«Sólo con la moderación se puede estar preparado para afrontar los acontecimientos. Estar preparado para afrontar los acontecimientos es poseer una acrecentada reserva de virtud. Con una acrecentada reserva de virtud, nada hay que no se pueda superar; cuando todo se puede superar, nadie hay que conozca los límites de su fuerza.»
Lao Tsé

«¿Hay alguien que acepte la llamada a la moderación cuando, un día tras otro, se incurre en un abrumador número de ejemplos que la contradicen?»
¿En serio? ¿Hay alguien que acepte la llamada a la moderación cuando, un día tras otro, se incurre en un abrumador número de ejemplos que la contradicen?… Agosto nos ha dejado en la retina icónicas imágenes para el recuerdo. Francia, sede de los Juegos Olímpicos, abandonó la razón y la ‘grandeur’ para sostener la nueva normalidad convirtiéndose al culto del exceso y el mal gusto. Las irreverencias se abrieron paso a codazos y se celebraron en los altares de las actuales ceremonias seculares.
Ah ! Ça ira. Más que atrevida, la escena provocó una inquietud personal: la visualización de un ritual, la decapitación de las mujeres a quienes no se conforman con cortarles las alas (Niké de Samotracia), sino el propio pensamiento. Y, violentando los sentimientos religiosos de los que practicamos la única creencia que es objeto de habitual escarnio, la referencia a La Última cena hizo derramar ríos de tinta a través de las plataformas y redacciones. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, «invitó al papa Francisco a manifestar una postura común sobre esta escena “y elevar la voz de forma conjunta” contra unos actos que, en su opinión, “ridiculizan los valores morales y religiosos y pisotean el honor humano bajo el disfraz de la libertad de expresión y la tolerancia”» [efe.com: El Vaticano deplora la ofensa a los cristianos en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París].
Al otro lado del Atlántico, Venezuela se convirtió en el campo de batalla donde se visibilizó la ausencia de cualquier regla ética y estética. Nicolás Maduro exhibió el feo rostro del poder, aferrado a una posición que lo deslegitima, y lo ha convertido en un orate que pretende contagiar su locura a un pueblo atemorizado, que vive prisionero en su propio país. La izquierda cierra filas en torno a la siniestra figura del líder chavista (Venezuela, los militares y la injerencia, ¿en nombre de qué democracia?) y regresan las manidas alusiones a la Inquisición para activar un catastrófico y aún más sangriento sistema de vigilancia y represión. “¡Vamos por ellos!”, ese fue el grito del presidente que utiliza «el miedo como herramienta de control social» («¡Vamos por ellos!»: la campaña de Maduro para delatar «traidores» en Venezuela).
El interés suscitado por la publicación del libro de Axel Kaiser, ‘La neoinquisición: persecución, censura y decadencia cultural en el siglo XXI’ puede observarse a través de sendas referencias, la primera de ellas, la reseña de Carlos Rodríguez Braun para El Cultural bajo el título de La inquisición progresista —leída con otro título a través de El Ojo Digital: ‘La Neoinquisición’, censura en el siglo XXI—. Y la siguiente de Francisco José Contreras para Actuall: Axel Kaiser y la Inquisición progre. Los postulados aceptables hoy asientan sus bases en los mismos principios que dicen contravenir. Su naturaliza misma tiene una génesis confusa y acuña conceptos distorsionados y deliberadamente ambiguos como el de «discriminación positiva», o el conjunto de normas aberrantes elevadas a normas de obligado cumplimiento (Contreras), o las falacias construidas alrededor de los mantras una y otra vez invocados que oscurecen el ambiente (Rodríguez Braun):
Axel Kaiser señala el ambiente asfixiante de la cultura del victimismo, del feminismo antiliberal, y de los llamados delitos de odio, utilizados descaradamente para reprimir y silenciar las voces discordantes en la academia, la cultura, la política, y los medios de comunicación.
De esto, la consecuencia más notoria es la degradación de las democracias, el silencio autoimpuesto como único recurso o amparo ante los posibles efectos negativos derivados de cualquier declaración ‘non grata’ que el sistema rechace. Las noticias que nos han conmocionado este verano tuvieron lugar en Inglaterra, y hace muy poco en Alemania. El asesinato de tres pequeñas en la localidad de Southport ocasionó enfrentamientos entre la policía y los manifestantes que mostraron su repulsa por los crímenes. La mayor parte de los medios ofrecieron versiones donde se atribuía a la «extrema derecha» el impulso que dio origen a los disturbios, la mano que agita el avispero [1].
En el caso de Solingen, el gobierno alemán parece inclinarse a favor de dar una respuesta a la cuestión migratoria [2] para satisfacer la demanda de una población que manifiesta su disconformidad con las políticas de fronteras abiertas que han deteriorado la convivencia. Lo que llama verdaderamente la atención es la solución ofrecida por el exjefe del Servicio Federal de Inteligencia alemán BND, August Hanning —“¡La seguridad interior ya no está garantizada en Alemania!”— que declara la urgencia de implementar medidas de protección y control:
A diferencia de los viejos políticos del partido, que usan frases vacías y mucha palabrería en sus apariciones, Hanning hace sugerencias claras: deben aumentarse las medidas de protección y el personal de seguridad en los eventos públicos, las prohibiciones (incluida la prohibición de usar cuchillos) deben poder ser controlado por la policía y las autoridades reguladoras sin motivo, por ejemplo, durante los controles de entrada mediante registros de bolsos.
Los lugares centrales y todos los eventos importantes deben estar sujetos a videovigilancia y «mientras los controles en las fronteras exteriores de la UE no funcionen, esto debe suceder en nuestras fronteras, aeropuertos y puertos marítimos, esto significa en lenguaje sencillo: la abolición de la identidad». Hay que poner fin a los controles en las fronteras alemanas (ordenados por Merkel en septiembre de 2015 al estilo de un autócrata totalitario).
El conocido método de la dialéctica hegeliana, problema-reacción-solución, sigue siendo una herramienta muy eficaz para alcanzar el éxito en temas ‘sensibles’, como en este caso. Que sean los propios —y moderados— ciudadanos del mundo los que demanden a las élites extractivas (cada vez más caras y entregadas a un soez despilfarro público) la fórmula definitiva para el secuestro de su voluntad, de su libre albedrío, de la limitación de sus movimientos, es decir, de la rendición definitiva y su entrega al Gran Hermano.
NOTAS____
[1] Así lo han contado medios muy diversos:
- https://cnnespanol.cnn.com/2024/07/31/southport-punaladas-vigilantes-protestas-violentas-trax/
- https://es.euronews.com/2024/07/31/manifestantes-de-extrema-derecha-toman-las-calles-de-southport
- https://www.articulo14.es/internacional/la-desinformacion-ante-el-asesinato-de-tres-ninas-prende-la-mecha-de-la-extrema-derecha-20240803.html
[2] Tema que está dando pie a un extenso debate:
- https://www.youtube.com/watch?v=q5sjnxmiyB4
- https://elpais.com/internacional/2024-08-29/alemania-endurece-sus-politicas-de-seguridad-y-asilo-en-respuesta-al-atentado-yihadista-de-solingen.html
- https://www.elsaltodiario.com/alemania/atentado-solingen-sacude-campana-electoral-alemania-todos-ojos-puestos-afd

