
«Entre el candil euskaldún y el semáforo vasco a uno le va a parecer que cruzando Pancorbo el final de nuestro viaje no puede ser otro que el manicomio»
“Llegué de Vitoria, aquel jueves, por el Alto de Urquiola, y me encontré a mis padres en Bilbao todavía”. Así hacía hablar al protagonista en su novela de 1956 La vida nueva de Pedrito de Andía el escritor falangista Rafael Sánchez Mazas. Habría de pasar por esos caminos cruzando Villarreal de Álava (Legutio o Legutiano), Ochandiano (ahora Otxandio) y Durango. Hoy las modernas brújulas digitales nos mandan ir seguramente por Murgia (antes llamada Murguía) y el puerto de Altube para entrar en el Valle de Ayala. De su Cuadrilla es la población más grande Llodio (Laudio le llaman), por donde discurre el Nervión, río también alavés que desemboca en Las Arenas, donde, junto a Algorta y a Neguri y “por idiotez” habían ido a veranear las familias, dejando las casas familiares, entre muchas las de Mendive y de Andía en un abandono estival.
Amurrio es otro pueblo importante de la comarca. Allí atrapó la Guardia Civil a Pedrito cuando se escapó del colegio de Orduña y allí se crió el político postfranquista Santiago Abascal Conde, y de allí es oriunda su familia paterna. Él sin embargo quiso ser elegido concejal en Llodio (ahora Laudio) y se estrenó con un histórico de Herri Batasuna presidiendo los plenos. Más fortuna tienen hoy los llodienses al contar con una alcaldesa, doña Ainize Gastaka, de hermoso nombre si no se apellidase también Martínez. El pasado día 27 de setiembre, creo que fue en El Correo (antes El Correo Español-El Pueblo Vasco) que Marta Peciña firmaba la noticia que así titulaba: “Llodio lanza una campaña para que las familias hablen euskera en casa”. Pese a que Nagore Gomara (y también Picaza) es la edil de Políticas lingüísticas, creo que el mérito hemos de atribuirlo a doña Ainize que, todo hay que decirlo, no por obedecer a EH-Bildu deja de ser una mujer vistosa. La iniciativa está promovida por la Euskaltzaleen Topagunea Federazioa. Sólo hay 150 plazas para núcleos familiares, de modo que la lista de espera (como en la sanidad pública vasca, llamada en Euskal-Herria Osakidetxa) será extensa. Así las cosas, doña Nagore enviará “el candil del euskera de casa en casa” y “las familias deberán volcar los compromisos adquiridos en pro del euskera”. Hemos de felicitarnos, ya que siempre será mejor -aunque poco útil- que volcar autobuses o contenedores de basura, cosa por otro lado asimismo inútil. Por cierto que, era el candil o el quinqué, emblema de Senideak, una asociación de familiares de presos de la Eta.

Aprovecha El Correo para comunicarnos que el Ayuntamiento se ha sumado a otra campaña, la Besoko ari begiratu!/Mira el brazalete, “para animar a los y las deportistas a dirigirse también al colectivo arbitral en euskera”. Entonces el mundo será maravilloso, digo yo, puesto que estos jueces de lo deportivo se colocarán un brazalete rojo si hablan el idioma de Sabino y de Aitor, y si optan por el brazalete verde nos indicarán que “no se encuentran cómodos con esta lengua”. La noticia que nos ocupa la ha distribuido por tuiter esa organización ultra llamada Hablamos Español, cuya alma es la profesora Gloria Lago, siempre certera pero incordiante. A quien yo preguntaría, por lo que pueda suceder el día inevitable en que el Añorga KKE juegue un partido de fútbol contra el C.D. Elorrio y un juez de línea lleve brazal verde y otro lo muestre rojo. Y al árbitro -o árbitra– no le salga de las narices (con perdón) significarse pero se dedique a sacar una tarjeta amarilla o ámbar a la estrella del momento, pongamos que hablo -como Sabina– de Nerea Aguirrelanda Castro, llamada en lo sucesivo y con recochineo La Semáfora. No se me enfaden las futuras Nereas, o Nekanes y Ohianes. Y perdonen estas ocurrencias mías… Pero es que entre el candil euskaldún y el semáforo vasco a uno le va a parecer que cruzando Pancorbo el final de nuestro viaje no puede ser otro que el manicomio.

