Conversaciones en el andamio: Sobre el cholismo político. Por Francisco Gómez Valencia

Sobre el cholismo político.

«El gobierno practica el cholismo político de chichinabo consistente en aguantar el resultado, es decir, mantener contento al conglomerado Frankenstein»

Sesión a sesión,  llegamos a la de ayer 12 de marzo de 2025 en el Congreso de los Diputados, y efectivamente, fue otro espectáculo lamentable que pone en evidencia la decadente política española y la actitud irresponsable del Gobierno y los zombis de sus socios. Lejos de ofrecer soluciones a los problemas acuciantes de la gente a la que tanto citan, el hemiciclo se ha convertido en un circo de palurdos soltando reproches, una concentración de chonis haciendo su sesión de postureo flash, y una constante demostración de mal gusto e incoherencia. El Ejecutivo, de nuevo descabezado sin su Pedro de parranda con el Falcon por Finlandia, y sus aliados parlamentarios, han dado una muestra más de su incapacidad para gobernar con seriedad, priorizando sus propios intereses partidistas sobre el bienestar colectivo.

La sesión ha estado marcada por un Gobierno que, una vez más, se refugia en la autocomplacencia y el relato triunfalista, ignorando las críticas legítimas de la oposición y la realidad que viven millones y millones de españoles. Mientras la inflación sigue erosionando el poder adquisitivo, el acceso a la vivienda se ha vuelto inalcanzable y las desigualdades sociales se disparan, los ministros del autócrata han optado de nuevo por el tacticismo saliendo o por peteneras o por la tangente, da igual: discursos grandilocuentes pero huecos, promesas inútiles y recicladas y una actitud de superioridad, que raya en la arrogancia. No hay autocrítica, no hay propuestas concretas, no hay empatía, en definitiva, no hay dolor, solo estrategia, cholismo político de chichinabo consistente en aguantar el resultado es decir, mantener contento al conglomerado Frankenstein.

Los socios del Gobierno no se quedan atrás en este despropósito. Partidos como Sumar, ERC o Bildu, que en teoría deberían aportar cierta frescura y revuelo, perspectivas alternativas o contrapesos al desvarío sanchista, han demostrado ser cómplices de un Ejecutivo grogui. Sus intervenciones han oscilado entre exigencias de réditos políticos locales y una sumisión vergonzante a las directrices socialistas. Lejos de presionar por políticas útiles, se han limitado a un juego de equilibrios para no perder su cuota de influencia, traicionando cualquier atisbo de principios. La imagen de unidad que intentan proyectar se desmorona ante la evidencia demostrando que son socios de conveniencia, no de convicción o lo que es lo mismo, una banda de cuatreros sin ton ni son.

Feijóo ayer en el Congreso.

La oposición, aunque no exenta de defectos, ha puesto el dedo en la llaga al cuestionar la gestión de la crisis económica y social, pero el Gobierno ha respondido con evasivas y ataques personales, esquivando el debate de fondo. La sesión ha sido un reflejo de un sistema agotado, donde el diálogo inteligible brilla por su ausencia y el despiporre se impone como norma general. Mientras tanto, la ciudadanía asiste atónita a un Congreso rodeado de policías y guardias civiles manifestándose con razón por sus derechos y obligaciones, y por qué no decirlo, también por nuestras garantías, aunque a los de dentro les da lo mismo y mantienen la tensión, como si de un plató de televisión se tratara en vez de un espacio de representación democrática.

Para ir acabando que tampoco se trata de estar aquí hasta mañana hablando de esto, la actitud del Gobierno y sus socios resultó ser otro insulto más a la inteligencia colectiva. Incapaces de liderar nada con visión o empatía, se aferran al poder con maniobras cortoplacistas y una retórica vacía. España merece algo mejor que esta parálisis institucional y este ejercicio de cinismo. Si no hay un cambio radical, el desencanto seguirá creciendo, y con razón, de hecho ya ven como están los catalanes de pura cepa de enfadados en Salt (Gerona).

¡Ah no perdón! Me dicen por el pinganillo que los cabreados son una centena de moros mosqueados porque no sé qué con uno de sus jefes tribales, que pretende vivir ajeno al orden legal establecido excepto para ellos por sus santos cojones.

Qué cosas…

Feliz día de Santa Cristina.

Españazuela a 13 de marzo de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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