Hasta aquí hemos llegado. Por Julio Moreno López

Hasta aquí hemos llegado

 Marchemos, hijos de la Patria, que ha llegado el día de la gloria. El sangriento estandarte de la tiranía, está ya levantado contra nosotros. ¿No oís bramar por las campiñas a esos feroces soldados?. Pues vienen a degollar a nuestros hijos y a nuestras esposas”. (“La Marsellesa”. Himno de Francia). 

 Para ser honesto, nunca me han gustado los franceses. Es una de esas percepciones, uno de esos prejuicios, lo reconozco, que no se corresponde con una realidad, una vivencias personales. Es más, he viajado a Francia en numerosas ocasiones, y nunca me he sentido mal tratado. Incluso, he comprobado muy recientemente que cuando sales de París, tan bella y tan fría, los franceses son correctos y hasta amigables. Se puede entender, ya que vivir en la capital del mundo, o ser oriundo de ella, puede hacer que tu ego vaya por delante de tu propia personalidad. 

 

La primera vez que fui a París, además de todo ello, tan solo tenía quince años. Fue en el contexto de un viaje por Europa en autocar. Según nos acercábamos a París, el humor del conductor, llamado Pedro, nunca me olvidaré, se iba tornando tan gris como el cielo sobre nuestras cabezas, así que en una de estas, con la inocencia de la infancia, le pregunté si es que no le gustaban los franceses. La respuesta de Pedro fue “antes le daría toda mi sangre a un perro que una gota de agua a un francés”. 

 

Puede que esta sea la sentencia más contundente que he escuchado en mi vida; lo demuestra el hecho de que 39 años después, aún la recuerde. Y viniendo de alguien que se pasaba media vida en Francia, a esa edad, sin duda es una frase que crea opinión. Este si era un influencer, y no los niñatos de ahora. 

 

Los antecedentes históricos es verdad que tampoco ayudan, pero no es el momento de sentar cátedra. Toda esta reflexión anterior viene a colación porque, últimamente, mi sentir en lo referente a Francia y a los franceses ha virado significativamente. Podría decir que ha sido a consecuencia de un viaje que el mes pasado me ha llevado a recorrer gran parte del país vecino, donde no solo he descubierto, como ya he indicado, a las gentes de de otras regiones y hasta de la Francia rural, pero, aunque es cierto que ha tenido parte en ello, principalmente me he dado cuenta de que en ciertas cosas, que para mí están ganado en importancia, son un pueblo envidiable. 

 

Para empezar, baste el ejemplo del himno Nacional, la Marsellesa, que he citado al principio. Un país que lleva en su himno  la frase “el sangriento estandarte de la tiranía ya está levantado contra nosotros”, es un aviso a navegantes, o a los políticos de turno, de que no se excedan en sus abusos, que siempre los habrá, sin duda, o se pueden abrir los pajares y sacar a la luz las guillotinas que están guardadas como reliquia, pero aún conservan el filo a punto. Que ya rodaron cabezas cuando tuvieron que rodar, pero que los cestos de enea aún esperan su contenido sangriento, si llega el caso. 

 

Si trasladamos el momento socio político y el emplazamiento físico, no hay que olvidar que la ilustración, cuyos cimientos eran la razón, la igualdad y la libertad, fue la base intelectual sobre la que el pueblo francés sustentó su malestar, que iría en aumento hasta desembocar en los acontecimientos de Julio de 1789, concretamente el 14, cuando se produjo el hecho que marca el inicio de la revolución francesa, la toma de la Bastilla. La Bastilla, entonces, solo contaba con siete prisioneros, pero fue el golpe en la mesa que inició un proceso que continua a día de hoy y que se podría definir muy bien con la frase de Abraham Lincoln, casi un siglo después en Gettysburg, “el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.  Una idea tan revolucionaria que le costó la vida un año y medio después. 

 

Créanme. Este viraje en mi concepto acerca de los franceses tiene mucho de envidia. Diría que de envidia sana, pero por su propia definición, la envidia solo puede ser insana.  Y todo ello, porque el momento histórico que vivimos en España está llamando a sacar las antorchas mejor pronto que tarde. Estos desarrapados que han inundado las instituciones, tienen muy claro por donde nos quieren dirigir, o lo que es mas grave, por donde no quieren que vayamos, para perpetuarse como Maduro, como los Castro, como Putin, todos ellos comunistas de manual. Por eso se está atacando a los tres pilares que hicieron que el pueblo francés dijera hasta aquí hemos llegado. La razón, la igualdad y la libertad. Podría poner tantos ejemplos que este artículo no da para ello, pero basten los mas significativos. 

 

 ¿Es razonable que políticos o afines, de todos los colores, se hayan lucrado con la desgracia que supuso para España el confinamiento?. Solo hay que recordar que las mascarillas, según los “expertos”, no eran necesarias hasta que los políticos descubrieron que podían forrarse con ellas. Y nosotros, en pro de la salud, cerrando nuestros negocios a beneficio cero y aplaudiendo en los balcones. Encerrados en casa para beneficio de los que nos vendieron los millones de vacunas que han caducado en los almacenes tras cumplir su cometido de llenar los bolsillos de estos hijos de varios padres desconocidos. 

 

La igualdad, que está siendo pisoteada por este gobierno del slogan, para los que igualdad es que si tu eres una mujer con más huevos que el caballo de Espartero, puedas acceder a puestos que requieren pruebas físicas, quitándole el puesto a mujeres de verdad, nacidas mujer; o que maltratadores acaben cumpliendo condena en cárceles de mujeres, o que hombres obtengan victorias deportivas en deportes de mujeres. Esta es la igualdad que se nos está vendiendo. 

  

De la libertad, por no profundizar, no se puede hablar en medios públicos si no eres de su palo. No puedes usar el coche si no tienes dinero para comprar un eléctrico. No vas a trabajar en según que sectores si hablas mal de la progresía. Si llevas la enseña nacional, eres facha. Si dices que la mayoría de los delitos los cometen extranjeros, eres racista. Si no quieres que tus impuestos acaben en chiringuitos, eres insolidario. Y todo esto con una oposición que no levanta la voz, no vaya a ser que gobiernen dentro de cuatro años, o no. 

 

Quizá ha llegado el momento de sacar las antorchas. Quizá ha llegado el momento de tomar las calles, de devolver el poder al pueblo. Quizá, en lugar de tomates, debamos importar el invento de Robespierre. Quizá ya toca decir hasta aquí hemos llegado. 

 

Y recuperar la letra del himno español, o ponerle una nueva, para poder cantarlo con orgullo, como hacen los franceses. 

“¡A las armas, ciudadanos. Formad vuestros batallones!. Marchemos, marchemos. Que una sangre impura , empape nuestros surcos”. (“La Marsellesa”). 

  

@elvillano1970 

Julio Moreno Lopez

Nací en Madrid en el año 1970. Aunque mi título universitario indica que soy ingeniero informático por la Universidad Pontificia de Salamanca, nunca ejercí como tal. Enamorado del mundo del periodismo y de la literatura, colaboro en diversos medios escritos y en alguna que otra emisora de radio. Ahora, miembro de este proyecto tan bonito de La Paseata. Además, soy autor del libro “Errores y faltas” Y del blog del mismo nombre. En Twitter @elvillano1970.

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