Cañas y barro. Por Teresita Ávila

Las tormentas a fines de verano le llenaban de gozo. Deseaba que se abriesen las cataratas del cielo; que viniera de orilla a orilla aquel barranco de Torrente que desaguaba en la Albufera alimentándola; que se desbordase el lago sobre los campos, como ocurría algunas veces, quedando bajo el agua las espigas próximas a la siega. Morirían de hambre los labradores; pero no por esto le faltaría a él la pesca en el lago, y tendría el gusto de ver a su hijo royéndose los codos e implorando su protección.

Por fortuna para Tono, no se cumplían los deseos del maligno viejo. Los años volvían a ser buenos; en la barraca reinaba cierto bienestar, se comía, y el animoso trabajador soñaba, como una dicha irrealizable, con la posibilidad de cultivar algún día tierras que fuesen suyas, que no impusieran la obligación de ir una vez por año a la ciudad para entregar el producto de casi toda la cosecha.

Vicente Blasco Ibáñez, Cañas y barro.
Cañas y barro.

«¡Socialismo o muerte! Como sabrán, fue la proclama de Fidel Castro en enero de 1989, durante las jornadas conmemorativas del trigésimo aniversario de la Revolución»

¿Volverán los años a ser buenos [1]?…

Cuando estaba pensando qué tema elegiría para el siguiente artículo, que pudiera ser objeto de algún interés, aún no había ocurrido la catástrofe que ha asolado Valencia y otros lugares de España. Mi intención, entonces, iba dirigida hacia otro punto geográfico, en concreto a Cuba, al borde del colapso desde el 17 de octubre, fecha en la que se produjeron los apagones que tuvieron como consecuencia la desconexión del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) durante tres días (Infobae). Tras la recuperación parcial del flujo eléctrico, cuatro días después, aún continuaban afectadas en diferente grado algunas regiones de la isla (RTVE.es). La extraña realidad que ofrece en cambio la página de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México muestra una abismal contradicción entre el idílico retrato que dibuja del país caribeño y la actualidad: «En 2011, la UNICEF declaró que Cuba era el único país de América Latina sin desnutrición infantil, así como también ha sido considerado el único país en el mundo con desarrollo sostenible en el informe bianual de Pekín, presentado por la organización mundial conservacionista WWF Internacional». Precisamente, la última referencia del texto (europapress) recoge los ‘méritos’ del modelo cubano que le han hecho acreedor de los máximos elogios por parte de WWF Internacional, a saber, el buen nivel de alfabetización —avalado por la ONU—, una alta esperanza de vida y, sobre todo, una baja «huella ecológica» en relación con un consumo de energía asimismo bajo. De ello, darán fe los cubanos estos días —si pudieran hacerlo sin temor a represalias ni a la censura gubernamental—. Esta es una evidencia más de la práctica del lenguaje orwelliano que ha tomado asiento en cualquier documento de instituciones de prestigio.

¡Socialismo o muerte! Como sabrán, fue la proclama de Fidel Castro en enero de 1989, durante las jornadas conmemorativas del trigésimo aniversario de la Revolución. Con ese grito vehemente, hizo gala «de una voluntad numantina y de una rigidez doctrinal a las que la población tendría que acostumbrarse hasta la llegada de mejores tiempos» (Fidel Castro Ruz). Pocos años después, en 1994, la crisis de los balseros —que provocó el éxodo masivo de 35.000 cubanos (Wikipedia)— mostró con hechos fehacientes el descontento de un pueblo sometido a una precariedad constante e intolerable. Por mucho que los planes quinquenales hubieran realizado previsiones más halagüeñas [2], la obtusa realidad se impone, y la isla sigue en la miseria [3]. Y este es el punto de sutura que une la historia de un fracaso deliberado, allí y aquí. Para ilustrarlo, vengamos a lo del hoy, a nuestro propio territorio.

Pocos días atrás, Guillermo Mas Arellano escribía para La Tribuna del País Vasco uno de esos artículos que no dejan indiferente a nadie, La negligencia voluntaria y criminal del Estado en 15 puntos. Con precisión quirúrgica, desmontaba uno por uno, con argumentos, las principales consideraciones que cualquier ciudadano de bien atribuye al Estado, tales como asegurar la protección del territorio, procurar el amparo de sus nacionales y garantizar el cumplimiento de las leyes. En su breve repaso por los hechos que han marcado con hierro candente —para su sometimiento— a España como nación, no cabe duda de que existe una intencionalidad en que las cosas sean así, y no de otra manera. Para que se entienda a las claras, las ‘transformaciones’ requieren medidas que conduzcan al resultado ‘óptimo’ para sus fines —dicho sea con toda ironía—. Por ejemplo, las intervenciones —cuanto menos sospechosas— de dos ministerios cruciales en la desgracia de Valencia, el ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico y el de Interior, tal y como informa Moncloa.com (El PSOE esconde a Teresa Ribera ante las dos fatídicas horas de silencio de la CHJ sobre el caudal del barranco del Poyo). La andanada de acusaciones sobre la deficiente actuación de los distintos actores implicados solo es una estrategia para ganar tiempo y captar la atención, desviándola de aquello que pudiera aportar alguna pista que visibilice sus siguientes acometidas. Otra de las informaciones ofrecidas por el mismo digital afirma que Miguel Polo (CHJ) gastó 14 M€ en sueldos y sólo 1,1 M€ en obras, mientras desaparecen datos clave de seis barrancos, dato que anticipaba VALENCIANEWS: La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) elimina de su web los datos clave de la catástrofe del barranco del Poyo con pantallazos del contenido que era visible hasta el domingo pasado.

La incesante sangría a los costales de la patria no se limita a lo económico [4]. La pérdida irreparable de vidas humanas duele más. De este modo, en lo referente al ámbito sanitario, y firmemente convencida de que nada es por casualidad, ha saltado la noticia sobre MUFACE, que podría dejar sin cobertura a más de un millón y medio de funcionarios [5]. El sistema sanitario de la Seguridad Social, muy tocado antes y después de la pandemia, debería absorber de repente a un número elevado de nuevos usuarios que enlentecería, aún más, el acceso a los profesionales y a las pruebas diagnósticas y cirugías que son motivo de queja en la actualidad. A pesar de la manifiesta antipatía que muchos le tienen al sector funcionarial, quiero poner en el tapete un dato que quizá dé lugar a alguna reflexión que no haya surgido, y que tiene mucho que ver con ese ‘reto demográfico’ —lleno de negros presagios— que busca, premeditadamente, el aumento de una atención deficitaria en detrimento de esa medicina preventiva que publicitan, con resultados de mayor gravedad en el futuro. Y, asimismo, darles la puntilla a los profesionales extenuados —en condiciones laborales o inestables, precarias, muchos de ellos— con la intención de apostar por una salida, una solución final que, adivinen, el Ministerio de Sanidad puso en marcha en 2021. Exactamente esa, la ley de eutanasia. Y ahora entiendan por qué la distancia entre Cuba y España se ha acortado tanto.

 

NOTAS______

[1] ANGUSTIA Y ESPERANZA: CANTAR DE MIÓ CID, V. 146 ALFONSO D’AGOSTINO Universita degli Studi di Milano.

https://ebuah.uah.es/dspace/bitstream/handle/10017/5338/Angustia%20y%20Esperanza.%20Cantar%20de%20Mio%20Cid.pdf?sequence=1&isAllowed=y

 

[2] Carmelo Mesa-Lago: Los planes quinquenales de desarrollo de Cuba (1976-80 y 1981-85): comparación, evaluación y perspectivas. (https://www.jstor.org/stable/3466665)

 

[3] ABC: Cuba sigue en la miseria pese a la década reformista de Raúl Castro.

 

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Corrupci%C3%B3n_en_Espa%C3%B1a

https://es.statista.com/temas/3543/corrupcion-en-espana/

 

[5] Las aseguradoras dejan Muface desierto: no renuevan el contrato y dejan en el aire la asistencia sanitaria a 1,5 millones de funcionarios

 

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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