(V) Año 2025. 50 Causas: El PNV y el palacete. Por Antonio E.

El PNV y el palacete.

«¡Que asco dais Aitor! Qué carácter tenéis tan agrio, que cara de estreñidos continuos, que arrogantes tan zafios»

Hace unos días se cumplieron treinta años del vil asesinato, como todos los perpetrados por ETA, de Don Gregorio Ordóñez Fenollar. Pocos días al cabo del año tenemos, en los que no tengamos que recordar un atentado, y centenares de muertes que llorar. Decir que ETA ha sido vencida, es la peor infamia que un gobernante puede decir, cuando la molesta y cruda realidad le recuerda que ETA se sienta a su lado en la Moncloa.

Esta es la enésima vez que escribo sobre ETA, y el nazionalismo vascongado en su conjunto, y no será la última. Mientras los políticos no se cansan de decirnos que ETA fue derrotada, este año que acaba de terminar ha sido testigo de más de cuatrocientos treinta actos de exaltación de la mafia etarra. Ni el gobierno de la nación, ni el vasco, ni la fiscalía, tuvieron el valor de prohibir los actos, pese a estar prohibidos por Ley. Al parecer es otra de las muchas letras que el dictador paga sin rechistar.

La impunidad es más dolorosa, cuando los encargados de velar por que se cumplan las leyes, se ponen de rodillas ante los criminales, por pura necesidad para gobernar. Si la libertad de expresión ampara a los etarras ¿Quién ampara a los asesinados por ETA? Esta pregunta habría que hacérsela al que permite actos de exaltación y homenaje a los criminales, delante de sus tumbas, y de sus deudos. Dudo mucho que entre tanta rata hubiera alguna que se atreviera a hacerlo.

Cuando la servidumbre ante ETA es total y absoluta, cuando la han revestido de necesidad, lo único que cabe es denunciarlo ante la opinión pública, y pedir a los españoles que aun conservan un mínimo de dignidad, que nunca olviden a las víctimas, contribuyendo a que su memoria siga viva entre nosotros. Insuficiente si no va acompañado del señalamiento a los que se lucraron con sus asesinatos, y a los que como en el caso de Pedro Sánchez, recientemente, no dudaron en pactar con el jefe de los criminales, para poder gobernar.

Poco se me sigue antojando, si no se dice alto y claro, cómo los distintos gobiernos vascos dieron cobertura política y mediática al partido del hacha y la serpiente. Muy poco, si no se señala a la izquierda extrema que generalmente nunca estuvo al lado de las víctimas, si no al lado de los verdugos a los que dio carta de naturaleza.

La maldita equidistancia entre nucas y balas, crueles con los que sufrían, obsequiosos y comprensivos con los que asesinaban. Esta es la izquierda que llora la muerte de un perro, la misma que con estruendoso alborozo hace loas de matanzas indiscriminadas.

Insignificante, si nos atenemos a los miembros de la llamada “kultura”, engreídos y despreciables marranos, cerdos delante y detrás de las cámaras, piojos embadurnados de mugre en sus pisos de lujo. De aquellos miserables no salió ni una sola condena, ni un solo reproche, ni una sola queja. Hacía falta ser unos grandísimos hijos de puta para poder soportar tanta sangre derramada, sin que se les alterase el alma, normal cuando se carece de ella.

Mínimo, cuando nos referimos al nazionalismo vasco, fiel y silente cuando convenía, que era casi siempre. Taimado y cínico con la opinión pública, y a la vez cómplice sangriento cuando interesaba, la hemeroteca nunca miente, sus declaraciones días después les retrata. La Historia de España, la auténtica, la que nadie puede falsificar, nos cuenta con dolorosa crudeza, cómo sucedieron los asesinatos y a quienes beneficiaron.

Quien no recuerda los asesinatos de jefes de policías locales. ¿A quién estorbaban? La respuesta es sencilla.

Quién no recuerda el asesinato del primer jefe de la Ertzaina. ¿A quién no gustaba? Igualmente, de sencilla.

¿Por qué nunca se depuró la existencia de elementos sospechosos en la Ertzaina? Sencillísima.

¿Quién se aprovechó, principalmente, de la huida de casi 300.000 ciudadanos vascos a otras partes de España? Adivinen.

¿Por qué se toleró que en muchas iglesias se escondieran terroristas? La más sencilla de todas.

Nunca se afeó a Setien su repugnante comportamiento al negar que los entierros de los asesinados se celebraran en sus iglesias. La lógica indica que era una estrategia común del nazionalismo vasco. ¿Alguien lo dudaba?

Cientos de preguntas, generalmente con la misma contestación. Lo más indignante es que estos tipos de rostros avinagrados señalen en otros lo que ellos son, totalitarios. Del PNV se puede estar hablando durante meses, sin encontrar una sola palabra que signifique, honor, dignidad, honorabilidad y rectitud. Eso es imposible.

En esta España de hoy donde las diferentes mafias compiten en ver quién es más elegante, existe un partido que siempre irá en pelota picada, el PNV. No sabemos si lo hace por esnobismo, por chulería, o por que su singularidad así se lo exige. Cabría preguntarse en que se inspira el PNV, a la hora de vender su apoyo a Sánchez, si pedirle otro palacete, o exigirle que le entregue el palacio de la Moncloa, ministros incluidos.

Lo que está quedando claro es que estos amigos de lo ajeno, nunca se irán de España. Ni tienen valor para hacerlo, ni bemoles para intentarlo, ni cojones para proponérselo. Amenazar os sale barato.

Donde van a ir estos negados, sin un país de bobos que les paguen lo que no ganan, que mantengan a sus jubilados, que no investiguen sus cuentas, que mantengan a su policía, que den pensiones a sus criminales, que permitan que se den la gran vida sin rendir cuantas a nadie.

Que no cumplan las leyes, que todo lo que hacen siga siendo opaco, que sus empresas no tributen, que sus subvenciones corran a nuestro cargo, que encima nos traten como a inferiores, que nos digan que somos muy malos. Y más.

¡Que asco dais Aitor! Qué carácter tenéis tan agrio, que cara de estreñidos continuos, que arrogantes tan zafios. Nos daréis una alegría muy grande, el día que os vayáis al carajo.

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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