Con el recuerdo de nuestros muertos los regresamos a la vida. Por Rodolfo Arévalo

Los regresamos a la vida

«Cuando imaginamos situaciones vividas con nuestros amigos y familiares, cuando existían, en cierto modo los regresamos a la vida»

Hay un periodo en la vida de cada uno en el que suelen ocurrir muertes de familiares y amigos alrededor, la mía se ha producido en derredor de los cincuenta y setenta. Es entonces cuando empezamos a ser conscientes de que nosotros también somos mortales, seguiremos ese mismo camino mas tarde o temprano. Morir no es plato de gusto para nadie, los seres vivos tienen el instinto de supervivencia. La negación de uno mismo no la llevamos demasiado bien. Físicamente es la desaparición del cuerpo, que en principio no debiera ser considerado nada realmente importante.

 

Lo importante en los seres humanos, como seres pensantes, es la huella que dejan en otros. Esos seres cercanos o lejanos. No sabemos si el alma existe realmente o no, nadie ha regresado para contar como está, como se siente, o cualquier otra cosa, si es que realmente existe eso que llamamos alma.

 

Cuando pensamos en nuestros difuntos cercanos, no los recordamos generalmente como eran. Podemos tener imágenes de momentos vividos con ellos, momentos compartidos, conversaciones, contacto físico o conexión de ideas, incluso de sensaciones. Todo esto conforma una, digamos, atmosfera etérea de lo que fue un día la relación, ahora ya solo pasado.

 

Es bonito recordar las imágenes, lugares, sentimientos y palabras que únicamente viven en nosotros. Es como si por unos momentos o breves instantes volvieran esos seres queridos a estar aquí, en nuestra presencia. No son fantasmas, no son reales, solo son las sensaciones que teníamos de ellos. Si realmente alguna vez tuviéramos a familiares o amigos presentes ante nosotros de nuevo ¿qué les diríamos, que sentiríamos? No lo sé, pero desde luego nos causarían una ruptura en nuestra lógica. Es algo que nos causaría miedo, terror sin duda. Quizás necesitaríamos toda nuestra locuacidad y velocidad de palabra, porque tendríamos miedo de perderlos de nuevo sin haber podido hablarles, contarles como nos ha ido la vida tras su desaparición.

 

Los muertos no, ellos no tendrían nada que contarnos, y es lógico, dejaron de ser hace tiempo. Pero si lo pienso fríamente, esto no tendría ninguna importancia. Sería desde luego más importante para el difunto resucitado que para nosotros. Porque lo importante para los que lo pudiéramos vivir sería el susto, por inesperado y por su absurdo. En todo caso solo nos causaría terror, no podemos enfrentarnos a algo que no entendemos, por muy bonito que pueda parecer y bien que nos pudiera hacer sentir.

 

Es verdad que muchas veces en el transcurso del resto de nuestra vida tras la desaparición de estos familiares o amigos, hemos deseado volver a verlos, pero afortunadamente para eso tenemos la imaginación. Creo que cuando imaginamos situaciones vividas con nuestros amigos y familiares, cuando existían, en cierto modo los regresamos a la vida, no desde luego desde su propiocepción, sino más bien desde la nuestra. Al ser conscientes de ellos, somos en parte conscientes también de nosotros mismos, por la importancia que tuvieron en nuestras vidas. Pero bueno todas estas reflexiones son absurdas desde un punto de vista real, pertenecen al mundo de la imaginación, el más bonito quizás porque en él las cosas son como desearíamos que fueran y nadie puede cambiarlas.

 

Es por todo esto y porque me han venido al recuerdo mis seres queridos perdidos por lo que he decidido escribir sobre ello, es mi manera de traerlos de vuelta a mi vida para quererlos un instante nuevamente. Piensen en sus seres ya perdidos, pero no de una manera triste, cuando se recuerda a alguien que ya no está en el mundo, seguro que desearía que fuera de manera alegre, amorosa, divertida, o al menos eso pienso yo. Y comencé diciendo, tal vez como escusa para comprenderme, que hay un periodo en la vida de cada uno en el que suelen ocurrir muertes de familiares y amigos alrededor, la mía se ha producido en derredor de los cincuenta y setenta. Es entonces cuando empezamos a ser conscientes de que nosotros también somos mortales, seguiremos ese mismo camino mas tarde o temprano. Morir no es plato de gusto para nadie, los seres vivos tienen el instinto de supervivencia. La negación de uno mismo no la llevamos demasiado bien.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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