
Mi no querido presimiente:
Tras la sesión inaugural, esta vez en el museo Reina Sofía, del aquelarre en cien actos que tiene preparado para este año su desgobierno Frankenstein, los dos minutos cincuenta y un segundos finales de su discurso de cierre me dan juego suficiente para ofrecerle un nuevo repaso histórico.
Después de otras falacias de su realidad virtual que comentaré más adelante si no me alargo demasiado, y en su más buenista tono predicador de Fray Perico Narciso Felónez, rendía usted a su entregada parroquia con estas palabras: “Y no hace falta ser de una determinada ideología, ni de izquierdas –siempre el burro (con perdón) delante, para que… no haya duda de qué ideología prefiere y practica–, ni de centro ni de derechas, para mirar con tristeza, con verdadera tristeza, y también con terror, los años oscuros del franquismo –pero no mira con tristeza ni, mucho menos, con terror, la dictadura de su ejemplo venezolano Nicolás Maduro– y temer que ese retroceso se repita –que, a todas luces, es lo que parece buscar, completando el camino que le dejó expedito Mariano Rajoy al no derogar nada de lo que hizo su antecesor, José Luis Rodríguez Zapatero (por ejemplo la ley de memoria histórica) y acelerar una buena ley de Educación tan necesaria desde 1970–.
Basta con ser demócratas –¿desoír el resultado de las urnas y buscar alianzas contra natura es ser demócrata?–. Basta con entender que la libertad, la verdadera libertad, es aquella –‘que nos permite cambiar de opinión las veces que haga falta para perpetuarme en el poder’, debió pensar– que nos hace mejores como personas y como sociedad y es aquella que nos permite votar –ya demostró en julio de 2023 para qué sirve el voto, más allá de para manipular a su antojo la voluntad del electorado bajo la apariencia de democracia– y participar, manifestarnos y expresar nuestras ideas –eso, las suyas– y vivir de acuerdo a ellas –al más puro estilo socialcomunista, como viene haciendo en estos, ya larguísimos, casi siete años–.
Sin ningún tipo de miedo –¿como el que tiene usted, que le ha llevado a sacarse de la manga una nueva ley para quitar a la acusación popular de los procedimientos, con carácter retroactivo, en contra del Artículo 125 de la Constitución Española que la reconoce? –. Ni miedo a la represión –¿qué son las cargas policiales a los manifestantes en la puerta de Ferraz o las entradas furtivas de su mujer y su hermano en los juzgados?– o a la censura –¿qué son las ruedas de prensa sin preguntas si no vienen de “periolistas” de medios reconocidos y, por ello, autorizados? – ni miedo a que alguien nos saque de madrugada de nuestra casa –¿como a José Calvo Sotelo en la del 13 de julio de 1936? pongamos por caso–, nos expulse de nuestro trabajo –ya se encarga el sistema de hacerlo. Le recuerdo que en 1975 había un 3% de paro juvenil, por citar sólo ese, y hoy más del 30%, pero podemos hablar del general si quiere, unos cuatro millones reales– o nos condene al ostracismo social –¿llama ‘ostracismo social’ a la generación de la mayor clase media de la historia, y con verdadera igualdad de oportunidades (eso sí, para el que se las merecía) sin distinción alguna de clase social?–, como ocurrió durante todos esos años de dictadura –no sé a qué espera para irse a sus adoradas Cuba o Venezuela para gozar de “auténtica” libertad–.
Por todo ello (bis) –ni el más experto mentiroso puede dejar de recurrir a la repetición de una frase para alargar la siguiente mentira–, en un aniversario como el que celebramos en el año 2025 –cada vez son más los que repiten, como yo, que en 2025 (y no hasta el próximo 20 de noviembre) sólo se puede conmemorar (celebrar para usted, el Largo Caballero de hoy, y los suyos), la muerte (en la cama, le recuerdo) del Generalísimo Franco, porque el primer atisbo de democracia en España se produce en las elecciones de junio de 1977 y la supuesta consolidación de la libertad, año y medio después, con la aprobación, el 6 de diciembre de 1978, de la Constitución Española, esa que, cinco de sus socios de gobierno, con usted a la cabeza, se quieren cargar– y hoy más que nunca, tenemos que reivindicar, tenemos que defender y tenemos que fortalecer la democracia en nuestro país –¿colonizando instituciones como el Tribunal Constitucional, la fiscalía general del Estado, la abogacía del Estado (que con usted pierden la mayúscula y parecen más de su “establo”), el Centro de Investigaciones Sociológicas (hoy de Invenciones Sánchez) o Radio Televisión Española, hoy más Espantosa que nunca?–. ¿Y cómo podemos hacerlo, cómo debemos hacerlo? Yo creo que, en primer lugar, siendo valientes, siendo valientes (bis) –¿como demostró serlo usted en Paiporta, huyendo del palo de una escoba?–. Consolidando y avanzando en derechos y en libertades –¿encerrar una y otra vez al país siguiendo instrucciones globalistas perversas u obligar a vacunarse es “avanzar en derechos y libertades”?–, nunca retrocediendo en ellos –por eso hay que rellenar cuestionarios de 42 preguntas para inscribirse en un hotel, supongo–.
Haciendo de nuestra sociedad una sociedad más próspera –con una deuda, creciente, del 120% del PIB, no parece muy próspera nuestra (de nosotros, que no de usted y de sus socios) querida España– y cohesionada –¿lo dice por los nacionalismos catalán y vasco, cada vez más ‘cohesionados’ con la España que les roba?–, también libre y tolerante –supongo que se refiere a serlo con los delincuentes de los ERE y del intento de golpe de Estado en Cataluña a base de reformas legales ad hoc– tal y como reivindican los artículos de la Constitución Española –¿a cuáles se refiere, al 1.2, por la prostituida ‘soberanía nacional…’ y al 1.3 por la Monarquía que tanto detesta; al 2, por lo de ‘indisoluble unidad…’; al 3.1 y la traducción simultánea en las cámaras para que se “entiendan” españoles de una y otra región; al 6, por la “ejemplar” democracia interna en los partidos, especialmente en el suyo; al 8, que no sé a qué esperan nuestras FF. AA.; al 14, por lo de ‘los españoles son iguales ante la ley’, menos sus jefes catalanes y vascos que lo sostienen en la poltrona; al 23.2, por lo de ‘acceder en condiciones de igualdad a las funciones’, vetado para los que no hablan catalán, vasco o gallego; al 27.1, por lo de ‘se reconoce la libertad de enseñanza’, pero no se puede enseñar libremente en Español en determinadas regiones ni explicar la verdadera Historia de España de los años 30’s que, gracias su desliz megalómano se está empezando a conocer vía redes sociales, o al 27.3 por lo del ‘derecho de los padres a la formación religiosa de sus hijos’, esos que “no perteneces a los padres” según su exministra de Educación Isabel Celaá, premiada para más inri con la embajada de España en el Vaticano por su “excelso” descubrimiento?
Doy un salto, porque sería interminable citar todos los artículos a los que podría referirse, y paso a que tal vez se quisiera referir al 118, por lo de ‘Es obligado cumplir las sentencias y demás resoluciones firmes de los Jueces y Tribunales’, que parece que no reza con sus chantajistas catalanes y sus correligionarios andaluces Manuel Chaves y José Antonio Griñan, el enfermo terminal, bastante recuperado, felizmente; o, tal vez, al 124, por lo de que ‘el Ministerio Fiscal (lo pongo en mayúsculas porque así viene en el texto, no porque las merezca) tiene por misión promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad’, y no filtrar información privada de un ciudadano con el único fin de perjudicar a un rival político que no le da tregua; o, al antes citado 125, por lo de ‘los ciudadanos podrán ejercer la acción popular…’, que ya no le interesa y, como buen dictador, lo cambia, al más puro estilo Chávez, “exprópiese”, y Maduro. Aunque cada día creo más que su artículo preferido de la C. E. es el 128.1, por eso de “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”, que, obviamente es el suyo. ¿Reza esto para sus compañeros José Bono, Felipe González o el antes citado Zapatero, por citar sólo a los más destacados del ranking de fortunas políticas? Desde luego, no creo que se esté refiriendo al 134.3, porque lo de la obligación de ‘presentar presupuestos…’ no parece que le importe mucho; tampoco al 139, con esa “chorrada” de que ‘Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio nacional’, porque lo del cupo catalán parece no ir por esa igualdad; ni al 145.1, porque eso de que ‘en ningún caso se admitirá la federación de comunidades autónomas” le rompe uno de sus objetivos (en este caso me niego yo a las mayúsculas para la principal causa de muchos de nuestros males actuales); qué decir del 149, porque le está dando o pretende darle a sus extorsionadores competencias exclusivas del Estado, tales como inmigración, relaciones internacionales, administración de justicia, hacienda, puertos y aeropuertos de interés general… Creo que tampoco se refiere al famoso 155, pese a que se vio forzado a votar la intervención de Cataluña en 2017, pero eran otros tiempos en los que no dependía del fugado de Waterloo y, desde luego, no se refiere al 159.5, porque ha demostrado que le da repelús eso de que ‘Los miembros del Tribunal Constitucional serán independientes… en el ejercicio de su mandato’.
Seguramente sí que se refiera al Título X, respecto a la reforma constitucional, pero no por las vías que se recogen en el Artículo 167.1 y 167.2, con mayorías cualificadas, sino por la puerta de atrás con sus mayorías Frankenstein. Por supuesto, también aceptará de buen grado la Disposición adicional primera, porque ‘los derechos históricos’ no se tocan, que se le cae el tinglado–. Debemos hacerlo también combatiendo las fake news, porque las mentiras y también la desinformación son la principal arma de los enemigos de la democracia –lo dice el director de la ‘fangosfera’ que dicta cada día Producciones Moncloa al Loro Park sanchista–. Debemos hacerlo, cultivando también el optimismo, porque la desesperanza es el mayor corrosivo de la vida en sociedad. Y, por supuesto, tenemos que hacerlo recordando la historia –que para eso su amigo, el asesor de Maduro, se inventó la ley de Memoria Histórica y usted la ha “mejorado” con la de Memoria Democrática–. Porque olvidar los errores del pasado es el primer paso para que estos se repitan de nuevo –exactamente lo que pasó cuando se redactó la Constitución, que dejaba puertas abiertas que podrían derivar, como así ha sido, en que se pudiera incurrir en esos mismos errores desde las mismas organizaciones, partidos políticos y sindicatos democráticamente degenerados y regiones históricas que no lo eran más que las otras, con un “café para todos” que se indigestó a muchos. Así que, estimados ciudadanos y ciudadanas –le faltó “ciudadanes”–, hace 50 años, España empezó a caminar hacia la libertad –veo que insiste interesadamente en su error con las fechas–.
De las cenizas de la última dictadura de la Europa Occidental –reconocida desde los años 50’s como Estado, por las primeras potencias mundiales y organismos internacionales–, nuestros padres y madres, nuestros abuelos y abuelas, nosotros mismos y mismas –siempre inclusivo, que no se enfade nadie, pero no se acaba de decidir con la tercera forma que contentaría mucho a su extrema izquierda, ¡anímese hombre!, ya que derrocha usted tanto las palabras como el dinero–, logramos levantar una de las democracias más prósperas y plenas del planeta, la democracia que somos hoy –con la que quiere acabar, parece, apartando a la mitad de españoles que le sobran al otro lado del muro que empezó a levantar desde que llegó en 2018. Celebrémoslo y construyamos con ella otros 50 años más de progreso y de libertad” –comparto con usted ese deseo de otros 50 años, aunque con más libertad y menos progreso del suyo, ese “progresismo” que nos frena en realidad y, para ello, hago mía la respuesta del jefe de gabinete de Isabel Díaz Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez, el pasado jueves, en el programa Espejo Público, a la pregunta de Susana Grisso sobre “qué le diría a Pedro Sánchez”, o sea, a usted: “Que nos deje en paz” fue la respuesta y cuanto antes, añado yo.

Y muy resumido ya, mi no querido presimiente, un breve comentario a su euforia económica previa. Decía, con su osadía de tratar de comparar la situación económica entre 1975 y 2024 que “En 1975, la renta per cápita de los españoles era de 15.000 €. 15.000 € –supongo que lo repite para remarcar la baja cifra y resaltar la siguiente–. Hoy es de 31.000 €, más del doble”. Ya sé que, dada su preparación económica, demostrada con esa tesis hecha al parecer en el ministerio de Industria de su amigo Miguel Sebastián y, según las malas lenguas, plagiada en su mayor parte, no habrá dejado de poner las cifras en su contexto y analizado el poder adquisitivo de una y otra. Le recuerdo, aunque sin duda no le hace falta, que 15.000 € equivaldrían a 2.495.790 pesetas de entonces, una cifra que no la ganaba todo el mundo en 1975 y dudo que fuera la renta media, pero sus fieles se lo creen todo –yo ya trabajaba desde 1973 en un buen puesto técnico en una empresa cementera española de primer nivel, hoy vendida, como tantas, a una multinacional extranjera, y se lo puedo asegurar– y también que con ese sueldo, entre otras cosas se podía mantener una familia de cuatro o cinco miembros, tener coche y pedir una hipoteca para la compra de la primera vivienda, por un plazo no superior a 7-8 años.

Hoy, con 31.000 € anuales, sabe usted perfectamente que escasamente da para lo primero, el coche y un mediano alquiler sin capacidad de ahorro alguna. Pero ya sabemos que su realidad virtual le lleva a aplaudir la publicación de The Economist cuando situaba a España como «la economía que mejor desempeño ha tenido en todo el mundo en el año 2024» y se le llena la boca para «Reivindicar que España está viviendo uno de sus mejores momentos de la historia contemporánea. Lo estamos haciendo en términos de crecimiento económico y también de creación de empleo, hoy mismo la OCDE, esta semana, nos ha dicho que España va a crecer cuatro veces más que la media europea y tenemos más de 21 MM de personas trabajando y cotizando a la SS. Y también de proyección internacional y de cohesión territorial». Cuatro afirmaciones y cuatro falsedades. Se le olvida que España crece por el gasto público, pero el PIB per cápita sigue a niveles de 2019, y también que el empleo sólo crece de verdad en el sector público y que esos 21 MM son más cotizantes que empleados, incluyendo becarios, fijos discontinuos y personas en búsqueda activa de empleo, además de que el poder adquisitivo de los salarios actuales está a niveles de hace quince años. Usted lo sabe, pero eso no vende. De la proyección internacional mejor no hablar después de aquella otra edición de The Economist que se hacía eco de sus escándalos familiares y políticos de corrupción y del papelón que está jugando con la ambigüedad calculada por su ministro respecto al resultado electoral de Venezuela. Y de la cohesión territorial me remito a lo que le decía unas líneas más arriba, de la que Cataluña representa su máxima expresión. Y si quiere comparaciones entre 1975 y 2024 de la posición de España en el mundo de la producción industrial, destrozada por su partido, lea despacio este artículo, que le vendrá bien para su desmemoria democrática.
Así que despierte leyendo el Manifiesto de 87 intelectuales contra el aquelarre que le decía al principio .
Suyo nada afectísimo,

