
«Se gastan mucho en tonterías que no aportan nada a los españoles. Tal vez si gastaran menos en sí mismos otro gallo nos cantaría»
Como decían los cómicos Martes y Trece, “hay cosas que hay que tener en Cuenca”. ¡Vaya que sí! Pero sin incluir en “Cuenca” todas las estupideces, lugares comunes y textos de opereta incluidos en el BOE por este gobierno a lo largo de los años. Digo tener en Cuenca y dejarlas allí, porque sirven de bastante poco al conjunto del cacareado pueblo.
Desde luego tinta, gastan mucha, así como saliva, pero lo que es enjundia y resultados, gastan bastante poco. Se gasta mucho en tonterías que no aportan nada a los habitantes del país. Tal vez si gastaran menos en sí mismos y en asegurarse un futuro, no precisamente aciago, otro gallo nos cantaría.
Nunca he sido un sectario anti socialista. Es más en muchos temas humanos, un sentimiento y pensamiento social, debe primar sobre intereses particulares. Pero esto es algo que parece que no se ve en este gobierno. No parece aplicarse la estrategia evolutiva estable, como explica Richard Dawkings, en su libro “El gen egoísta”, si no que se preservan los individuos más aptos, descartando a los que no llegan a un mínimo. Pero en sociedad hay que defender a todos, y esos que lo hacen son los que defienden algún tipo de ayuda social, dado que somos una especie de raíces jerárquicas y sociales. Esto nos pone en cabeza como individuos que hacen honor a sus raíces de primate, cuando se organizan en grupos sociales en los que colaboran entre sí sus integrantes. Esta claro que entre estos individuos deben existir graduaciones, dado que no todo los seres humanos tienen las mismas capacidades, ni inteligencia.
En una sociedad ideal en la que se pudiera valorar con un criterio aséptico las dotes individuales, las retribuciones deberían ser acordes a las cualidades. Lo que está claro, y es evidente, es que entre los seres humanos, lo que produce una diferencia notable entre los individuos, no es la fuerza física, si no la intelectual. Pero esto no es óbice para que quienes no detenten esta destreza cerebral, no puedan tener derecho a pasar una vida desahogada como cualquier otro ser humano. Vamos que, sus necesidades primarias estén aseguradas y en cierta forma defendidas por las élites gobernantes. Para ello uno de los asuntos que deben controlarse, en cierto modo, es el precio de los productos de alimentación, dado que todas las personas necesitan más o menos lo mismo.
Un tema que afecta directamente a los integrantes de una sociedad es dónde vivir, pero esto no debe implicar que la sociedad o los individuos que la integran deban cargarse con los problemas de los otros menos favorecidos. Lo que sí está claro es que debería existir un parque de viviendas básicas gestionadas por los gobiernos para poner a disposición de las personas que, por causas justificadas no pueden acceder a ella en un momento determinado.
Tampoco es justo que haya sueldos que no permitan a las personas cubrir unos mínimos vitales como son vivienda, salud, educación y nutrición. Estos elementos deberían estar fuera de la ecuación económica del libre mercado. Deben de existir unos baremos justos según los cuales se puedan valorar estos bienes dentro de unos valores ajustados a la realidad para la generalidad. Si algunos individuos no pueden llegar a ellos, deben ser atendidos por los gestores de la sociedad o sea lo políticos, que entre otras cosas, para eso se ofrecen como elegibles para regir la sociedad. Es más cualquier individuo debe de estar colocado en situación más elevada que sus gestores que en definitiva están a su servicio.
Por todo esto comenzaba diciendo que como decían los cómicos Martes y Trece, “hay cosas que hay que tener en Cuenca”. ¡Vaya que sí! Pero sin incluir en “Cuenca” todas las estupideces, lugares comunes y textos de opereta incluidos en el BOE por este gobierno a lo largo de los años. Digo tener en Cuenca y dejarlas allí, porque sirven de bastante poco al conjunto del cacareado pueblo. Desde luego, tinta gastan mucha, así como saliva, pero lo que es enjundia y resultados, gastan bastante poco. Tal vez sí, gastan en sí mismos y en asegurarse un futuro, no precisamente aciago.
Cuando en algún momento de la historia algunos políticos decidan que su nivel de vida debe estar al mismo que el de cualquier votante de su país, ese día realmente existirá una sociedad democrática e integradora. Y tal vez, solo tal vez, los seres humanos sepan comprenderse y valorarse como hermanos que pertenecen a la misma especie. Pero esto se consigue, no rasando por la base mínima, sino tratando de que el nivel básico aumente hasta un punto en el que no tengan que ser tutelados, ni subvencionados. Es curioso que esto en España se quiera hacer vía impuestos, esquilmando a las clases medias, y no elevando en nivel del país aumentando las exportaciones y cancelando deuda. ¿Dónde va todo ese dinero Presidente Sánchez? ¡Vayan ustedes a saber!

