
«Recordemos también que en marzo de 2018 nuestro Felón Sánchez decía que si no se aprobaban los presupuestos Mariano Rajoy debería someterse a una moción de confianza»
Se cumplía este martes, 23 de julio (ayer para el lector), un año de la celebración de las últimas elecciones generales, convocadas de manera precipitada al día siguiente del fracaso recibido en las municipales y autonómicas de mayo anterior, en las que el mapa político español casi se tiñó de azul. Sólo quedaron fuera las dos regiones con fuerte presencia nacionalista, Cataluña y Vascongadas, y apenas tres, Castilla La Mancha, Asturias y Navarra, seguían teñidas de rojo, si bien las dos últimas necesitaron el apoyo de la extrema izquierda para conseguir la mayoría necesaria para formar gobierno. En el caso de Navarra, en un trueque región-capital con BILDU –“Con BILDU no vamos a pactar, si quiere se lo repito cinco veces, o veinte”–, cerrado hábilmente después de las generales, sin la precipitación/”acongojo” del valenciano Mazón, que precipitó acuerdos forzados del PP con VOX que ya vimos lo que duraron después del tiro en pie ajeno de Abascal. Cierto que en Canarias ganó el PSOE, pero el pacto Coalición Canaria-PP desmontó otro de los nidos de corrupción socialista y hubo que encontrarle un hueco al barón canario destronado, Ángel Víctor Torres, que encontró acomodo como ministro veintidós –no sé si estará en otro ordinal ese ministerio, pero da igual, porque a partir de doce todos son inútiles– en el de Política Territorial y Memoria Democrática, dos áreas, como su nombre indica, absolutamente “complementarias”, en las que el señor Torres tiene “acreditada” experiencia, sobre todo en la segunda, de la que daba fe la foto con Fray Perico Sánchez en un osario del Valle de los Caídos, ahora de Cuelgamuros, denominado así por el interfecto y sus colegas.
Y qué “mala baba” ha tenido el juez Peinado, que, según las fuentes sanchistas, quiere empitonar a su amada esposa Begoña, anticipándole un “regalo” de aniversario, en forma de providencia citándolo como testigo, precisamente en la víspera del primer aniversario de su derrota electoral. Hay que tener mala idea, la verdad.
Como también hay que tener mala memoria –se acuerda de Franco, pero no de lo que él decía anteayer– para no acordarse de otra de sus lecturas, hace casi siete años, un 26 de julio de 2017, pocos días después de recuperar la secretaría general del Partido Socialista antes Obrero y nunca Español, que perdió precisamente por otra demostración de esa regeneración democrática que no se atrevió a desgranar la semana pasada cómo pretende estructurar. Que no se olvide, que el 30 de septiembre anterior, 2016, había sido pillado con alguno de sus fieles, detrás de la cortina, intentando manipular las urnas para continuar al frente de la ejecutiva socialista tras su segunda debacle electoral en seis meses, que dejó a su partido en el peor resultado de su historia desde la transición, 85 escaños. Pillada, que se tradujo en la expulsión del interfecto de la ejecutiva socialista y, tal vez, se cometió entonces uno de los mayores errores del partido socialista es esta etapa “democrática”, del que, probablemente, no se haya arrepentido bastante el que tomó las riendas, provisionalmente, de la gestora creada al efecto, el asturiano Javier Fernández, uno de los pocos socialistas decentes que hemos conocido en los primeros planos de este partido en las últimas casi cinco décadas, tanto, que dejó la política después de esa etapa, cuando terminó su mandato autonómico. Error fue la no expulsión definitiva del partido, de Pedro Sánchez, y convocar un congreso extraordinario para la elección de una nueva ejecutiva federal. No hacerlo, le permitió rehacerse, tras recorrer España después de unas vacaciones “sabinianas” americanas, en compañía de Ábalos, Santos Cerdán y su amigo Koldo García, venciendo en primarias a Susana Díaz y a su fiel Pachi “Nadie” López.
Merece la pena transcribir literalmente aquella lectura de julio de 2017, una de sus intervenciones con mayor densidad inclusiva que yo recuerde, aunque no le falta nunca ese lenguaje: “Un presidente del gobierno debe ser un referente, sobre todo moral, para el conjunto de la sociedad. ¿Qué ejemplo está dando el actual presidente del gobierno a nuestros hijos y a nuestras hijas? ¿Qué sentirán los padres –se dejó a las madres, mecachis– y los abuelos y abuelas de esa juventud, aquellos y aquellas que lucharon tanto por nuestra democracia? Ellos saben que la corrupción no sale gratis, que, si se niega a pagarla asumiendo las responsabilidades políticas en forma de dimisión, acabarán pagando por ella todos y todas los ciudadanos y ciudadanas”.
Continuaba después con una serie de preguntas retóricas, demostrando que pese a haber “estudiado” Económicas, lo de contar no es su fuerte: “Señor presidente del gobierno ¿usted se ha preguntado cual es el marco de principios éticos que estamos exponiendo como nación ante el mundo con su declaración ante los jueces? ¿Lo que se va a escribir hoy en Europa, con nuestro presidente declarando en los tribunales? ¿Lo que se va a publicar en los medios de comunicación internacionales? ¿La imagen que se está proyectando hoy de España? ¿El coste institucional de esta imagen? Si no cuento mal hasta ahí fueron cinco preguntas, pero continuaba así: “Segunda pregunta: ¿Usted se ha preguntado el alto precio reputacional que están teniendo que pagar todos los ciudadanos y ciudadanas, manteniéndose usted como presidente del gobierno? Señor presidente, si usted no pone fin a su agonía, desgraciadamente, acabarán agonizando las instituciones y nuestra democracia. Así que sólo le queda una salida honorable, presente su dimisión oficial ante el Rey, esta misma mañana. Sólo tiene un camino, dimitir. No arrastre a España en su caída, señor presidente, dimita”.
Sinceramente creo que le deja hecho el discurso de oposición a Alberto Núñez Feijoo, con sólo la lectura, con genéricos, eso sí, del discurso. Le deja todo un campo abierto, simplemente con referirse a lo de “referente moral… para la sociedad” y “ejemplo a nuestros hijos”, el que tiene a su mujer y a su hermano investigados por corrupción entre otras cosas. O sobre “lo que se va a publicar en medios internacionales”, leyéndole lo que publicaban algunos el mismo lunes. Por ejemplo, el Financial Times: “El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, llamado a declarar por las acusaciones de corrupción contra su mujer”. O Le Monde: “El primer ministro español declarará el 30 de julio por el caso de corrupción contra su esposa”. Y también The Times: “El presidente del gobierno español declarará en la investigación por corrupción de su mujer”. Y qué decir respecto a lo de “que no poner fin a su agonía” acabaría “agonizando las instituciones y nuestra democracia”, dicho por el que asaltó la presidencia del gobierno, fundió los tres poderes del Estado en un ministro y colonizó, por decirlo educadamente el tribunal Constitucional, la fiscalía, el CIS, Correos, y una interminable retahíla de empresas en las que tiene colocados a sus pupilos.

Termino con el que puede ser definitivo regalo de aniversario, éste el mismo día, que le acaba de hacer su socio Puigdemont, que le ha tumbado la votación del techo de gasto, que pone en serio riesgo la aprobación de los Presupuestos, y la ley de extranjería. Recordemos también que en marzo de 2018 nuestro Felón Sánchez decía que si no se aprobaban los presupuestos Mariano Rajoy debería someterse a una moción de confianza. Los mismos presupuestos que él prorrogó, dos veces, hasta 2021, cuando asaltó el poder para “acabar con la corrupción” y que el fugado ya había avisado que la compra de sus siete votos con la amnistía era para la investidura, pero no para los PGE. Y el separatista será lo que sea, pero no miente en sus manifestaciones.

