
«Esta mañana me han sorprendido los cristales rotos del comercio de mi vecino Arturo. Un pequeño autónomo para el que su escaparte representa toda su capacidad publicitaria»
Esta mañana me han sorprendido los cristales rotos del comercio de mi vecino Arturo. Un pequeño autónomo para el que su escaparte representa toda su capacidad publicitaria, su anuncio en directo a la calle y le proporciona un sustancioso porcentaje de las ventas anuales. Le he saludado y le he preguntado qué si le habían robado y, cabizbajo, me ha contestado «que no, que ha sido, sencillamente, un acto de vandalismo. Una patada o algo así durante la madrugada de hoy».

El problema es, continúa Arturo, que el cristalero me ha dicho hace un rato que tardará mas de un mes en reponer la luna, porque es curva y difícil de conseguir.
Y me acuerdo del francés Frédéric Bastiat que en 1850 nos relató la parábola del cristal roto en uno de sus ensayos divulgadores del liberalismo económico, la libre competencia y el pacifismo, titulado «Lo que vemos y lo que no vemos». Aunque primer vista un cristal roto suponga beneficios para el cristalero que ganará dinero con su trabajo y así podrá comprar, hay que asumir que el vandalismo solo produce pérdidas y «la sociedad pierde el valor de los objetos inútilmente destruidos» y que «la destrucción no es beneficio».
Y así pasa con todas las medidas, tanto sociales como económicas, que deciden nuestros gobernantes aunque en la actualidad no se prodigan los estudios de las consecuencias de esas «acciones» ejecutivas. Aunque entre todos pagamos un montón de asesores e inútiles informes además de innumerables ventanas y cristales rotos. ¿Necesitan ejemplos?


Magnífico #MiDineroloManejoYO
Saludos
Interesantísimo artículo en La Paseata.
Muy bien traído el ejemplo de Bastiat.