Arrimarse a los buenos. Por Teresita Ávila

Historia de los heterodoxos españoles.

 Quiso Dios que por nuestro suelo apareciesen, tarde o temprano, todas las herejías, para que de ninguna manera pudiera atribuirse a aislamiento o intolerancia esa unidad preciosa, sostenida con titánicos esfuerzos en todas las edades contra el espíritu del error. Y hoy, por misericordia divina, puede escribirse esta historia mostrando que todas las heterodoxias pasaron, pero que la verdad permanece, y a su lado está el mayor número de españoles, como los mismos adversarios confiesan. Y si pasaron los errores antiguos, así acontecerá con los que hoy deslumbran, y volveremos a tener un solo corazón y una alma sola, y la unidad, que hoy no está muerta, sino oprimida, tornará a imponerse, traída por la unánime voluntad de un gran pueblo, ante el cuál nada significa la escasa grey de impíos e indiferentes.

Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles.
Arrimarse a los buenos. Sepulcro de Marcelino Menéndez Pelayo en Santander.

«En el infortunio que se cierne sobre España va a ser cierto que arrimarse a los buenos siempre supuso el camino más corto hacia el infierno»

Si creen que existe una opción mejor para desligarse de ataduras e hipocresías que no provenga de la enseñanza, díganme cuál es. Si una persona cualquiera desea echar raíces fuertes y construirse, armarse con solidez, indíquenle con nobleza que no hallará otra ruta alternativa que carezca de accidentes geográficos que entorpezcan su labor, que le agoten y lleven incluso a querer desistir de su empresa. No es fácil la escalada, lo he escrito en otras ocasiones. Y por este motivo me cuesta, cada vez menos, ver la trampa. Y a ello le sigue un repudio feroz de cuanta soez suficiencia, de aires mezquinos y de juegos de contrarios asoma y envicia la casa común.

Por desgracia, son muchas las maneras de menospreciar a los demás. La peor de ellas constituye la esencia de la altanería, de una batalla sin cuartel, chulesca, que les niega espacio y posibilidades, y que adolece de la falta de humanidad más desoladora. Y en ella estamos metidos hasta el cuello. ¿Quién repara de verdad en el otro, le corrige, le enseña y le contempla tal como es y, aún más, le concede su dignidad en lugar de pervertirla o apropiarse de ella? ¿No es acaso todo lo que asoma últimamente una grosera continuación que apuntala las malas formas, las direcciones erradas que se cobran víctimas inocentes generación tras generación? ¿No existe una intención visible en consumir recursos y desmadejar de impotencia las fuerzas que aún resisten, de doblegar voluntades? ¿Qué es, si no, toda esta suerte de enredos, de cabos sueltos, que consiguen despistar con éxito, acaparar una inmerecida atención —hasta el delirio—, sin solución?

Sospecho que no sabemos caminar sin chinas en los zapatos. La costumbre solo mudó de aspecto, pero encontró cobijo y se acomodó en lo más hondo de nuestro ser. Quizá fue por ese gusto tan español de hacer chiste de todo, de reír cuando deberían imponerse la seriedad y el respeto. Pero claro, nos enseñaron a aceptar la falsa moneda, a verle la cara de la luna al interés, a despreciar al afanoso por entregado, al estudioso por erudito, al bueno por excelente. Y compramos íntegra la mercancía averiada, una sopa boba sin nutrientes que agujerea las entrañas y las llena de serrín. Felices de ostentar una panza llena y un cerebro a estrenar, en perennes vacaciones. Un ejército de Lazarillos satisfechos de su desgracia, con la ilusión de haber alcanzado su buena fortuna, engatusados por la palabrería y las habilidades mentirosas de esos precursores de los políticos de hoy. Igual que ayer, mienten a la cara con un obsceno aplomo, y consiguen estirar, una vez más, la goma de un chicle gastado. Y así, con toda la barra, se regodean ufanos y —por citar algunas muestras recientes de sus constantes manipulaciones— felicitan a los docentes por su labor mientras crece el desánimo entre ellos debido a una ley sin voluntad de resolver nada (Alegría). O contradicen la defensa de los vulnerables cuando se disparan los precios que repercutirán en el  aumento de las estrecheces de no pocos españoles (Nuevo palo para los españoles: el precio de la comida, del aceite y del gas suben hoy). Y retuercen hasta límites insospechados el ordenamiento jurídico, aunque a veces no puedan con todo (Hay ‘caso Begoña Gómez’: la Audiencia respalda al juez Peinado y Ayuso la cita a declarar con el aval de Feijóo). Asimismo, realizan inventarios para disuadir a los médicos objetores de la práctica del aborto (Los médicos temen que con la lista de objetores del aborto se pueda discriminar a los sanitarios).

Cualquiera diría que estos hechos, observados en conjunto, no pueden obedecer sino a un plan maquiavélicamente diseñado para hacer fosfatina la poca dignidad conservada. Y ya metidos en el plano individual, recuerdo en este momento el artículo que David Cerdá escribió sobre ese canal de contenido íntimo llamado OnlyFans que sirve en bandeja la visualización de carne ligera de ropa a cambio de dinero y la degrada, y, lo peor, cotiza al alza en tiempos nihilistas como estos.

Así es. Va a ser cierto que arrimarse a los buenos siempre supuso el camino más corto hacia el infierno. Como en el cuento, se derrama —narcotizante— la voz seductora del lobo que pretende engañar al ingenuo y guiar fatalmente sus pasos. Atraerlo para que llegue tarde a su destino y descubra el dolor de la estafa. ¿Hasta qué punto puede otorgarse credibilidad a la enésima traición que ha sacudido como un mazazo a la opinión general y deshecho la escasa confianza que aún custodiaban los ciudadanos comprometidos con el sistema?

Para la historia del infortunio que se cierne sobre España quedarán dos impactantes artículos de Itziar ReyeroEl legislador, a ciegas. El Gobierno cuela la reforma que exige Bildu para acortar las penas de prisión a 41 etarras y A puerta cerrada y a ciegas. Los nervios de Bildu y la risa floja de Bolaños: así se coló la  reforma de los etarras un 31 de julio. Con estos descriptivos titulares, la periodista de El Confidencial ha destapado el escándalo que ha noqueado a la oposición por su inoperancia. No podrían haber quedado en mayor evidencia ante los suyos. Una cosa es ser conocedores de las malas artes de Sánchez y Cía., y otra es no haber extremado la precaución y el celo cuando más vulnerable parece el púgil, debilitado por asuntos internos que han trascendido el ámbito nacional, como hemos leído en The Economist (Pedro Sánchez se aferra al cargo a costa de la democracia española), The Times (¿Pedro Sánchez es malo para la democracia? Son noticias falsas, dicen los aliados) y Bloomberg (Sánchez se lanza a la palestra por la ley de medios). Y por mucho que su guardia pretoriana intente una defensa desesperada —con la portavoz ‘cheerleader’ tejiendo un relato insostenible—, la mentira ha sido tan sonada que hasta El País ha salido al ruedo con un artículo demoledor: El Gobierno tergiversa el dictamen de la Audiencia de Madrid sobre el ‘caso Begoña Gómez’.

Los pocos sabios que en el mundo han sido tienen la capacidad de observar y trazar los senderos posibles, la rectificación que conduzca de nuevo al ideal. Ojalá termine pronto este mal sueño y se cumplan las palabras de un genio español al que han querido castigar doblemente, primero, escondiéndolo. Luego, enterrándolo en el olvido (La segunda muerte de Menéndez Pelayo):

La fe hace portentos, y salva a las naciones como a los individuos. De aquella formidable contienda salió ileso el cuerpo de la patria, porque aún había un alma que le informase, y ningún español dudaba de los destinos inmortales de España. Hoy presenciamos el lento suicidio de un pueblo que, engañado mil veces por gárrulos sofistas, empobrecido, mermado y desolado, emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le restan, y, corriendo tras vanos trampantojos de una falsa y postiza cultura, en vez de cultivar su propio espíritu, que es el único que ennoblece y redime a las razas y a las gentes, hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada momento las sombras de sus progenitores, huye de todo contacto con su pensamiento, reniega de cuanto en la historia los hizo grandes, arroja a los cuatro vientos su riqueza artística, y contempla con ojos estúpidos la destrucción de la única España que el mundo conoce, de la única cuyo recuerdo tiene virtud bastante para retardar nuestra agonía.

Marcelino Menéndez PelayoDos palabras sobre el centenario de Balmes.

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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