escanciado a diario por el Orfeón de Felación Sincronizada, ha sido tramado y creado ad hoc para lamerle los bajos a este fastuoso embustero.  

Con prensa de este jaez se eternizarán las delaciones, los juicios sumarísimos en sus platós y tal vez los paseos nocturnos hasta las tapias de cualquier cementerio, donde la inteligencia y la libertad fueron sepultadas tras ser apuñaladas por el integrismo progresista.  

Vean sus muecas de odio, sus ojos extraviados, sus puños apretados, al comprobar cómo sus artimañas, sus falsas denuncias, no pueden ocultar sus vergonzantes manejos. Que mejor muestra que la de estos nuevos chequistas venidos a menos. ¡Que asco dais!  

Esta es la instantánea actual de España, en manos de un psicópata enfermizo, de un mermado con barretina y de una comisionista enchufada gracias al cargo de su marido. Advenediza consentida, nombrada catedrática por su cónyuge, encumbrada gracias a las bendiciones de una universidad venida a menos, para recreo y solaz esparcimiento de la peor clase funcionarial de la historia. 

El próximo día hablaremos del gobierno, hoy no tocaba. 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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