Entrevista a san Agustín. Por Alonso de Madariaga

Dedicado a todos los españoles que se resisten con uñas y dientes a ser adoctrinados por la secta de los Sorosianos, negándose a comulgar con sus piedras de molino:

«¿Tu verdad? No, la Verdad;

y ven conmigo a buscarla.

La tuya, guárdatela».

Antonio Machado
El trasaltar de la catedral de Ávila

     Hoy toca adentrarse en Castilla la Vieja, Ávila, en el centro peninsular. Una provincia por todo lo alto, de hecho, en España, la capital de provincia a mayor altura sobre el nivel del mar, con 1131 metros. Hablamos de la España fría, con inviernos impenitentes, donde tiritan las carnes de los más frioleros. Tras recorrer la muralla, estoy de pie en la plaza de la Catedral, contemplando detenidamente la fachada del tempo. No puedo evitar recordar aquellas palabras de don Miguel de Unamuno«Viendo a Ávila se comprende cómo y de dónde se le ocurrió a Santa Teresa su imagen del castillo interior y de las moradas y del diamante. Porque Ávila es un diamante de piedra berroqueña dorada por soles de siglos y por siglos de soles». 

     Sí, Unamuno no fue ni el primero ni sería el último a quien el conjunto físico e histórico de este lugar impactaría en su espiritualidad. Ya caminando por la catedral, me acerco hasta el retablo mayor para contemplar las pinturas de Berruguete. Como Napoleón, frente a las pirámides de Egipto, siento admiración ante un legado que ha trascendido al tiempo. Ábula, como llamaban los romanos a nuestra Ávila, una de las primeras ciudades cristianizadas en la península ibérica, allá para el siglo I anno Domini. Los orígenes de su catedralidad se remontan a los tiempos más primitivos del cristianismo; sin embargo, la invasión mahometana (siglo VIII) frustró dicha catedralidad. El emplazamiento tendrá que esperar para su restauración al reinado de Alfonso VI (1065-1109). Esta primera catedral, dedicada al Salvador, empezó a construirse en el siglo XII y se concluyó en el XV. Sí, la Reconquista nos trajo la España de la luz, que junto a sus siglos de Oro, nunca más sería superada. Salgo de mi embelesamiento para dirigirme al Trasaltar —lugar de la entrevista de hoy—, justo detrás del altar mayor. Un sitio dedicado al obispo y teólogo Alfonso Fernández de Madrigal, El Tostado (1410-1455), enterrado en un sepulcro labrado en alabastro, trabajo realizado por el escultor Vasco de la Zarza. El Tostado, personaje de extraordinaria agudeza mental, que desde niño sintió predilección por la ciencia y una sed insaciable por aprender. Una estudiosa del personaje, la catedrático Nuria Belloso Martín, nos cuenta:

«De su capacidad para retener de memoria, se llegan a contar cosas increíbles, lo que unido a su fama de escritor infatigable hizo posible una obra de tan vastas dimensiones. La amplia e ingente obra de Madrigal contrasta con la brevedad de su vida: obras de corte escolástico, obras de corte humanista, tratados sobre temas muy diversos tales como filosóficos, teológicos, políticos, escriturísticos, cetrería y principalmente bíblicos y mitológicos. A ello hay que sumar sus amplios conocimientos de latín, griego y hebreo. Asimismo, tenía formación en Artes, en Teología, en Filosofía natural y moral, en Astrología y Astronomía, en Geografía e Historia. Su inteligencia privilegiada junto con su afán de leer y saber, no frecuente entre sus coetáneos, le acabó dando la fama de escritor infatigable y derivando en la frase “escribes más que el Tostado”. […]. La iniciativa de llevar a cabo la edición de la obra manuscrita de Alfonso de Madrigal partió de la reina Isabel». 

     Rodeado de historia y de arte «a que no puede bastar cuenta cierta», hallo a san Agustín contemplando el paño central donde aparece esculpido El Tostado…

Entrevista a san Agustín. Cuadro atribuido al pintor Gerard Seghers, entre 1600-1650.

 

ALONSO DE MADARIAGA

     ¿Por qué aquí?

 

SAN AGUSTÍN

     Tenía que venir hasta Ávila para rendir tributo a un sobresaliente hombre de fe y de letras. Buscó y encontró la verdad, no «su verdad», o la de otros, sino la verdad, ya que sólo hay una. Es decir, no le interesaban las percepciones individuales, no, buscó la única verdad absoluta, aquella que no varía ni con el paso del tiempo ni según la percepción o interpretación personal de cada uno. ¡Desde luego no iba yo a ir a la Universidad Camilo José Cela para rendir tributo a Perico el de la Tesis por su timotesis!

     

ALONSO 

     Tu obra monumental La Ciudad de Dios, —compuesta de 22 libros— trasciende la teología yendo más allá, abarcando la filosofía, la ética, la política y el poder. Calificada como una de las obras más importantes de la historia del pensamiento y pilar de la cultura occidental. En ella describes dos ciudades: Civitas dei (ciudad de Dios) y Civitas terrena (ciudad del hombre). Tardaste trece años en escribirla, desde desde el 413 hasta al 426 anno Domini. ¿Por qué tanto tiempo?

AGUSTÍN

     No es lo mismo construir una casa que una catedral. La Ciudad de Dios, es una catedral del pensamiento cristiano. Exigió su tiempo. No hablamos de un producto de usar y tirar o con fecha de caducidad, tampoco está creada para perezosos mentales alérgicos a la lectura reflexiva. ¿Impopular en el mundo actual? ¡Puede! ¡Hay que calentarse la sesera! No obstante, el impacto que ha tenido en la construcción de la civilización occidental justifica lo acertado del trabajo. Básicamente, desde los orígenes de los tiempos, hay dos ciudades, mundos o civilizaciones que coexisten estando en un conflicto permanente. La ciudad de Dios: la conforman aquellos que anteponen el amor a Dios y al prójimo por encima de sí mismos. Se centra en valores espirituales, eternos. La ciudad del Hombre: fundamentada en el egocentrismo y el desprecio de Dios, persigue valores o bienes materiales, por tanto, temporales. Tales como la dominación, el poder y la satisfacción de los apetitos terrenales. Comparten el espacio y el tiempo en la historia humana, pero están separadas espiritualmente y tienen designados destinos distintos. La una, sin freno moral y obcecada en la propia satisfacción desenfrenada del deseo carnal, animal y demoníaco, está condenada a su propia destrucción. La otra, con límites morales y basada en la ley divina de «Todo lo que quieran que hagan los hombres por ustedes, así también hagan por ellos», le está reservada la salvación eterna. El hombre, sin Dios, se convierte en una animal y se comportará como tal. Por tanto, son dos sociedades físicamente mezcladas, y la misma vez, separadas espiritualmente. Sin embargo, en última instancia, cada persona debe elegir a qué ciudad pertenece.

 

ALONSO

     Independientemente de la fe, ¿se puede alcanzar la sabiduría y la paz interior desde la razón?

 

AGUSTÍN

     La razón es un don de Dios para que hombre pueda comprender el mundo mientras busca la verdad. ¿Cómo se puede discriminar el bien del mal si no es a través de la razón? La fe ni es ciega ni tampoco antagonista de la razón. Sin embargo, la razón precisa de la iluminación que proporciona la fe. Crede ut intelligas (cree para entender). La verdad existe, lo que quiere decir que no es relativa, pero se precisan dos alas para alcanzarla: fe y razón. La fe precede a la razón, de hecho, es la base sobre la que se sustenta. Es útil como puede serlo un farolillo en la oscuridad que nos permite avanzar con seguridad en la penumbra y ver —comprender— unas realidades que de otro modo no serían visibles, específicamente las que se relacionan con Dios y el sentido y significado de nuestra existencia. Con respecto a este último asunto y su capital importancia, Fiódor Dostoyevski, en su libro Los hermanos Karamazov, pone en boca de Iván Karamazov las siguientes palabras: «Pues el misterio de la existencia humana no estriba sólo en el vivir, sino en el para qué se vive. Sin una firme idea del para qué de su vida, el hombre no querrá vivir y preferirá matarse a permanecer en la tierra, aunque en torno de él todo fueran panes».

     Esta obra —La Ciudad de Dios— está inspirada en una cita bíblica primordial: «Y si no creyereis, tampoco entenderéis» (Isaías 7:9. Biblia Septuaginta al Español). Es decir, con la razón a palo seco no basta, esta se halla limitada y precisa del complemento de la fe para poder entender o comprender. ¿El qué? El plan divino para el hombre, que es lo que subyace detrás de todo: el origen del mundo y el misterio de la Creación, la naturaleza del mal y el destino final de la humanidad. Si nos circunscribimos a la razón, el mundo nos puede parecer caótico e injusto, pero con la ayuda de la fe, obtenemos la esperanza necesaria en la pelea por la vida mientras comprendemos que esta lucha entre estas dos ciudades tiene un final feliz programado.

 

ALONSO

     Iván Karamazov, afirma: «Sin una firme idea del para qué de su vida, el hombre no querrá vivir y preferirá matarse a permanecer en la tierra, aunque en torno de él todo fueran panes». ¿Nos hablas de las repercusiones de una vida materialista —sin espiritualidad— y el impacto que puede tener en nosotros como sociedad occidental?

 

AGUSTÍN

     El ser humano no es un animal que se conforme únicamente con tener satisfechas las necesidades físicas, ya que para vivir plenamente, se precisa más que solo un mundo de abundancia en cosas materiales. Es decir, requiere satisfacer una necesidad espiritual y primordial: el sentido de la vida, el para qué de su existencia. La falta de dicho sentido o propósito de la vida provoca que la veamos como vacía o carente de valor y esto conduce a la desesperación y, en casos extremos, a tirar por el camino del medio… o sea, quitarse la vida. Pasando de lo espiritual a lo material —a los datos sin precocinar por el Tezanos de turno—, en España, se constata el fracaso estrepitoso de la ciudad del Hombre. Por ejemplo, el informe «Suicidios en España – 2023», de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio, nos proporciona unas cifras estremecedoras:

  • Año 2023: 4116 suicidios. Por sexos, 3044 son hombres y 1072 son mujeres. O sea, 11,3 suicidios al día. La tasa por cada 100 000 habitantes, es de 12,79 para hombres y 4,32 para mujeres.
  • Año 1975: 1366 suicidios. Por sexos, 1011 son hombres y 355 son mujeres. La tasa por cada 100 000 habitantes, es de 5,60 para hombres y 1,90 para mujeres.

     ¿Cómo interpretar estos datos in crescendo? El fracaso de una sociedad, de una civilización, de una «ciudad». El suicidio en estas proporciones es un síntoma de que algo no funciona, una sociedad secularizada que reniega de Dios y es incapaz de proporcionar dignidad, esperanza y sentido a la vida de las personas. 

ALONSO

      ¿No tiene la vida valor intrínseco, sin el elemento espiritual?  

 

AGUSTÍN  

     La vida es un don divino, por tanto, tiene su valor en sí misma. Sin embargo, dicho valor es relativo. La vida no estaría completa sin su dimensión espiritual, o sea, sin reconocer su origen divino y su destino trascendente. De entre todos los seres vivos, del hombre, nos dice el Génesis, que fue creado a la imagen y semejanza de Dios. Los súbditos de la ciudad de Dios supeditamos lo terrenal a lo eterno, subordinando los placeres terrenales, esclavizándolos a Dios y al amor al prójimo… a la comunidad. La felicidad no radica tanto en el recibir como en el dar. En definitiva, sin esta dimensión espiritual y sagrada, la vida centrada en lo terrenal y en los placeres, corre el riesgo de dejarse arrastrar por el egoísmo, la insatisfacción… y el vacío. ¿Las consecuencias de centrar nuestra vida en la búsqueda desenfrenada de placeres y bienes materiales? Frustración, desesperanza, y en casos extremos, desesperación. Por ejemplo, España es el país del mundo con el mayor consumo de ansiolíticos Si unimos estos datos a los del suicidio, la interpretación de los datos nos conducen a una conclusión incuestionable, ¡algo va mal! ¡Rematadamente mal!

ALONSO

     La esperanza cristiana, ¿qué utilidad tiene?

AGUSTÍN

     La esperanza es una virtud cristiana y el ancla de la vida, proporcionándonos seguridad y estabilidad en medio de las aguas turbulentas —repletas de dificultades y desafíos— en las que nos toca navegar durante nuestra existencia. Es el timón que dirige nuestro corazón hacía Dios, motivo de nuestra existencia, recordándonos que la muerte no es final, sino el paso a la vida eterna. Ella, nos permite confiar en las promesas de Dios, elemento fundamental y sostenedor en medio de la incertidumbre. Brinda confianza y paz interior cuando atravesamos penas y dificultades, insuflándonos fuerzas para enfrentarnos a cualquier reto o desafío. Nos consuela el saber que nuestra vida tiene un sentido y, que en última instancia, somos importantes para nuestro Creador. 

ALONSO

     La eutanasia, la recomiendan las élites globalistas para aquellos que generan más gastos que beneficios a la sociedad, los pobres y los ancianos, como un último gesto de solidaridad intergeneracional, ¿qué opinas?

 

AGUSTÍN

     En contraposición a la ciudad de Dios, la ciudad del Hombre, tiene un plan de contingencia para quienes han dejado de producir, sea por su precaria situación económica, por enfermedad o por edad. El hombre es hombre mientras produce. Por ejemplo, en el British Medical Journal (BMJ), dos académicos canadienses publicaron un trabajo explicando que habían dado con la piedra filosofal para acabar con la pobreza y la angustia entre los desheredados… la eutanasia como un acto de caridad«Obligar a las personas que ya se encuentran en circunstancias sociales injustas a tener que esperar a que esas circunstancias sociales mejoren, o a que la posibilidad de la caridad pública pero poco fiable se produzca cuando se hacen públicos casos especialmente angustiosos, es inaceptable. Un enfoque de reducción de daños reconoce que la solución recomendada es necesariamente imperfecta: un “mal menor” entre dos o más opciones menos que ideales».

     ¿Cómo solucionar el problema de la vivienda? En Canadá, han encontrado la solución para las personas sin hogar… ¡darles pasaporte! ¡Eso sí, nada de en plan azteca, arrancándoles el corazón en vivo, sin un paracetamol! El jicarazo letal te lo darían en un hospital, con asistencia sanitaria y con todas las comodidades… ¡y gratis!  

     Para el ciudadano perteneciente a la ciudad de Dios, la vida es un don sagrado desde la concepción hasta la muerte natural. El ser humano, al ser creado a imagen y semejanza del Creador, esto le confiere una dignidad inviolable. La vida humana, tiene un valor consubstancial y trascendente ya que es creada y apreciada por Dios. La perspectiva cristiana de la vida promueve la protección especial de los más frágiles y vulnerables, incluyendo al no nacido, al anciano, el enfermo y al discapacitado. No nos corresponde finiquitarla voluntariamente por comodidad o conveniencia, de modo que, cualquier acción que atente contra la vida es moralmente inaceptable. En mi obra a los que nos referimos en esta entrevista, escribí lo siguiente al respecto

«Pero muchos se dieron muerte por no caer en manos de los enemigos. No preguntamos ahora si se hizo, sino si debió hacerse. A los ejemplos ha de anteponerse la recta razón, con la cual concuerdan los ejemplos. Aquellos que son tanto más dignos de imitación cuanto más sobresalen por la piedad. No lo hicieron los patriarcas, no los profetas, no los apóstoles, porque Cristo nuestro Señor, cuando les aconsejó que, si padecían persecución, huyesen de una ciudad a otra, pudo aconsejarles que pusieran en sí mismos las manos para no caer en las de los perseguidores. Por consiguiente, si El no mandó ni aconsejó que emigrasen de esta vida del susodicho modo a los suyos, a quienes El prometió que, en saliendo, les aparejaría moradas eternales, cualesquiera sean los ejemplos que nos propongan las gentes que no conocen a Dios, es manifiesto que esto no es lícito a los adoradores del único y verdadero Dios». 

ALONSO

     Observo con inquietud a una sociedad profundamente hedonista que camina con paso decidido y acelerado a su autodestrucción. Una población cuyo leitmotiv es vivir aceleradamente, al máximo. Es decir, la vida es corta y el placer está aquí y ahora, ¿por qué buscar la privación o moderación en los placeres y preocuparse por el más allá?

AGUSTÍN

     En occidente, impera una agenda impulsada por las élites globalistas que más que laica es cristófoba, enfermizamente inmersa en una búsqueda desenfrenada de placeres. ¿Cuáles son sus frutos? En España, las enfermedades mentales suponen una crisis de salud pública, como apunta el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2023:

«El 34 % de la población padece algún problema de salud mental, afección que supera el 40 % en la población de 50 y más años y el 50 % en los de 85 y más, siendo los más prevalentes los trastornos de ansiedad, los del sueño y los depresivos».

     La búsqueda de placeres produce una felicidad efímera y no puede llenar el vacío existencial. La felicidad genuina se halla en lo eterno, no en lo temporal. Dime, ¿qué queda después de la copa vacía? ¿Cuando el vino nunca es suficiente o cuando las noches son cortas…? Yo mismo, durante mi juventud, corrí tras lo tangible, gusté de dichos placeres, unos volátiles que son como sombras que se desvanecen al amanecer. Sin embargo, no te pido que renuncies a la alegría por la tristeza, sino que tu gozo no dependa de cosas que se gastan o se pierden, el ser humano ha de trascender. Tú corres tras el ahora, yo, tras lo eterno.

ALONSO

     ¿Es malo el placer? ¿No te cansas de negarte lo que todos buscan con desespero?

AGUSTÍN

     El placer es malo cuando se convierte en tu amo y señor, y tú en su esclavo, porque te ata a placeres que nunca te sacian del todo. Cuando el placer es un fin en sí mismo, dependes de algo que no puedes controlar por su misma naturaleza perecedera. Dios nos ha dotado de los sentidos para que disfrutemos sin que lleguemos a ser esclavos de nuestros propios apetitos. Luego, el placer es bueno si no se convierte en el fin último de nuestra existencia. ¿Cómo y cuándo se convierte en un problema? Cuando desaparece la moderación por la presión del exceso y el desequilibro. Mucha gente se pasa la vida corriendo en una carrera sin meta en esa búsqueda irracional del placer. ¿Y cuando llegan al final? Chocan de frente con la realidad de un cuerpo lleno de arrugas, uno que no nos responde y repleto de una vacuidad interior desoladora. Dicho esto, volvemos a la comparación entre estas dos ciudades, estas dos fuerzas que dominan nuestro mundo y que están en un conflicto permanente:

  • La ciudad del Hombre, cuyos habitantes se corresponden más con depredadores que están obsesionados buscando la felicidad en los placeres sensuales —terrenales—, yaciendo bajo el yugo de la concupiscencia, empecinados en la glorificación de sí mismos, con una sed insaciable de poder. Una ciudad fundada sobre el egoísmo y el desprecio a Dios.
  • La ciudad de Dios, compuesta por habitantes con una pasión de naturaleza distinta, vinculados con otro tipo de amor, uno fundamentado en el amor a Dios y al prójimo. Una ciudad que busca tener a Dios como testigo de su conciencia. Una sociedad que avanza con paso firme, inspirada en los principios morales cristianos, donde los seres humanos no son objetos de usar y tirar. Donde el hombre, creado a la imagen de Dios, es sujeto de derecho desde la concepción hasta su muerte natural.

 

ALONSO

     Vivimos sumidos en la desinformación, en la mentira pura y dura, por obra y gracia de quienes tienen la obligación legal y moral de instruir e informar al pueblo. ¿Qué importancia tiene la verdad?

AGUSTÍN

     Jesucristo denunció públicamente a los líderes de su tiempo, precisamente con respecto a este asunto tan trascendental, el de la verdad y la mentira: 

«Vosotros sois de vuestro padre el Diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira» (Juan 8:44).

     Los siglos y milenios han transcurrido desde que se pronunciaron esas palabras de advertencia, las sociedades se han transformado pasando por diferentes etapas, desde teocracias hasta pseudodemocracias, aún así, adolecen de los mismos vicios y de la confrontación permanece entre los hijos de la luz y los hijos de la oscuridad. De hecho, en el drama permanente en el que viven estas dos ciudades, sería la verdad la que actúa como criterio de separación y clasificación entre los habitantes de estas ciudades distintas, así como el eje para determinar su destino. De tal modo que, encontramos actualmente una sociedad occidental caracterizada por hallarse sumergida en el error y la oscuridad, en la degradación moral y decadencia general, una sociedad gestionada y gobernada por los hijos de la oscuridad, de la desinformación y que conforman lo que el cínico de Perico I ha venido a denominar la máquina de fango. Perico I —amante de la mentira y la vanidad— y sus secuaces, en realidad no son más que unos tristes alguacilillos al servicio de una mano negra llamada Soros, la cara visible de la diabólica élite globalista de los Sorosianos. Estos sujetos se caracterizan por su preferencia por la oscuridad, regocijándose y vanagloriándose de chapotear en un océano de corrupción moral y espiritual. Están dominados por la soberbia y la libido, por un amor propio desmedido que prioriza la satisfacción de sus propias pasiones y ambiciones. Cristófobos de vocación, en un ejercicio de intrusismo profesional, usurpan el lugar de Dios, arrogándose la facultad de determinar qué es verdad y qué es mentira, qué información y qué es desinformación, qué es un hecho y qué es un bulo, qué es bueno y qué es malo, qué es legal y qué es ilegal.

     En contraposición, están quienes rehuyen de Perico I y su reino de las sombras, los ciudadanos de la ciudad de Dios, los que exigen luz… y taquígrafos. Son quienes rechazan vivir en la oscuridad y la mentira, los que con gran costo para ellos, eligen vivir en la verdad y en la luz de Dios… renegando de la mentira o la «verdad institucional» de la corrección política impuesta por la pseudoteología marxista woke. Personas para quienes el sexo no lo establece el político de turno, sino que lo determina la biología, con sus cromosomas correspondientes. Sí, la verdad está vinculada a la integridad y honestidad de la persona. Por tanto, no es de extrañar que la verdad juegue ese papel crucial en esta división o separación entre los ciudadanos de estas dos ciudades. Así que, es la actitud del individuo hacia la verdad lo que determinará si pertenece a una ciudad o a otra, ¿prefiere vivir en la verdad o en la mentira? ¿Prefiere su salvación o su condenación?

 

ALONSO

     ¿Qué tipo de libertad nos ofrece la ciudad del Hombre?

AGUSTÍN

    Volviendo a Fiódor Dostoyevski —Los hermanos Karamazov—, uno de los personajes, Iván Karamazov, viene a decirnos: «Si Dios no existe, entonces todo está permitido». La ciudad del Hombre concede esa reclamación de autonomía moral por la que la persona no se conforma con su condición de un ser creado y sometido a la ley divina. El hombre se erige en su propio dios, determinando qué es bueno y qué es malo. Sin Dios, no existe orden moral alguno que limite al hombre, por lo que este podría actuar sin más freno a su conducta que el de sus propias pasiones… ¡Todo estaría permitido! (Un ejemplo ilustre, lo tenemos en las declaraciones de Irene Montero —siendo ministra de Igualdad en el Gobierno de España—, cuando defendía el derecho de los niños a mantener relaciones sexuales: «Tienen derecho [los niños] a saber que pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les dé la gana. Basadas, eso sí, en el consentimiento». Es decir, legalizar la pederastia. Esta autodeterminación de la voluntad que nos ofrece la secta de los Sororianos, la de enfocar nuestra vida hacia los placeres efímeros, es una trampa, nos esclaviza sumergiéndonos en el proceloso mundo de las bajas pasiones y la corrupción. Dicha libertad te somete a tus deseos, ambiciones y desmedidos placeres mundanos, sin consideración por el prójimo. Te convierte en un depredador de ti mismo y de los demás. Precisamente, lo que motiva al psicópata, es la carencia de conciencia moral con su correspondiente ausencia de culpa y remordimiento. La libertad no esclaviza, y Jesús nos dijo de dónde emana la verdadera libertad: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32).

ALONSO

     ¿No supone casi un acto de heroicidad hablar hoy del sentimiento de culpa? ¿Implica un acto estéril de flagelación?

AGUSTÍN

     Cuando buscas y ansías la verdad, no te conformas con menos. Reconozco que una sociedad como la actual —controlada por cristófobos— está teledirigida para que desprecie la moral en general y la moral cristiana en particular, así que, hablar de sentimiento de culpa, no sólo es un inconveniente, sino que puede convertirse en algo constitutivo de delito. Se induce al Homo ibéricus a la búsqueda desenfrenada del placer, sin límites éticos, morales o religiosos. La filosofía del «todo vale» en la búsqueda del placer, da un fruto podrido: destruye las relaciones personales, familiares y sociales. Más que eso, en última instancia al individuo mismo. Precisamente, esta ausencia de culpa o remordimiento, junto con la búsqueda frenética del placer sin límites, es lo que caracteriza al psicópata… un depredador intraespecie.

     El sentimiento de culpa no es un acto estéril de flagelación. Es un signo de esperanza, ya que evidencia que nuestro corazón no está irremediablemente endurecido, sino que, como personas, aún estamos orientados hacia Dios. La culpa no es el fin, sino que busca la redención, por tanto, tiene un propósito provechoso, dinámico. Ese pesar interno hace la función de una brújula que nos señala el rumbo correcto a nosotros, seres dependientes de Dios. Cuando cometemos una mala acción, se enciende una señal luminosa de peligro en nuestro interior… la culpa. Ella, no solo es un castigo en forma de tormento psicológico, el remordimiento, sino que el peso de nuestra conciencia —de la culpa— nos conduce humildemente al arrepentimiento, que es la reconciliación con Dios, de quien en última instancia depende nuestra salvación: «Porque nos has hecho para ti [Señor] y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

ALONSO

     ¿Existe el Diablo? ¿Qué tácticas emplea con nosotros?

AGUSTÍN

     Sobre Satanás, se ha dicho lo siguiente: «El mayor triunfo del Diablo ha sido convencer al mundo de que no existe». Una persona queda indefensa y vulnerable cuando no percibe la amenaza a la que se enfrenta, deja de estar vigilante y baja la guardia. Al Maligno, le basta y sobra el que la gente viva despreocupada de si Dios o Lucifer existen. La indiferencia hacia las cosas de naturaleza espiritual favorece los intereses y la influencia de Belcebú, al hallarse las personas absortas en los placeres de índole material. El Príncipe de las Tinieblas, en esta guerra espiritual entre el bien y el mal, opera explotando las debilidades humanas: la seducción o deseo y el amedrantamiento o miedo. Su estrategia es apartarnos de la ciudad de Dios para atraernos a la ciudad de los Hombres. Mediante la herramienta de la seducción: placer, poder, riqueza y ambición por el reconocimiento. Si este método le falla, entonces recurre al miedo: al sufrimiento, a la pérdida de estatus o a la muerte social. Los tiempos cambian pero los métodos empleados por los manipuladores son los mismos, tácticas intemporales.

ALONSO

      ¿Qué opinas del Estado autonómico capitaneado por Perico I y sus secuaces?

AGUSTÍN

     Me remitiré a mi obra magna, La Ciudad de Dios:

«Si de los Gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada. Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos: abiertamente se autodenomina reino, título que a todas luces le confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda. Con toda finura y profundidad le respondió al célebre Alejandro Magno un pirata caído prisionero. El rey en persona le preguntó: “¿Qué te parece tener el mar sometido al pillaje?”. ‘Lo mismo que a ti —respondió— el tener el mundo entero. Sólo que a mí, como trabajo con una ruin galera, me llaman bandido, y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador’».

     Cuando un gobierno se hace con el control de uno de los poderes del Estado, como lo es la justicia, impera la injusticia. De modo que, una forma de gobierno —llámese como se llame— que no se fundamente en la justicia, pierde su legitimidad y no deja de ser más que una mera estructura de explotación sistemática, una organización criminal dedicada al robo a escala nacional, al expolio nacional. Esta España, con el Estado de la autonomías, donde se ejerce el poder de manera arbitraria, ha favorecido la creación de 17 de estas cuadrillas u organizaciones que se reparten el botín de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). ¡Eso sí! Como gesto de generosidad, al pueblo nos dejan las deudas. O sea, privatizan los beneficios y socializan las pérdidas. Así que, esto explicaría su febril actividad legislativa, donde las leyes no buscan el bien común de la nación, sino la perpetuación en el poder de esta mastodóntica organización criminal. Es decir, el poder, cuando se ejerce sin basarse en la moral, puede ser tan perjudicial para la sociedad como lo es una organización criminal.

ALONSO

     ¿Cómo contrarrestar el lavado cerebral permanente —a través de ideología woke— al que nos somete Perico I, como delegado en España de la secta de los Sorosianos?

AGUSTÍN

     El pardillo integral precisa valorar la autonomía intelectual y la responsabilidad personal. El ser humano no es una bestia, ya que al ser creado a la imagen de Dios, está dotado de la facultad de raciocinio, teniendo la capacidad de pensar por sí mismo, lo que le permite buscar la verdad. Sin embargo, la búsqueda del conocimiento no nos permite la comodidad de convertirnos en receptores pasivos, dependiendo de terceros interesados para la adquisición del conocimiento. De hecho, la verdad no tiene nada que ver con lo políticamente correcto ni con el Ministerio de la Verdad orwelliano. Alcanzamos la autonomía intelectual al desarrollar nuestra capacidad de discernir, por medio de preguntarnos el cómo y el porqué. Es una actividad personalísima la búsqueda de información —los datos— y el análisis detenido de ella. Se le exige al Homo ibéricus tomar la iniciativa para impulsarse y pegar el salto cualitativo de pardillo integral a astuto integral, y para esta evolución, requerirá desarrollar habilidades que le faculten el distinguir las fuentes veraces, de las fuentes oficiales o engañosas, la verdad de la mentira. Contrastar la información para eliminar filtros y sesgos, analizarla y alcanzar nuestras propias conclusiones fundamentadas… sin echar mano a análisis de terceros interesados, sean estos personas, medios o algoritmos. O sea, alcanzar la madurez y la autonomía intelectuales. ¡No precisamos ni degustamos los platos precocinados del Tezanos de turno! Después, ese conocimiento conlleva una responsabilidad personal que nos obliga a actuar en consecuencia. Es tal y como dijo el Hijo de Dios, Jesucristo, hace más de dos mil años: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). 

ALONSO

      ¿Cuál es tu análisis sobre los tiempos que nos ha tocado vivir?

AGUSTÍN

     Cuando escribo mi obra La Ciudad de Dios, lo hago ante la crisis y el ocaso de Roma como imperio… mi mundo. En este siglo XXI, el decadente mundo occidental siente el vértigo de su fin. Tu mundo se derrumba. Esto lo he vivido yo. Aún así, recuerda que estas dos ciudades en realidad son dos formas de vida cuya fuerza motriz son dos amores distintos, con dos destinos diferentes. La historia es lineal, tiene una progresión hacia un objetivo final, lo que quiere decir que tuvo su comienzo con la Creación, y culminará con el Día del Juicio Final. Entretanto, se vive en este conflicto permanente entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, la verdad y la mentira. Sin embargo, lo importante es el presente, cuando personalmente nos decantamos al tomar decisiones que afectarán nuestro futuro. En nuestra mano está elegir la ciudad a la que deseamos pertenecer.

 

Alonso de Madariaga

Natural de una Barcelona maravillosa, abierta y cosmopolita que ya no existe. Exiliado lingüístico, hui de la dictadura del KKK catalanista. Heredé el humor de mi padre, Cervantes y Quevedo. Me gusta entrevistar (in absentia) a personajes públicos inaccesibles e importunarlos con preguntas políticamente incorrectas aderezadas con un puntito de ironía y de sarcasmo. ¡Vamos, que les ajusto las cuentas! Graduado en Criminología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, mención o especialidad en Psicología de la Delincuencia.

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