
«Hablamos de transporte, que sí afecta mucho a nuestra vida, por lo que tiene de impedimento, cuando está mal gestionado»
De puente a puente y tiro porque me lleva la corriente. Como en el juego de la Oca, ésta es una buena ocasión para invitar a un juego reunido a una persona que no acaba de cruzar, los charcos. Se mete en ellos y no le importa, cree que ser como el aceite es ¿cómo se dice? ¡molón!, se flota, no hay resbalón. No es del todo cierto, porque la pelota bota y rebota.
Desde un ministerio las ideas y juicios normales, del gentío plural, son difíciles de aceptar. Y las malignas, aunque no lo parezca, se aceptan por epatar al pueblo, aunque sean difíciles de transportar en camiones, furgonetas o cohetes Lunares. Para el tráfico regular, las calles Vallisoletanas se mandaron, sin justificación, de prohibiciones pintar. Esto al parecer se hizo para que atascos y follones no sean impedimento en esa ciudad, por otra parte fácil de transitar. Ha venido a Madrid un personaje de por allí, disfrazado para soplar los vientos, en este caso del Este, no como en la novela de Pearl S. Book en que son y vienen del Este y del Oeste.
Las ideas insidiosas e insultantes solo se pueden acarrear de boca en boca, pero pueden alegremente volar de aliento en aliento denso, de ese que deja sedimento. Vienen también arropadas en vómitos amarillo verdosos que, surgen siempre de bocas de bocazas impertérritos con pelos de calamar o de pelillos a la mar. Alargando los morros de la cara nadie nunca consiguió a la historia pasar, más de uno se despeñó. Resulta tremendo que, como en venganza ilusoria, se pinten las calles de rayas coercitivas, insidiosas e insultantes. Así, insultando, insultando el tiempo va pasando, pero esto podría ser solo otro movimiento del juego político, el de la oca o el de la pintura blanca de tráfico, reguladora, impositiva, obligatoria y hasta obcecada, esa que de política tiene poca, aunque si de poltrona ministerial que, a veces los ignorantes convierten en juego vergonzante e inmaterial.
Para transportar mercancías, no hacen falta Ministerios ni tonterías, bastan camiones, coches, barcos o aviones tener. La figura de un Ministro de transportes se queda sola y obsoleta cuando de su caletre no salen ni ideas para un papelón general. Incluso puede sobrar por al PSOE pertenecer, véase a Zapatero que, fue el primero que paso a tener mejor vida en Dominica República. Aquí por esta España, que no se sabe aún quién parió, sigue lloviendo a raudales y esto siempre está bien antes de las elecciones, aunque no sean estatales, pues amansa a las fieras que puedan existir, entre puentes y autonomías.
Lo estatal es un bien común, ¿quién lo diría? Sobre todo en estos días. Se han forrado más de uno y más de dos, pero no es bueno decirlo porque te atragantas y te da la tos. Si yo fuera un tertuliano, me pondría las botas. Comería sobre algún puente una temporada, porque material de construcción oral hay, no lejos de aquí como pueda serlo Paraguay, sino aquí mismo a la vuelta de la esquina.
Raro será no ver a algún ministro entrando al Congreso en Vespino, porque aunque no tenga problema en aparcar, los tendrá para circular, dado que aquí el Ayuntamiento no ha tendido puentes obligatorios que cruzar. Como en el juego de la Oca, esta es una buena ocasión para invitar a un juego reunido a uno que no acaba de cruzar, los charcos, más bien nos mete en ellos. También él se mete en ellos, pero le gusta y no le importa, cree que ser como el aceite es ¿cómo se dice? ¡molón!, se flota, no hay resbalón. No es del todo cierto, porque la pelota bota y rebota. Desde un ministerio las ideas y juicios normales, del gentío plural, son difíciles de aceptar. Y las malignas, aunque no lo parezcan, se aceptan por epatar al pueblo aunque sean difíciles de transportar en camiones, furgonetas o cohetes lunares. Y de eso hablamos de transporte, que aunque no sea deporte que, es otro tema sin parangón entre españoles, sí afecta mucho a nuestra vida, por lo que tiene de impedimento, cuando está mal gestionado.
