
«La España contemporánea conoce de sobra lo que ha significado para la ciudadanía la existencia de un movimiento mafioso y criminal, como ETA»
De vuelta a la actualidad cabría preguntar al votante vasco: ¿Qué piensa de una región acostumbrada desde hace cinco décadas al olor del amonal, o cualquiera de los explosivos utilizados para producir matanzas indiscriminadas? ¿Qué opina del tiro en la nuca, o del ametrallamiento a traición para segar vidas de forma tan infame? ¿Qué le parece los secuestros como método para obtener suculentos rescates, sabiendo que algunos de ellos terminaron con la vida del secuestrado? Que pregunten a su amado líder Arnaldo Otegui por ello, sin duda alguna dejarán que sea él el que responda por ellos. De todos es sabido que las ratas no hablan, sólo roen, incluso en algunas partes tienen hasta un portavoz que roen por ellas.
Lo más chusco de todo es cómo ocurrió: centenares o miles de extorsiones millonarias a ciertos empresarios, sirvieron para financiar la carrera criminal de ETA, aunque muchos de aquellos empresarios vieron después resarcidos sus pagos, en base a su fidelidad a unas siglas. El carrusel de las extorsiones convertidas en dádivas cristianas, sólo en una sociedad corrompida desde su origen puede tolerarse tamaña indignidad. Qué decir de una población que festeja la liberación de sus criminales, olvidando sin rubor alguno, el baño de sangre que estos produjeron.
Cuando una región como lo son en este caso las Provincias Vascongadas, en su conjunto, se olvida de estas acciones criminales, deja de ser sociedad civilizada y pasa a convertirse en una especie de pocilga, donde los cerdos se adueñan de la granja hasta sus últimas consecuencias, hasta las ultimísimas consecuencias, conviene no soslayarlo. Este paso ya se ha dado, a la vista está. No está en mi ánimo igualar ambos conceptos, pero bien pudiera ser válido, sobre todo en lo tocante a los cerdos.
De una sociedad idiotizada y pastoreada por quienes desde su más tierno sectarismo fueron marcados por el punzón aranista, sabinianos por obligación, veneración o estulticia, que no saben hacer otra cosa que dirigir las vidas de sus súbditos, que no ciudadanos, nada bueno puede esperarse. De un partido como el PNV, de rancia raigambre racista, no puede esperarse nada coherente ni serio ni responsable, a la vista está. ¿Ha estado guardando la finca a sus dueños naturales? No creo, pero lo parece.
De una sociedad que no distingue entre un sangriento criminal como Otegui, y un simple vaso de agua, nada bueno puede esperarse. Como en otros casos no es mi intención insultar a nadie, tan solo defino el tipo de ciudadano que más abunda en las Provincias Vascongadas. Digamos que respondo a los que insultan a los españoles, yo soy español, luego tengo todo el derecho del mundo a responder a esos bobos.
La España contemporánea conoce de sobra lo que ha significado para la ciudadanía, en su conjunto, la existencia de un movimiento mafioso y criminal, como lo fue, es y seguirá siéndolo ETA. Por muchas plumas que usen para decorar su imagen, siempre será la horripilante y viejuna imagen de la muerte, aunque para el hediondo Sánchez, no son otra cosa que la decrépita y repugnante zorra que le anima a seguir siendo el presidente más ruin y cobarde de la historia de España, de toda ella. Por sus aliados preferentes le conoceréis. Por tanto, no digo nada nuevo de él, sólo defino a mi manera lo que él se empeña en mostrar.
Antonio Ortuzar habla de democracia, en víspera de unas elecciones, en las que algo más de 250.000 vascos, no podrán votar en su amadísima y entrañable tierra, tras haber sido expulsados por las pistolas de ETA y la connivencia del partido reinante. Maravillosa comedia la del nazionalismo excluyente, el cual utilizó desde siempre el terror que sentían los que huyeron de su tierra por temor a sufrir el asesinato civil, a manos de los que eufemísticamente se autodenominan hoy día… demócratas de toda la vida. ¿Qué si me refiero al PNV? Naturalmente que sí.
A los vascos que se fueron de su tierra les dieron a escoger entre el tiro en la nuca y el puñal por la espalda, ellos escogieron libertad. ¿Tuvieron otra opción? Por si algún idiota no se ha enterado aún, o simplemente no quiere recordarlo, hubo años donde para enterrarse en la gran “Euscalerría” había cola, el nazionalismo vascongado en su conjunto, en todo su angustioso y homicida resplandor, regalaba muerte sin descanso. Eso sí, antes de comulgar, por si acaso.
Siempre lamentaré que no se hiciera un uso más habitual del garrote vil, para cercenar la vida de las ratas que demostraron con sus prácticas asesinas su incapacidad para vivir entre personas. En mi opinión, todo aquél que arranca una vida a sangre fría, con premeditación y alevosía, debe pagar con la suya el mal que ha provocado.
El que asesina de la forma tan salvaje y fría a un semejante, merece morir como la rata que ha demostrado ser. No critiquen este sentimiento, los que no han tenido la desgracia de sufrirlo.
ETA hablaba de lucha armada, en la que sólo morían los que tenía enfrente. Ningún gobernante puede dejar bajo ningún concepto que un criminal ande suelto sin haber pagado sus crímenes. En la España de Sánchez y sus autómatas, al parecer sí. Les deben sueldo y prebendas a un grupo de criminales, y a la caterva que les consintió. Huelgan más palabras.
No es cobarde el que se va, sino el que acepta vivir de rodillas ante el que usa la muerte como única arma política.

