
«¡Cuánta gente con mala leche, y por supuesto, no muerta sino muy viva, decide subir por la rampa de la maldad!»
No tenía planeado escribir hoy nada de nada, pero he visto de repente la luz, esa que lleva a los moribundos hacia lo que parece que es Dios, la justicia suprema exista o no. Digo que Dios, o básicamente la muerte, es la justicia suprema. Todo el que se ha comportado venenosamente con los demás acabará muriendo con remordimientos, el Diablo, ahora inseparable ya de sensaciones malísimas, acudirá a él, porque en ese momento, se desvelarán las acciones perversas que haya ejercido contra los demás. Y lo peor en la hora de la muerte, te vas con ello, no tiene remedio. ¡Cuánta gente con mala leche, y por supuesto, no muerta sino muy viva, decide subir por la rampa de la maldad! La rampa tramposa que consigue arrebatarle a los demás la confianza en el resto de la humanidad, la justicia, la libertad de mercado y la decencia del resto de mortales.
Vemos continuamente en las noticias de los medios de información, que la cantidad de “okupas” aumenta por días. Es cierto que casi siempre los “okupas” se hacen con inmuebles que pertenecen a bancos o grandes corporaciones, pero es cierto que detrás de esos bancos o grupos, también hay capitales, hasta diminutos de mujeres y hombres nada pudientes que tienen depositado su dinero en esos lugares, incluso sus nóminas de las que tiran mes a mes para pagar sus gastos, esos que no pagan los caraduras que ocupan, por la cara, las viviendas de los demás. Esas viviendas por la que muchos se han dejado años de sudor y trabajo, para poder tener un complemento salarial en tiempos peores. Luego al llegar esos años, acaban siendo conscientes de que la bondad y la solidaridad humana, fue únicamente la suya, que permitió a unos caraduras vivir en un hogar por un precio, que no amortiza la inversión, más que tras muchos años. A veces con mala suerte tienen inquilinos que escudándose en una situación de precariedad no pagan lo acordado. Se dan situaciones perversas, para los arrendadores.
Es evidente que efectivamente hay personas o corporaciones con mucho dinero que pueden tener muchas viviendas y que las usan para obtener rentas. Pero hay otras que usan esa pequeña renta para vivir el día a día. Ante eso “A quién Dios se la dé San pedro se la bendiga”. Personas con suerte, ricos, con más posibilidades que los demás ha habido siempre y no hay porque poner en duda su derecho a haber triunfado en la vida.
Este asunto parece retrotraer a sociedades comunistas, donde el Estado es proveedor de las necesidades de todos. Pero vade retro Satanás, no es así en la sociedades libres de mercado y los que vivimos en ellas tenemos que aceptar que tener una vivienda no es un derecho como se asegura en la Constitución, lo es poder usar una pero hay que comprarla o alquilarla, por la cara bonita nadie puede usar lo que no le pertenece.
Imagine el caos si al salir a la calle, y no tener vehículo de transporte, robáramos cualquiera que encontremos aparcado. Si no se han dado cuenta los demás no tenemos la culpa de la suerte mala o buena que puedan tener otros, y por ende no podemos ser los que carguemos con la responsabilidad de mantener su economía volcar esa responsabilidad en particulares, es una abominación. Puede que haya una obligación social para con las personas que no hayan tenido suerte en la vida, pero en estado de naturaleza no la hay. Afortunadamente la sociedad ha arbitrado mecanismos de ayuda para esos casos, pero no tendría porqué ser a costa de individuos concretos. Tendría que estar contemplado en los presupuestos generales del Estado.
Todos estos casos, de necesidad de ayuda habrían de comprobarse, asimilar a los presupuestos y tratar de corregirlos, buscando trabajo para los individuos afectados. Pero al parecer esto parece ser demasiado trabajo para los gobiernos actuales que manejan los países. Esa es la razón por la que los engaños están a la orden del día. He empezado diciendo que no tenía planeado escribir hoy nada de nada, pero he visto de repente la luz, esa que lleva a los moribundos hacia lo que parece que es Dios, la justicia suprema exista o no. Digo que Dios, o básicamente la muerte, es la justicia suprema. Todo el que se ha comportado venenosamente con los demás acabará muriendo con remordimientos, el Diablo, ahora inseparable ya de sensaciones malísimas, acudirá a él, porque en ese momento se desvelarán las acciones perversas que haya ejercido contra los demás. Y lo peor en la hora de la muerte, te vas con ello, no tiene remedio ya.

