
«Mi España es una nación de mil iglesias y catedrales como no ha visto el mundo. Un pueblo formado por muchas culturas y una sola nación que nos hace ser más grandes»
España huele a naranjas, olivares, tomillo y orégano, a mar y viento que hincha las velas de aquello que fuimos y guardamos en el recuerdo de nuestros ancestros.
El compás de los nazarenos, arrastrando las pisadas que cargan el peso de la tradición. Una saeta canta la fe de un pueblo que mantiene su historia mientras el olor del vino cubre el sonido de los brindis entre amigos.
España tiene alma de ruido y alegría de un pueblo que lleva en sus venas la sangre de cien historias.
Las gaitas del norte y el taconeo del sur, con el alma profunda de los campos de Castilla.
Somos una nación de mil iglesias y catedrales como no ha visto el mundo. Un pueblo formado por muchas culturas y una sola nación que nos hace ser más grandes, porque todo lo que se divide se trocea y se pierde.
España es el libro abierto de la historia del mundo escrito en los surcos de las manos de los labradores.
Tierra de marinos con la cara ajada por el sol y la sal, luchando contra el inmenso mar para traer a nuestro hogar el coleto mortal de la pesca luchada contra la galerna.
España es la bravura de un toro cuando embiste y mantiene su nobleza hasta que la vida se le escapa, mientras recuerda su existencia en las dehesas, donde todo le llegaba. Toreros de fina estampa y valor de cien gigantes.
Somos aquello que fuimos y, sin embargo, parece que olvidamos el orgullo y la rabia que venció a imperios.
Sí, la España que llevo en mi corazón palpita en mis recuerdos de aquel hermoso país donde el honor era y debe ser nuestra divisa…
