El mundo de Esclavos que se avecina puede ser de novela de terror. Por Rodolfo Arévalo

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El mundo de Esclavos que se avecina puede ser de novela de terror.

“El mundo de Esclavos que se avecina puede ser más tenebroso y dramático que una novela de terror, porque no nos daremos cuenta de que lo somos”

Un día más estoy en mi refugio ático, donde trabajo y me enfrento a una forma rectangular electrónica, que ahora sustituye al papel sobre el que durante cientos de años se escribió con tinta, con grafito u otros materiales. Ahora no, ahora todo es perfecto, da igual que tengas buena o mala letra, todo lo que escribas quedará impecable de forma y perdurará en el mundo virtual que se ha creado. El fondo es otro problema, pero solo dependerá de quién escriba el contenido, este saldrá de su mente, de su pensamiento, de su capacidad de estructurar e imaginar, de su capacidad de relacionar temas.

Hay quienes, incapaces de pensar, por falta de información, cultura, o porque han pasado por un lavado de cerebro feroz a manos de embaucadores, listillos y engaña tontos, no pueden salir de ese círculo vicioso de que la culpa la tienen los Nazis, sin darse cuenta de que los únicos Nazis son ellos mismos los que esgrimen esa palabra como arma; se comportan como tales.

Al final todo depende del cerebro, de la interconexión de neuronas, con sus sinapsis y de según qué número de células gliales posea cada uno. En ese sentido habría que distinguir la humanidad, no como única, sino más bien como grupos muy diferentes, desiguales en capacidad intelectual, en cultura y en religiones, tanto políticas como transcendentes. El acto de sentarse frente a una superficie blanca, vacía de contenido, y volcar sobre ella los pensamientos, expresados con signos, que no son más que abstracciones de los ruidos que elaboramos con la garganta y la boca, es algo que seguirá acompañando a los seres humanos durante los próximos milenios y que está lógicamente muy alejado de las vociferaciones de los individuos desprovistos de humanidad, por sus patologías neurológicas.

La mayor parte del que rapea, que no es una forma de cantar y si una de recitar, que no sé por qué ha de ser crítica social, se queda en unos niveles de muy baja intelectualidad, parece como si fueran pensadores frustrados a los que siempre falta el remate. Les gusta increpar, insultar, pero no pedir ni dar soluciones. Sus soluciones solo son violentas o inducen a la violencia. A lo mejor cambian los medios y las técnicas de comunicar, pero nunca cambiará el deseo de hacerlo y lo que expresan. Entre estas está la emoción de saber que estas compartiendo parte de tu profundo yo, es como compartir tus genes, compartes memes, algo intimo, profundamente emocional y que puede originar rebote en otros cerebros o no, nunca se llega a saber, salvo que alguien conteste.

El “rapeador” rapero al parecer nunca ve cosas buenas en el mundo, en la jefatura de los estados, debe ser el eterno inconformista que ha establecido una relación de complejo de Edipo con su padre , que luego sustituye por Estado. La especie humana es sociable, solo posee un defecto que es letal, su agresividad que bordea la locura. Y su nivel de educación e intelectual. Esto es así porque surge de la asociación que se establece entre unos y otros individuos de diferentes rasgos temperamentales. Deben equilibrar con un tira y afloja la tensión sobre la comunidad. Los grupos reducidos, son los adecuados para nuestra especie, pero por desgracia el mundo humano se ha ido agrandando y últimamente me da miedo pensar, no por vagancia o por cualquier otra nimiedad, más bien porque tengo miedo de que mis pensamientos se queden cortos, como por ejemplo en mi novela Esclavo Siglo XXI, y que lo que cuento no sea más que una leve sabana o velo que cubra el espectáculo de una descarnada verdad mucho peor.

Y no es porque los humanos nos sintamos esclavos o estemos desprovisto de la seguridad del grupo para convivir. En mi novela la inteligencia superior es regida por ordenadores y el caos de una sociedad en peligro, invadida por una cultura no occidental y desprovista de ayuda, acaba en un sobreviva quién pueda. Pero quizás los tiros vayan más con el desarrollo de las técnicas de modificación genética que puedan modificar y crear seres humanos, mejorados o empeorados, según convenga a unas élites de mejor dotación intelectual.

No es que cuando escribí esa novela, “Esclavo…” no fuera consciente de todo el horror que podría traer el futuro a medio plazo, pero es que cada día lo veo más cercano y más inestable. Haber propuesto la fecha de 2050 como fecha de arranque de la hecatombe se me hace lejano, ya estamos empezando a entrar en ella.

Que haya revueltas, sinsentido, contra el orden establecido de la democracia, único régimen que garantiza el respeto a los derechos de todo el mundo, no es asumible, son asuntos contra los que hay que luchar. Se elimina la plaga y asunto arreglado, si eso implica encarcelar a los portadores de orejeras, hágase, si implica que tiene que haber muertos, que los haya, son millones los que jalonan la historia humana, y a nadie debería importar luchar contra quienes quieren destruir las sociedades democráticas.

Y debería dejar de importar, porque en el futuro, si no se expulsa de la sociedad ordenada a los individuos que no la asumen, solo tendremos cientos de muertos. Las rojas sangres encharcadas y aún calientes no serán tema de novela distópica, pero tampoco algo tan infrecuente, más tarde o más temprano sería descartado como noticia, por cotidiano, ésta la noticia, solo será cómo deshacerse de los muertos diarios, y ojo que los muertos no siempre estarán del lado de los revoltosos terroristas sino también del lado de los buenos ciudadanos con sentido común.

Y habrá que tener en cuenta que los descerebrados que siembran el caos están dirigidos por las manos ocultas de quienes quieren manipular políticamente la sociedad con objetivos claramente monetarios y de riqueza global, que no globalizada para todos. El mundo de Esclavos que se avecina puede ser de novela de terror, porque no nos daremos cuenta de que lo somos. Si se aprieta demasiado a unos seres humanos, integrados en las sociedades occidentales, que asumen la convivencia entre unos y otros, no habrá problemas inmediatos, pero esperad a que sean conscientes, formaran grupos de autodefensa, y como cuando hoy, ya ocurre, los dispositivos policiales son superados por la desvergüenza, y no asunción de la clara función de autoridad de esas fuerzas que no pueden a veces recurrir a la violencia para defenderse, raro será, que los propios ciudadanos normales no levanten la antorcha de la rectitud en defensa de sus derechos, podría estar el mundo futuro perennemente en llamas.

Hay que adoptar medidas de punición adecuadas y una puesta fuera de circulación de los individuos conductores y más implicados en la revueltas, digamos un encarcelamiento por quince años, como mínimo. Hay que reformar las leyes penales para que dejen de ser meras lavativas, y se conviertan en laxantes a prueba de gamberros.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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