Las rémoras del pasado y la inteligencia artificial. Por Rodolfo Arévalo

Las rémoras del pasado y la inteligencia artificial

«Me causa una profunda disonancia cognitiva que se asimile progreso a teorías políticas de principios del siglo XX»

Me causa una profunda disonancia cognitiva que se asimile progreso a teorías políticas de principios del siglo XX. Es notorio y evidente que vivimos en el siglo XXI. No me puedo creer que el personal sea tan bobo, vamos que ni siquiera proteste por este “Sambenito” que llevan colgado a la espalda: “Ser rémoras de pensamientos del siglo pasado”.

 

Decir que progreso son las políticas, absolutamente fracasadas, del origen del anciano siglo veinte, que ya quedó atrás, con sus males y sus logros, parece un juego de bobos televisivo como otro cualquiera. Ya sé que los bobitos y tontitos están siempre rodeando la realidad. Los ilusos votantes de izquierda confían en la buena fe e intenciones de sus dirigentes. Pero resulta mucho más patético, todo esto, cuando el nuevo mundo que emerge en este recién nacido siglo, no dejará títere con cabeza en menos de cincuenta años.

 

El trabajo como lo conocemos en la actualidad tiene los días contados. Y con ello también los sindicatos y toda la prole que arrastran detrás. Imagine, al partido socialista, tratando, mediante inteligencia artificial, de venderte una política igualitaria, que los votantes se vayan a creer. Salvo que el discurso y las bases del mismo hayan sido previamente elaboradas por un ser humano, que pueda usar la sugestión en la modulación de la voz y las ideas, será imposible. Ningún líder sindicalista, ni político puede surgir de ahí. Me parece difícil, muy difícil. Es posible y bastante probable que, los trabajos físicos de precisión que requieran inteligencia humana, mecánica y sin variables en la línea de pensamiento, sobre la marcha, se empiecen a considerar trabajos específicos para robots, pero el resto de ellos empezaran a caer en picado, si el ser humano que maneja la inteligencia artificial, carece de libre albedrío e imaginación, para burlar la lógica que imponga la máquina. Los únicos individuos que podrán salvarse como seres pensantes serán los diseñadores de esas máquinas y sus programas.

 

La única ventaja que tendrán en un futuro los trabajadores humanos sobre la inteligencia artificial, será la capacidad de estos de saltarse las normas, de improvisar, de dar la vuelta a los caminos diseñados y de innovar. Esta claro que si a una inteligencia artificial se le pasa este texto: “Pepe, en su recorrido por el campo encontró una taza…” Pensará que el ser humano ha encontrado una taza, que podrá tener café o no tenerlo, pero es más difícil que pueda salirse de la lógica y pensar que la taza sea una del wáter, incluso con agua y pis en su interior o con agua y aguas mayores también. Si encima a esto se le añade que los seres humanos, precisamente por serlo, que se han acercado a hacer sus necesidades, no han apuntado al interior, no pensará que la suciedad de los desechos puedan estar diseminados fuera de ella.

 

En cuanto a argumentos lógicos, probablemente una máquina se pase a los seres humanos por el eso de sus circuitos, pero es bastante improbable que pueda siquiera acercarse a una mente humana en su capacidad de salirse de los papeles, de romper la lógica y de hacer de su capa un sayo. Estas variaciones que a la flexibilidad de las neuronas humanas pueden producirse cada par de minutos o segundos, es imbatible, hay cerebros que vuelan.

 

Es evidente que todo lo programado por los humanos en esas inteligencias artificiales, sí serán conocimientos a tener en cuenta, pero como mera ayuda, porque lo que es la inteligencia como la capacidad para salirse de la lógica y de los caminos trillados, es algo que nunca podrá poseer la inteligencia artificial, y menos, creo, en tiempo real. Si esto llega a ser así, entonces los hombres nos habremos convertido en Dioses y esta posibilidad no deja de ser preocupante, teniendo en cuenta lo retorcidas que pueden ser las mentes humanas.

 

Es por todo esto por lo que empezaba diciendo que me causa una profunda disonancia cognitiva que se asimile progreso a teorías políticas de principios del siglo XX. Es notorio y evidente que vivimos en el siglo XXI. No me puedo creer que el personal sea tan bobo, vamos que ni siquiera proteste por este “Sambenito” que llevan colgado a la espalda: “Ser rémoras de pensamientos del siglo pasado”. Cuando lo que se nos avecina en el futuro cada vez tendrá menos que ver con nosotros, tal como somos ahora.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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