Lugares de Madrid: El Ayupiso. Por Diego Pardos 

La solución habitayusal que yo he llamado ayupiso

«Si la normativa vigente se lo permite, ya tienen ustedes otro interesante sitio para su próxima visita a la Villa y Corte que yo he llamado ayupiso»

Hay que estar muy agradecido al periódico progresista elplural.com por una información de gran interés publicada el pasado martes, cuyo titular es el siguiente: “La comunidad del piso de Ayuso y su novio incumple la Ley de Memoria Democrática”. Por lo visto “en el inmueble hay una placa del Ministerio de la Vivienda de la dictadura y la vivienda social, haciendo así caso omiso a la normativa vigente”. Dejando a un lado la belleza de su redacción, de la gramática y su sintaxis, so pena de caer víctima del llamado síndrome de Stendhal, el artículo nos ilustra muy bien sobre las circunstancias delictivas de esta díscola comunidad de vecinos, ubicada “en el pudiente distrito de Chamberí”. La infracción de marras (artículo equis, Ley de cual, fecha de tal) consiste en no haber sido retirada la plaquita que en su día colocó el Instituto Nacional de la Vivienda, dependiente del mismo ministerio, informando de otra Ley de cual de fecha tal que promovía la construcción de estas viviendas y advertía de sus especiales circunstancias protegidas a la hora de comprar y vender, entre otras. Admite la crónica del diario elplural.com que en el franquismo se levantaron cientos de miles de viviendas sociales, pero que este hecho obedecía -como no podía ser de otra manera- a un “acto de propaganda” y a un “lavado de cara de la dictadura”. 

 

Esas placas son modestas, pequeñitas, y llevan pintadas las flechas falangistas y debajo del yugo una casita que parece del juego del Monopoly. Yo las he visto de varios tipos: Las de tipo “A” están puestas al lado de carteles de calles elegantes y fachas, por ejemplo “Paseo de Fernando el Católico”; las de tipo “B” son las más ordinarias, como la que supongo se mantiene en la comunidad del novio de la presidente Díaz Ayuso ; las hay de tipo “C”, es decir aquellas cuyo emblema ha sido cubierto de pintura, cumpliendo sólo parcialmente la Ley de tal y el artículo cual. Y finalmente las de tipo “D” son las que ya no existen, arrancadas chapuceramente de las fachadas y dejando la poco estética marca del signo de los tiempos. Tiempos los de ahora sin duda mejores y más avanzados, como demuestra el hecho de que se colocaran los enormes cartelones del Plan E del presidente Zapatero antes de acometer el diseño de las rotondas, frente a la intolerable costumbre franquista de atornillar las plaquitas en las viviendas de renta limitada una vez hechas éstas. 

Placas A, C y D

 

Gonzalo Fernández de la Mora, ministro de Franco y académico, en una conferencia pronunciada en 1995 decía: “De grandes obras públicas se arrancan las placas inaugurales para convertirlas en hospicianas y hurtarles su partida de nacimiento. Se intenta borrar un período capital, lo que es una forma de tirar la casa por la ventana y de suicidio histórico”. De unos años antes recuerdo la retirada del escudo de España con el águila de San Juan que adornaba la cimera (y la vidriera del vestíbulo) del instituto Ibáñez Martín de Teruel, cuyo nuevo edificio se construyó en 1950. Le faltó visión de futuro al ministro turolense o a su sucesor (pues yo hubiera colocado el símbolo de la República Dominicana, y ustedes dispensen). A don José acabarían por quitarle también el nombre dando ese otro más aséptico y bonito de I.E.S. Vega del Turia, que es como llamar a un comercio La Garbancita Ecológica. 

 

El comentario más acertado que he podido leer a propósito de la instructiva noticia de investigación periodística que nos ocupa, es el emitido en X (antes Twitter) por doña Carmen Álvarez Vela, sin duda por ser ella madrileña (no sé si también del pudiente barrio de Chamberí, como doña Isabel Natividad) y licenciada en Derecho. Me tomo la libertad de reproducir dicha crítica, con la que -salvo matices- es imposible no estar de acuerdo: 

 

“Jajajajajajajajajajajajajajajaja  kajajakqjajqkakakajakkaakkaajkakakakaka alqlqllaalqlqlqlqmqll qqmqmqlmqmamqmqmqqmmqqmqmamqmqqmqmqmmqmq  amamammqmaamamamqmqaqalalala ñañañqññañañqñañañqñqñqlamqñqñqñqlalañqañqñallalqaññqñqñqñqññqñq”. 

Carmen Álvarez Vela

De modo que, si la normativa vigente se lo permite, ya tienen ustedes otro interesante sitio para su próxima visita a la Villa y Corte: la solución habitayusal que yo he llamado ayupiso. 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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