
«El Acueducto de Segovia es una construcción que sorprende tanto por el buen estado de conservación como por la maestría de la ingeniería romana»
Los restos encontrados en los yacimientos del Abrigo del Molino y de San Lázaro que evidencian la presencia de neandertales en tierras segovianas, y los restos del Cerro del Alcázar pertenecientes a la Edad del Bronce (2200 a.C. -750 a. C. ), ya nos muestran el pasado milenario de la bonita ciudad de Segovia.
Como ciudad se fundó en el siglo I a. C. durante una de las campañas militares de la conquista de Iberia por los romanos, aunque ya fue poblada por los celtíberos en un asentamiento situado en lo que es el actual centro de la ciudad hoy en día, tras la Caída del Imperio, fue ocupada por los visigodos y no muy poblada tras la invasión musulmana, pues fue prácticamente abandonada.
En el siglo XI, Raimundo de Borgoña (1070-1107), yerno del rey Alfonso VI de León “El Bravo” (¿? -1109), comenzó a a repoblar Segovia con cristianos venidos del norte de la península y sur de la actual Francia. La ciudad no estuvo libre de disputas y luchas políticas durante el reinado de Urraca de Castilla (1187-1220), sin embargo sí gozaba de una buena economía debido a su buena posición para el comercio de la lana, existiendo documentos del siglo XII en los que se menciona dicha actividad. Desempeñó una importante industria en el sector textil y durante el siglo XIII y XIV vivió una época de importante crecimiento económico, llegando a su apogeo durante el reinado de los Reyes Católicos. Gozó de una buena posición política, estableciéndose en ella la corte de la Casa de Trastámara y siendo proclamada en ella Isabel I de Castilla (1451-1504).

El Alcázar de Segovia se encuentra en un lugar privilegiado dominando la ciudad y probablemente por esta razón ya existiera en época romana alguna edificación pues se encontraron restos de granito similares a los utilizados para la construcción del Acueducto. Se construyó en el siglo XII como fortaleza y en el siglo XIV, se remodeló llegando a ser admirado por todo aquel que lo conocía; pasó a ser residencia real y se comenzó a recopilar documentación histórica convirtiéndose así en uno de los primeros archivos de Castilla. Fue testigo en 1474 de la proclamación de Isabel la Católica como reina y en 1570 de la boda de Felipe II (1527-1598) con la que fuera su cuarta esposa, Ana de Austria (1549-1580. Su arquitectura majestuosa y elegante inspiró a Walt Disney para el famoso castollo de Blancanieves y en el cine aparece en la película de Orson Welles Campanadas a medianoche en 1965.
En 1523 comienza a construirse la Catedral de Segovia, toda una joya del arte gótico en España, ya que la antigua Catedral de Santa María sufrió enormes daños tras los sucesos que tuvieron lugar en los enfrentamientos comuneros. Carlos I (1500-1558) mandó construirla bajo la dirección de Juan Gil de Hontañón (1480-1526) junto a otros arquitectos y escultores; los trabajos no finalizaron hasta el siglo XVIII.

Perteneciente al gótico tardío con algunos elementos renacentistas, la sillería del coro, el claustro y otros elementos decorativos fueron utilizados de la antigua catedral. Con tres naves y girola (parte que rodea por detrás el Altar Mayor), el interior resulta grandioso y solemne; destacan las tracerías (decoración con formas geométricas), y las vidrieras, de especial relevancia en el patrimonio artístico español.
Tanto la nave central con el Retablo mayor, mandado construir por Carlos III (1716-1788), el Coro, el Trascoro y las diferentes capillas a ambos lados forman un conjunto elegante y a la vez rico en ornamentación; es un espacio en la que se combinan elementos de diversos estilos y como ejemplo cabe destacar la Capilla de San Cosme y San Damián, de estilo renacentista, o la Capilla de los Ayala, cuyo retablo de puro estilo barroco fue realizado por José Benito de Churriguera (1665-17225) lo que la enriquece y hace del conjunto un espacio imponente.

Desde el Claustro se accede a la Sala Capitular, la de Santa Catalina, a las salas de ornamentos litúrgicos y tapices y al Museo de pintura con obras castellanas y flamencas.
El Centro Histórico de Segovia nos descubre bonitos palacios testigos de la historia noble de la ciudad con pequeñas calles que se abren a plazas tan emblemáticas como la de Medina del Campo, la Plaza Mayor, donde se encuentra la Catedral o la Plaza del Corpus en la Judería, donde se encuentra el convento del mismo nombre, la antigua sinagoga. Un recorrido que vale la pena conocer.
La ciudad tomó parte del levantamiento de algunas ciudades castellanas contra la Corona por el descontento tras la llegada de Carlos I que arribó de Flandes con un gran séquito de religiosos y personas de confianza, hecho que causó gran revuelo entre la nobleza española que temía perder sus privilegios. Varias ciudades se sublevaron en lo que se conoce como La Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522) y Segovia estuvo a la cabeza de este alzamiento, sufriendo graves pérdidas tras los ataques de las tropas imperiales que como consecuencia fueron perjudiciales para su economía, cayendo en declive como otras ciudades castellanas.

Durante los siglos XVI y XVII las ricas familias que habían prosperado en el sector textil y la aristocracia cercana a la Corte se construyeron espléndidos palacios de estilo renacentista que fueron después ornamentados con elementos barrocos, sin embargo, la situación en las ciudades castellanas ya no era la misma que en siglos anteriores y con el auge del comercio con América, la actividad económica se centró en otras zonas de España y aunque se intentó impulsar la economía durante el siglo XVIII, no se obtuvieron resultados satisfactorios; a esto hay que sumar las consecuencias de la Guerra de la Independencia que originó un empobrecimiento generalizado. En 1762 Carlos III fundó el Real Colegio de Artillería que tuvo su sede en el Alcázar durante un tiempo, trasladándose más adelante al Convento de San Francisco. Posteriormente se convirtió en Academia, llegando a ser un modelo de enseñanza militar en España.
La crisis de los primeros años del siglo XX, la difícil situación política, la Guerra Civil (1936-1939) y las consecuencias que acarreó, hizo que Segovia no se recuperara hasta la segunda mitad del siglo XX cuando se impulsó el turismo a nivel nacional trayendo consigo un importante desarrollo para la ciudad.

El centro histórico y el Acueducto de Segovia son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1985, una ciudad con tradición y esencia castellana que ha dejado su huella en la historia de España, sin embargo si hay un monumento que la identifica es el Acueducto, construcción que sorprende tanto por el buen estado de conservación como por la maestría de la ingeniería romana.
Los acueductos, se crearon en Roma para atender las necesidades cotidianas que tenía una población tan numerosa, como ocurría en la gran Urbe. Las termas, las fuentes públicas o los espectáculos de naumaquia (batalla naval), requerían abastecimiento de agua y no era suficiente el que se utilizaba de las cisternas, había que hacerlo llegar desde los manantiales que en ocasiones se encontraban a más de cuarenta kilómetros.
Consistían en unos canales por donde discurría el agua en un trazado que aprovechaba un ligera pendiente desde el inicio hasta el final de su recorrido, el cual era en su mayor parte subterráneo o a nivel del suelo y en las zonas de mayor pendiente se utilizaban las arquerías tan características que en seguida se identifican con la imagen que se tiene del acueducto.
En España existen una veintena de acueductos entre los que sobresalen algunos como el de Los Milagros en Mérida (Badajoz), Les Ferreres (Tarragona), Valdepuentes en Córdoba, Peña Cortada en Valencia, por citar algunos y quizás el más conocido de todos, el de Segovia.

El acueducto segoviano recorre quince kilómetros antes de llegar a la ciudad, llevando las aguas desde el manantial de Fuenfría desde los bosques de La Acebeda en la Sierra de Guadarrama. El agua es recogida primero en una cisterna para conducirla después por un canal que la lleva a una torre donde se limpia para seguir el recorrido, llega a la parte alta de la ciudad, donde se sitúa el Alcázar y gira para pasar por la parte baja en la que se pueden apreciar las espléndidas arquerías.
Los arcos están dispuestos en dos pisos y se apoyan en pilares, los sillares de granito con los que está construido están ensamblados sin argamasa manteniéndose unidos mediante un perfecto equilibrio de fuerzas y se puede considerar como la mejor obra de ingeniería construida por los romanos en Hispania que ha estado en funcionamiento durante muchos siglos abasteciendo a la ciudad hasta la década de los años setenta del siglo XX.

Los musulmanes intentaron destruirlo en el siglo XI y tan solo pudieron derribar treinta y seis arcos, los cuales fueron reconstruidos por los Reyes Católicos y son de forma apuntada. Alfonso VI utilizó algunos sillares para la construcción de las murallas, pero a pesar de ello el magnífico acueducto aún sigue en pie aunque lamentablemente en las últimas décadas ha sido necesario tomar medidas para proteger su conservación ante los daños de la polución, el sonido y la propia erosión.
Es admirable contemplarlo y al igual que ocurre con el Puente de Alcántara (Cáceres), otro magnífico ejemplo de ingeniería romana, nos asombramos ante la perfección y la solidez de su construcción. Los romanos se sentían muy orgullosos de sus obras, en este sentido, el senador Sexto Julio Frontino (30-130) que en su tratado De aquaeductu urbis Romae (Canalizaciones de agua de la ciudad de Roma), ensalza a estos canales con vehemencia.
Como sucede en numerosas ocasiones la historia está repleta de leyendas, en este caso también existe alguna sobre el famoso acueducto segoviano que cuenta como una niña, cansada de subir cada día a coger agua a la montaña, pidió al diablo que construyera algún mecanismo para librarse de hacer ese esfuerzo, el diablo aceptó a cambio de su alma si lo hacía antes de cantar el gallo; antes de finalizar y colocar la última piedra, cantó el animal evitando así que la niña perdiera su alma. Ese hueco de la última piedra sin colocar es donde se encuentra la réplica de la imagen de la Virgen que fue colocada por los Reyes Católicos, donde se encontraría la imagen de Hércules en época romana.

Es simplemente, como ocurre en tantos lugares, una leyenda que nos hará entender la colocación de la escultura de un diablo cerca del acueducto que fue donada al Ayuntamiento de Segovia por el escultor burgalés José Antonio Abella (1956).
Miguel de Unamuno (1864-1936) le dedicó algunas palabras en su obra Por tierras de Portugal y España (1911): “Viéndolo se comprende el valor del dicho vulgar ¡Esto es obra de romanos!, y aquel apelativo que se le dio a Roma llamándola “pueblo rey. Porque es obra de veras regia y verdaderamente popular”

